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  • Era tripulante de avión, renunció, vendió su casa e invirtió todo para hacer el mejor helado de Argentina: ya tiene 7 locales entre Buenos Aires y EEUU

    » Clarin

    Fecha: 18/02/2026 12:26

    La apuesta fue fuerte. Dejar una vida entre las nubes y poner los pies en la tierra y las manos a trabajar en un producto del que no tenía conocimiento previo fue un volantazo de Luciano Barosio el cual familia y amigos cercanos trataron de impedir. Pero nada detiene a Lucho cuando algo se me pone en la mente y de crecer se trata. La vocación de servicio, atención al cliente y armado de equipos lo atravesó siempre. Ser anfitrión es lo que más le gusta y disfruta. Por eso, en 2022 creó Schock.BA, una heladería gourmet en el barrio de Acassuso. Pese a estar muy cerca de grandes heladerías de renombre, la marca se convirtió rápidamente en un clásico de zona norte y la expansión no tardó en llegar. Actualmente tienen 7 locales repartidos entre la zona norte de Buenos Aires, Barrio norte en CABA e incluso triunfan en el exterior, en su local de Michigan, Estados Unidos. Pero el crecimiento no tiene techo para este emprendedor y el grupo empresario del que es parte ya que para el 2026 preparan 5 nuevas aperturas más en los puntos más foodies de la Ciudad. Cómo es la historia de Luciano Barosio, el creador de Schock.BA Luciano Lucho Barosio tiene 45 años. Todos sus trabajos tuvieron que ver con la atención al público. A sus 21, se subió por primera vez a un avión, como pasajero, y al ver a los tripulantes pensó que ese debía ser su trabajo: Es un laburo re divertido, ganan buena guita Tengo que ser azafato, tengo que tener ese trabajo ya, dijo. A su regreso, sin dudarlo, realizó el curso de tripulante y consiguió un puesto en la aerolínea LAN donde continuó su formación en servicio. Cada 6 meses nos daban cursos de atención al público, desde cómo estar parado, cómo vestirnos, cómo mover las manos, todos los detalles. Y eso, lo recontra capitalice, dice con orgullo Luciano quien a lo largo de 12 años pasó por varios puestos: cabotaje, regional, internacional y llegó a ser jefe de vuelo. Hice todo el recorrido pero si bien es un laburo muy divertido y que se gana 'bastante bien' me empezó como a quedar chico, cuenta. La idea de volver a buscar un rumbo lo inquietaba, ¿qué iba a hacer si se bajaba del avión? Atenta a la incertidumbre que sentía el muchacho y sabiendo que él había hecho un curso de cocinero, la mujer de un amigo suyo le propuso emprender en un negocio gastronómico juntos. La propuesta de poner una franquicia de una heladería muy popular en Argentina no lo sedujo tanto como la idea de tener su propia firma. Pongamos la nuestra y que sea la mejor, sentenció. Para la historia sumaría contar que su abuelo hacía helados en Italia, o que su padre era maestro heladero. Pero no. Luciano no tenía absolutamente ningún conocimiento sobre cómo elaborar helado artesanal. Claramente crear una empresa de cero era un inversión muchísimo más grande que la que la socia le había propuesto. Para lograrlo no dudó en usar todos sus ahorros e incluso vender su casa para lograr el cometido. Contratamos al mejor maestro heladero de Argentina y para mí del mundo, Ariel Segesser, en calidad de asesor externo. Estuvimos trabajando un año y medio -previo a la apertura del local- y nos asesoró en todo. Desde qué máquinas comprar hasta en qué personalidad iba a tener nuestro estilo de helado, relata Luciano. La dupla de socios sabía perfectamente qué querían: helado artesanal, que no empalague o que sea lo menos dulce posible y que sea el mejor de Argentina. Y estaban decididos a hacer lo necesario para que eso sucediera. Llegó el momento de usar todo lo aprendido en la aerolínea. Todo lo apliqué en las dinámicas de la