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  • República, capitalismo y democracia se implican

    » Clarin

    Fecha: 19/02/2026 09:18

    ¿Qué perfil va a adquirir el capitalismo argentino en los próximos tiempos? ¿Será el pregonado por libertarios basado en ideas decimonónicas? ¿Profundizará la desigualdad social? De ser así, ¿conducirá a un debilitamiento o degradación de las prácticas democráticas y a un abandono de instituciones republicanas? ¿Estaremos acechados por las sombras del autoritarismo? ¿Es posible que capitalismo, democracia y república convivan armoniosamente? Veamos. La dinámica del capitalismo moderno troncha presentes y futuros deseables de gran parte de una ciudadanía cada día más consciente de la desigualdad que aquel expande. Así, un malestar profundo recorre Occidente y afecta a la democracia. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿son compatibles capitalismo y democracia? Mas allá de una amplia literatura que asocia desarrollo capitalista con democracia, existen fuertes tensiones entre ellos debido a los principios fundamentales y contradictorios que estructuran ambos sistemas. En el pionero trabajo Democracy & Capitalism escrito hace cuatro décadas, Samuel Bowles y Herbert Gintis (1986) analizaron la contradicción que introduce en la dinámica social la coexistencia de los principios de participación y soberanía popular, expresados por la democracia, y los principios de jerarquía socioecónomica y derechos de propiedad, núcleo central del capitalismo. En términos históricos, era dable pensar que ambos sistemas están en una tensión constante con potencial para derivar en la supresión de alguno de los términos: ante una amenaza a la sobrevivencia del capitalismo, la democracia podría ser eliminada (como ocurrió en España y Chile); por el contrario, la intensificación de la participación podría derivar en un proceso revolucionario que acabara con cualquier posibilidad de desarrollo capitalista (como en la URSS, China y Cuba). Para garantizar la coexistencia de ambas instituciones la principal acomodación ha sido el Estado de Bienestar Keynesiano. Esta etapa, efectiva en Occidente a partir de la segunda posguerra, permitió integrar armoniosamente capitalismo y democracia, proveyendo ventajas tanto para propietarios como para proletarios. Así, sistemas políticos basados en el sufragio universal podían ser compatibles con una economía de pleno empleo, consumo popular y beneficios sociales coexistiendo con ganancias empresarias en ascenso. En esta acomodación, los trabajadores renunciaban a su pasado revolucionario (aquel de alta conflictividad que protagonizaron en el siglo XIX y a comienzos del siglo XX) y aceptaban los fundamentos de la economia capitalista . Sin embargo, la crisis de este Estado de Bienestar, la desintegración de la Unión Soviética y la creciente adopción del capitalismo en China, implicaron la virtual desaparición de sistemas alternativos, dejando además sin sustento el planteo que el socialismo constituiría la profundización de la democracia: había quedado demostrado que mientras, en múltiples casos, el capitalismo podía prosperar sin democracia, la democracia no se profundizaba necesariamente con la instauración del socialismo, sino que por el contrario, este no podía desembarazarse de regímenes autoritarios. De esta forma, en el mundo presente el capitalismo no tiene competidores. De allí que la democracia no representa ya una amenaza revolucionaria, pero debe acomodarse. Y la nueva acomodación pasa por la erosión de su principal compañera: la república. Si bien la democracia representativa permite a la ciudadanía elegir quienes van a gobernar, las instituciones republicanas (división de poderes, derechos constitucionales, Estado de derecho) se diseñaron para que los representantes no se conviertan en autócratas y para proteger a las minorías. Vaciar a la democracia de republicanismo es ahogar a la democracia, es quitarle su alma. El retorno al desempleo y al temor de este, la precarización del mundo del trabajo y el aumento de la desigualdad material e inmaterial luego del recreo keynesiano, generaron una nueva estructura social caracterizada por aquellos elementos, pero también por poblaciones urbanas e informadas que saben de la invitación que el capitalismo les hace a consumir, pero que en grandes proporciones no pueden franquear el acceso a la puerta que conduce a dicho consumo. En un contexto donde la democracia implica participación y la promoción de la igualdad, o lo que es lo mismo, el rechazo de la subordinación social y de la desigualdad en general, las consecuencias son frustración, resentimiento, violencia. El capitalismo moderno eliminó la amenazade una revolución que lo derrumbe, pero incentivó un conflicto social de consecuencias aun imprevisibles. Así se propagan liderazgos que, aun siendo producto de elecciones transparentes, se alejan de los controles republicanos intentando captar el generalizado malestar, pero son incapaces de alterar los mecanismos que lo producen. La relación capitalismo y democracia se torna muy inestable. En la vorágine de nuestro mundo actual, es crucial encontrar las características que debe poseer un sistema de producción y distribución compatible con la democracia republicana, si es que esta importa. Y la llave, está en la armoniosa combinación entre Estado y mercado. Sobre la firma Newsletter Clarín

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