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  • El origen de Fate: el inmigrante polaco que fue vendedor ambulante, fabricó impermeables de hule y fundó un imperio

    » La Nacion

    Fecha: 19/02/2026 11:18

    El origen de Fate: el inmigrante polaco que fue vendedor ambulante, fabricó impermeables de hule y fundó un imperio Leiser Madanes vendía capotines en Once y junto a sus hijos comenzó la producción de neumáticos - 8 minutos de lectura' Leiser Madanes nació en 1888 en Kock, en el este de Polonia (entonces dividida entre los imperios ruso, prusiano y austríaco). Llegó a la Argentina en 1912. Como muchos, perseguía el sueño de hacer la América. Su primer trabajo fue como vendedor ambulante. Y fue justamente allí, trabajando en la calle, en 1925, que descubrió un producto que cambiaría su vida: el caucho. Se dedicó, desde un principio, a la confección y venta de impermeables. Pero pronto comenzó a diversificarse hacia otros productos derivados del caucho, como las telas engomadas. Distintas crónicas periodísticas lo relacionan también con la producción y venta de preservativos, que en ese entonces eran de caucho y reutilizables. Curiosamente, uno de los nombres fundamentales en la historia de los preservativos fue Charles Goodyear, quien descubrió la vulcanización del caucho, y cuyo apellido se convertiría luego en una de las más grandes empresas de neumáticos del mundo. En 1932, con mucho esfuerzo, Leiser Madanes compró parte de la manzana de forma irregular comprendida entre las avenidas Callao, Corrientes y el pasaje Santos Discépolo (entonces conocido como Pasaje Rauch). Allí, en uno de los vértices del barrio de Once, zona que elegida por la colectividad judía desde principios del siglo XX, instaló su propio comercio. Lo bautizó, con orgullo, Casa Madanes. Su producto estrella fueron los capotines ó impermeables para la lluvia. Leiser se casó con Sarah Granovsky, también de origen polaco, y tuvo cinco hijos: Adolfo, Manuel, Víctor, Marcos y Rebeca. En una entrevista con el podcast La Fábrica, Javier Madanes Quintanilla, nieto de Leiser y último CEO de FATE, contó la historia de la empresa y explicó su evolución. La historia tiene un denominador común con muchas familias que hoy todavía han quedado en la actividad productiva, ¿no? Mi abuelo vino a comienzos del siglo XX de Polonia. Inicialmente era un vendedor ambulante y después de mucho recorrer logró instalar un comercio en el Once, en la avenida Corrientes. Y se dedicó a la comercialización de, en ese momento se llamaban capotines, que hoy sería un impermeable pero no de tela sino de hule. En el inicio de la Segunda Guerra, el hule pasó a ser un material estratégico que solamente se podía conseguir con un permiso especial de Naciones Unidas. Y aún así era bastante difícil encontrarlo... Con lo cual, bueno, se hizo toda una logística que en ese momento básicamente pasaba por tratar de que en algún lugar de la costa se dejara hule... (ríe) ¿Por qué era estratégico? Porque el neumático y otro tipo de productos que se usaban como material de guerra. En definitiva, consiguieron poder traer hule y empezaron a hacer un proceso industrial para fabricar la tela engomada. Y rápidamente empezaron a buscar alguna diversificación en función de las materias primas que tenían que procesar. Lo que más se ajustaba, lo que era más afín, era el neumático. No tenían mucha idea de qué era un neumático tampoco, estamos hablando ya del 40, 42... Había 76 talleres de neumáticos en Argentina en esos años, que obviamente hacían un producto de muy mala calidad. El gran cambio se produce al finalizar la Segunda Guerra, como también en otros sectores de la actividad industrial, por una simple razón: porque Estados Unidos se vio obligado a modernizar todo el aparato productivo y se brindan muchas facilidades en Estados Unidos para el cambio, o mejor dicho el upgrade, de plantas industriales. Y se empieza a presentar la posibilidad de conseguir equipamiento para hacer un proceso industrial un poco más respetable en Argentina. Bueno, aprovechan esa situación, negocian con algunas empresas en Estados Unidos... En ese entonces la planta tenía menos de 3000 metros cuadrados y en total habría unas 60, 70 personas. Era algo pequeño y con productos, digamos, todavía bastante primarios. En 1940, con capitales de Casa Madanes, fue fundada la empresa FATE, acrónimo de Fábrica Argentina de Telas Engomadas. La primera planta, de acuerdo al sitio web de la empresa, estaba ubicada en Saavedra y tenía una superficie de 1000 metros cuadrados. Allí producían telas impermeables, bandas de rodamiento para reparación de neumáticos y otros productos de caucho. Su crecimiento estuvo impulsado, entre otras cosas, por las restricciones a las importaciones. Hay dos saltos en la línea de tiempo que muestran la velocidad del crecimiento de FATE. En 1945 la empresa comienza la producción en pequeña escala de neumáticos y cámaras para