heladería, tanto en la parte de elaboración del helado como en la parte de atención al público. Incluso las máquinas se chequean tres veces, como las cosas del avión, cuenta Luciano con orgullo por lo aprendido. La búsqueda del local fue difícil. Lo encontró luego de 6 meses pero algo lo frenaba: estaba ubicado a una cuadra de una heladería de culto de la zona y como si eso fuera poco, el corredor heladero se completaba con otras 3 grandes heladerías de renombre en un radio de diez cuadras a la redonda. Consultó a su gurú heladero y éste le respondió que eso no era un inconveniente ya que él iba a ofrecer el mejor helado de Argentina" y debía estar seguro de su producto. El 2020 trajo consigo a la pandemia que hizo temblar -a los que se pudieron mantener en pie- a los comercios gastronómicos e hizo que el ingenio y el instinto de supervivencia salieran a flote. Cerraron la atención al público del local, compraron heladeras portátiles de telgopor y estuvieron prácticamente un año, de lunes a lunes, repartiendo delivery. Lejos de lamentarlo, Luciano sacó provecho de la situación. Me dio la posibilidad de presentarme ante cada cliente que le llevaba el helado, de decirle quiénes éramos, contarle todas las virtudes y maravillas de nuestro helado, explica. La pandemia terminó y el local pudo volver a abrir sus puertas para recibir a los clientes. El vecino de Acassuso se apropió de la marca de una manera increíble, el de San Isidro también, señala Luciano y agrega: No somos conscientes del buen helado que hay en Argentina. Para mí, es el mejor del mundo. El helado viene de Italia e Italia es nuestro maestro, pero somos el caso del alumno que supera al maestro. A fin de 2021 cambió la sociedad y se sumaron al proyecto otros socios. Ahí el negocio dejó de ser de emprendedores, para tener una visión mucho más corporativa. Ellos llegaron para inyectar ideas, capital y posibilidades. En ese momento, empezamos a pensar en la expansión y el primer punto que encontramos oportuno fue un local en Benavidez, pegado a Nordelta, cuenta Luciano. Le siguió la apertura del tercer local ubicado en el corredor Bancalari -en la entrada de Nordelta- dentro del shopping Euskal, que ya contaba con la presencia de dos heladerías muy conocidas. Por cuestiones inmobiliarias tuvieron que abandonar el local original y aunque en el momento no fue una grata sorpresa, el resultado final fue positivo. Consiguieron un local cuatro veces más grande, en una esquina, a 30 metros de donde estaban. Fue como poner a la marca en tres dimensiones, asegura el creador de Schock.BA. El flagship store (local madre), quedó frente a un local clásico de la zona, que vende comida norteamericana. La marca explotó en marzo de 2025 y no tardaron en llegar las consultas por franquicias. La apertura de Birmingham, Detroit fue sorpresiva. Un argentino que vive allá, vino a Argentina y se volvió loco con nuestros helados. Nos dijo que quería llevar la marca a Estados Unidos y yo, obvio, dije que sí, relata Luciano destacando que allá no se consigue helado artesanal sino que se consume el helado soft. La movida generó casi dos años de capacitaciones y asesoramiento. Les costó mucho conseguir insumos de calidad pero lo lograron y el producto que ofrecen aseguran que es exactamente el mismo que se puede disfrutar en Buenos Aires. En simultáneo llegó la apertura de Pilar, luego Punta Chica, más tarde le tocó el momento a Vicente López en Infinity Tower. Y la expansión no se detiene. Para este año ya tienen fecha de apertura las nuevas sucursales de Shock.BA: Aeroparque, Belgrano, Caballito, Palermo Hollywood, Chacarita y Pilar del Este. También estamos teniendo negociaciones con otros locales para otras zonas en el exterior como Chile, otras locaciones de Estados Unidos, España y Uruguay, afirma Luciano quien remarca