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» TN
Fecha: 20/02/2026 05:44
En una época marcada por la velocidad, la hiperconexión y las brechas generacionales que parecen agrandarse, detenerse a escuchar puede convertirse en un acto revolucionario. Jóvenes y adultos mayores suelen mirarse desde el prejuicio, pero cuando el diálogo reemplaza a la competencia, el vínculo cambia. ¿Qué pasa cuando, en lugar de discutir, decidimos entendernos? Para construir un vínculo verdadero entre generaciones, hay que romper el molde que crean los estereotipos. Los jóvenes son inexpertos. Los mayores, desactualizados. Las etiquetas circulan con facilidad y levantan barreras invisibles entre edades. Pero una vez afianzada la relación, los estigmas desaparecen y el resultado es un vínculo más firme y sano. Leé también: Cuando la familia se quiebra: cómo atravesar el dolor de quedar en el medio de un conflicto y qué hacer El escritor Diego Martín analizó la importancia de las relaciones entre generaciones en su libro El viejo, el joven y el perro. En él explora el efecto negativo de los prejuicios y cómo se puede mejorar con una buena comunicación. Dejar de competir para complementarse El escritor explica que al comenzar a comunicarse, los jóvenes descubren que la experiencia no es rigidez, sino una fuente de información; y las personas mayores comprenden que no todo lo nuevo es una amenaza, sino una oportunidad de crecimiento. Otro prejuicio es la distancia emocional, asegura Martin, quien diferenció que a veces las generaciones creen que no se entienden entre sí porque hablan idiomas distintos, pero un vínculo genuino puede demostrar lo contrario. Las preocupaciones de fondo como el miedo, el deseo de pertenencia y la búsqueda del sentido atraviesan todas las edades, explica en diálogo con TN. La rutina puede ser algo más grande Una charla cotidiana puede convertirse en una red de apoyo real: Muchas veces así comienzan los vínculos más significativos; no hace falta un contexto formal ni una relación estructurada para que una conversación tenga impacto, asegura. Una conversación con escucha genuina puede transformarse en un espacio de contención. El libro está dedicado a sus abuelos, ya que gracias a los intercambios con ellos adquirió aprendizajes que marcaron cambios profundos en su vida. En un mundo donde predominan los intercambios rápidos y superficiales, una conversación sin apuro puede marcar una diferencia profunda, dice y destaca escuchar sin juzgar, compartir experiencias sin imponerlas y estar disponible desde lo humano. Todo eso genera confianza, y la confianza es la base de cualquier red de apoyo, sintetiza. Las redes de apoyo no siempre van a resolver problemas, pero sí van a ayudar a sobrellevarlos: Acompañan en momentos de duda, ordenan ideas y muchas veces permiten que una persona no se sienta sola ante una decisión difícil. El éxito está en empezar con conversaciones simples, casi casuales, pero que con el tiempo se transforman en un sostén emocional para el joven y en un propósito para la persona mayor. Leé también: Cenar en familia genera una menor probabilidad de que los adolescentes sufran depresión, ansiedad o estrés Lo cotidiano se vuelve profundo cuando hay vínculo y aparece una alianza central. Las grandes cosas no vienen de una red de apoyo, sino de alguien que se sienta a nuestro lado, nos escucha y nos recuerda que no estamos solos, advierte convencido. Escucharse más Vale la pena escucharnos más entre edades diferentes porque se construye algo que hoy escasea: comprensión profunda, destaca. Escuchar a alguien de otra generación permite salir de la propia burbuja, ampliar la mirada y entender que muchas preguntas actuales otras personas ya las transitaron y pueden ayudarnos. La escucha intergeneracional integra diferentes perspectivas que invitan a la reflexión y a la evolución: Los jóvenes ganan claridad, referencias y orientación. Los mayores recuperan sentido, vigencia y transforman su experiencia en legado. Es un beneficio mutuo que fortalece tanto a las personas como al tejido social. Nos recuerda que, antes que generaciones, somos personas atravesadas por incertidumbres, deseos y búsquedas similares. Martín afirma que la escucha es el punto de partida. Porque cuando nos escuchamos de verdad, más allá de la edad, no solo se aprende del otro, sino que también uno se entiende mejor a sí mismo. El diálogo y la convivencia entre generaciones son herramientas complementarias y pueden ayudar en el día a día, concretamente. En lo personal, ayuda a ordenar pensamientos, tomar decisiones con más perspectiva y reducir la sensación de estar solo frente a los problemas, sintetiza. Los aportes de las conversaciones traen beneficios para ambas generaciones: Escuchar a alguien mayor puede enseñarnos a tolerar mejor la frustración, entender los tiempos y valorar los procesos. Mientras que escuchar a alguien más joven nos ayuda a cuestionar la rutina, adaptarnos al cambio y no quedar atrapados en lo conocido. También funciona en grupos más numerosos: En ámbitos como la familia, el trabajo o la comunidad, la convivencia generacional reduce conflictos y mejora la comunicación. La clave de un intercambio sano El secreto está a la vista: El viejo comparte lo vivido, pero no decide por el joven. Si bien le aconseja desde su experiencia, le ofrece la posibilidad de hacer su propia reflexión. En ese sentido, Martin recomienda no acercarse desde el convencimiento, sino desde la curiosidad: Permitirse escuchar sin etiquetas, sin anticipar lo que el otro va a decir solo por su edad. Muchas veces el prejuicio nace del desconocimiento, no de la experiencia real. Hablar con alguien de otra generación no implica estar en desacuerdo, sino abrir una conversación. Leé también: El nuevo mapa del amor en la Argentina: más convivencias, menos casamientos y el vacío que deja la ley No se trata de admirar ni cuestionar, sino de comprender. Cuando uno se anima a escuchar, descubre que detrás de la edad hay historias, sensaciones, búsquedas y aprendizajes muy similares a los propios. El prejuicio empobrece: nos priva de vínculos valiosos, perspectivas distintas y aprendizajes que podrían ayudarnos a vivir mucho mejor, concluye. El vínculo nace cuando ambas personas empiezan a escucharse desde lo que realmente son. Para quienes dudan de ese gesto, Martín recomienda que prueben una conversación honesta, sana y con respeto mutuo: Ahí van a encontrar una riqueza que no viene en pastillas ni en respuestas automáticas.
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