automóviles y camiones. Y 15 años más tarde, en 1960, comienza la construcción de la nueva planta industrial en San Fernando, en un predio de 65 hectáreas, con 47.000 m2 de superficie cubierta. Las maquinarias instaladas representan la más avanzada tecnología del momento. En el proceso de aprendizaje, fue clave un convenio que los Madanes hicieron con la empresa estadounidense General Tire and Rubber Company, un desprendimiento de Firestone. Leiser Madanes falleció joven, el 6 de julio de 1949, en Buenos Aires. Sus hijos Adolfo y Manuel asumieron el control de la empresa. El gran impulso a las actividades de FATE se produjo en 1962, durante la presidencia de Arturo Frondizi (el gran estadista argentino del siglo XX, según Javier Madanes Quintanillas), cuando se sancionó por Decreto 3693 el régimen de promoción de la industria automotriz argentina. En 1969, en San Fernando fabricaron el primer neumático radial made in Argentina. Fue toda una revolución tecnológica que fue promovida por las terminales automotrices, especialmente por Fiat y Peugeot. Ese año la producción alcanza una cifra récord: 852.000 cubiertas. La planta ya empleaba a 800 personas. Al mismo tiempo, en la década del 70, buscaron diversificar su negocio: con el asesoramiento de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, FATE desarrolló una división electrónica. Bajo la marca Cifra, comenzó a producir calculadoras electrónicas, de oficina, además de microprocesadores. Pero este emprendimiento se estrelló cuando fue promulgada la Ley de promoción de Tierra del Fuego y el país dejó de fabricar para pasar a ensamblar. Continúa Javier Madanes Quintanilla: Mi padre y un tío mío estaban también metidos en la empresa. Aprovechando un periodo de promociones industriales, FATE se presenta a un concurso internacional que se hizo para la instalación de una planta de aluminio. Digamos, en ese momento hasta parecía que estábamos fuera de escala en cuanto a lo que era la empresa respecto a este proyecto. El proyecto involucraba un esfuerzo muy, muy grande: había que construir una represa hidroeléctrica en la Cordillera, había que traer esa energía 560 km hasta la Costa Atlántica, había que construir un puerto de aguas profundas en la Costa Atlántica y había que montar una planta.... Bueno, se hizo. Curiosamente se hizo, con muchos problemas, pero se hizo. Tardó unos 6, 7 años todo el proceso, desde empezar con la construcción de la planta, la represa.... De ese proceso nació Aluar, la única empresa productora de aluminio primario en Argentina y una de las más importantes de Sudamérica. El origen de Aluar estuvo fuertemente atravesado por la política. Los Madanes, que habían desarrollado la habilidad de tender puentes con todos los gobiernos, incorporaron como socio a José Ber Gelbard, el empresario polaco que fue ministro de Economía durante las presidencias de Juan Domingo Perón e Isabel Perón. Su incorporación fue promovida por Manuel Madanes y rechazada de pleno por Adolfo Madanes, que no quería socios con actividad política. Entonces se produjo un cisma en la familia. Eso generó entre ellos un abismo de diferencias, definió Javier Madanes Quintanilla. Así lo explicó, sutilmente, en la entrevista con La Fábrica: Mi padre fue presidente de la compañía hasta fines de los 60. Luego la compañía la dirigió hasta fines de los 80 un tío mío, después hubo un breve interinato de un primo mío, y en el año 92 todo el grupo nuestro entró en una crisis muy fuerte. En ese momento yo tenía 40 años y era accionista de la empresa, pero me dedicaba a la actividad financiera. Ahí tuve que hacer un switch y decir: Bueno, ¿dejo que esto caiga por su propio peso o me involucro a fondo?. No me involucré antes porque había conflictos familiares que eran difíciles de resolver y, bueno, uno a veces tiene la gana de ser productivo y no vivir en un mundo de conflictos". Adolfo Madanes también falleció joven, a los 63 años. Su hijo Javier Madanes Quintanilla, que tenía 22, tardó casi dos décadas en volver a la empresa y la rescató de la crisis. Le dio una nueva vida, de esplendor. En 2015, FATE fabricaba anualmente más de 15 millones de neumáticos para automóviles, camionetas, camiones, ómnibus, tractores y maquinaria vial. Entre sus récords, hay un que atraviesa al mundo futbolero: fue la primera empresa que patrocinó a Boca Juniors y River Plate (club con el que simpatizan la gran mayoría de Madanes) al mismo tiempo, entre 1985 y 1989. También fue un sponsor clave en el automovilismo y, entre sus varias estrategias de marketing, también auspició el ciclo de entrevistas televisivas llamado La hora Fate, que condujo Jacobo Timerman. Ayer, miércoles 18 de febrero de 2026, FATE cerró. La empresa familiar que nació de la fascinación de un inmigrante polaco por las bondades del caucho, bajó definitivamente la persiana. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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