que este crecimiento tiene que estar respaldado con su marca. Schock.BA es una marca 100% argentina, que está orgullosa de serlo. Los uniformes de los empleados y los locales ostentan la bandera argentina. Somos una marca que quiere ser embajadora de Argentina en el mundo, que quiere ir a gritar al mundo: Che, tenemos el mejor helado, tienen que probar, dice con euforia Luciano. Cómo son los helados y qué pedir en Schock.BA Entrar a los locales de Schock.BA es un impacto visual. Las bateas que muestran helados combinan colores vibrantes y texturas varias. Se percibe la cremosidad de los merengues, lo crujiente de los frutos secos tostados y el toque inconfundible de la fruta fresca. Los jóvenes que sirven el helado son los anfitriones y su tarea es que la experiencia sea placentera. Por eso invitan a probar los sabores para que la elección sea la correcta. Ofrecen una paleta de 36 sabores dentro de los cuales hay una cantidad que son fijos y estables -los que todo el mundo conoce como frutilla, dulce de leche granizado, chocolate y otros clásicos- y están los de autoría propia. Dentro de este segundo grupo se destaca el dulce de leche de ensueño, que hoy está en el top tres de los que más se venden. Un helado dulce de leche con dulce de leche familiar; más almendras tostadas, caramelizadas y bañadas en chocolate blanco. Todo es totalmente artesanal. Cada parte del proceso se realiza por separado en el laboratorio (así llaman a la fábrica). Las almendras se tuestan se caramelizan y se bañan en chocolate. Los que llevan merengue tienen un merengue italiano hecho con huevos frescos y almíbar. Las frutas las compramos frescas en el mercado central de Beccar, dice Luciano marcando la diferencia con otras heladerías que utilizan productos listos. Lidera las ventas desde el inicio el sambayón con almendras caramelizadas, bautizado Sambaschock. Un sabor estacional que la rompe en ventas es el manacuyá, que sería una mezcla de banana y maracuyá. Es vegano aunque no fue concebido con ese fin. Dentro de los sabores exóticos está el crumble de manzana o el salty caramel, un helado dulce y salado a la vez, un sabor que recuerda al caramelo Butter Toffee. No falta el Oreo y sorprende el sabor Biznike. Ellos son una marca argentina histórica que que valoriza mucho el ser argentinos y pensamos que era una buena excusa para hacer algo juntos, indica el empresario. Un producto que tiene mucha salida se llama Schockcito ($ 4.900). Se trata de una presentación especial, un mini cucurucho que contiene 60 gramos de helado, ideal para las personas que están indecisas, para quienes se están cuidando o para aquellas personas que no tenían pensado comer y al entrar y la oferta se tientan y se dan el gusto. ¡Fue un hallazgo! Genera ternura, y sorpresa. Satisface a un segmento que no está cubierto y tiene algo lúdico que está buenísimo, dice con orgullo Luciano. El kilo cuesta $ 26.500, el medio kilo $ 16.500 y el cuarto kilo $ 9.900. Quienes prefieran porciones individuales pueden optar por las tres medidas de vasitos (desde $ 6.500) o por el clásico cucurucho ($ 8.300). Aunque la estrella absoluta es el helado, ampliaron el abanico de ofertas y también venden algunos ítems de pastelería, siempre con los mismos estándares de calidad de elaboración que el helado. La cookie de pistacho está de moda y es infaltable en la vitrina. Se destaca la tartaleta de maracuyá y chocolate blanco y la porción de marquise de chocolate. Los amantes del chocolate pueden darse el gusto de comprar piezas elaboradas por la maestra chocolatera. De chocolate amargo, con pasas de uva, marroc de pistacho, marroc tradicional y más sabores. Schock.BA: Av. del Libertador 15040, Acassuso y sucursales. Instagram: @schock.ba Sobre la firma Newsletter Clarín

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