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Paraná » Confirmado.ar
Fecha: 15/02/2026 13:38
Salarios pulverizados, fuga masiva de personal, contrataciones millonarias bajo sospecha y proyectos estratégicos al borde del colapso. Tras su salida, el panorama que dejó Reidel en la empresa nuclear estatal es descrito por trabajadores y especialistas como un proceso de deterioro sistemático, improvisación y abandono. Por AF para Confirmado El escenario que hoy atraviesa la empresa nuclear estatal no es el de una crisis inesperada. Es el resultado de una gestión que, según trabajadores y dirigentes sindicales, combinó recortes brutales, decisiones erráticas y gastos difíciles de justificar. El saldo: una estructura debilitada, desmoralizada y peligrosamente inestable. El impacto se siente con crudeza en Lima, la ciudad cuya vida gira alrededor de la actividad nuclear y que hoy enfrenta caída del empleo, pérdida de profesionales y una economía local golpeada. La situación también repercute en Zárate, donde la empresa supo ser uno de los motores productivos más importantes de la región. Los números describen un derrumbe. En poco más de dos años, la planta de personal se redujo drásticamente mientras los salarios se desplomaron hasta perder competitividad incluso frente a Toyota Motor Corporation, que históricamente disputaba el liderazgo como empleador de referencia en la zona. Pero el ajuste no fue parejo. Mientras los ingresos de los trabajadores se deterioraban, se multiplicaban contrataciones cuestionadas, gastos inflados y decisiones tecnológicas fallidas. Implementaciones de sistemas que costaron millones y no funcionan, equipos comprados que permanecen abandonados en depósitos y contratos de servicios con valores que, según denuncian empleados, superan ampliamente los precios de mercado. La indignación es mayor porque, pese a la magnitud de las irregularidades señaladas, no hay denuncias judiciales contra el exfuncionario, cercano al presidente Javier Milei y parte de su círculo más estrecho de asesores. En el plano operativo, el deterioro también es visible. Las tareas de extensión de vida de Atucha I avanzan con demoras y financiamiento intermitente. Trabajadores señalan falta de planificación, dependencia creciente de importaciones y el desvío de recursos financieros que habrían sido utilizados para operaciones de colocación, bajo la órbita del ministro Luis Caputo. Mientras tanto, proyectos estratégicos se desmoronan. El reactor modular CAREM considerado durante años una apuesta tecnológica clave sobrevive, según testimonios internos, apenas sostenido por la vocación de equipos técnicos que trabajan con recursos mínimos e infraestructura deteriorada. Especialistas advierten que frenar ese desarrollo implica resignar capacidad tecnológica propia y perder posición en un mercado internacional con alto potencial. Incluso organismos como la Comisión Nacional de Energía Atómica habían proyectado una demanda global significativa para este tipo de reactores. El deterioro industrial se combina con una reconfiguración del sistema productivo. Empresas que antes formaban parte del entramado estratégico quedaron desplazadas. La histórica IMPSA fue privatizada y, aun así, quedó fuera de la cadena de provisión. Un síntoma más de la desarticulación del sector. La sensación dominante dentro de la empresa es que el proceso no responde al azar, sino a una lógica deliberada: debilitar la estructura para justificar su venta. La valuación de activos en marcha alimenta los temores de privatización, mientras sindicatos como ATE y Luz y Fuerza Regional Zárate denuncian un vaciamiento progresivo. Para muchos trabajadores, el problema excede a una mala administración. Lo describen como un experimento ideológico aplicado sobre un sector estratégico, con consecuencias concretas sobre el empleo, la soberanía tecnológica y la seguridad energética. El deterioro, sostienen, no sólo afecta a la empresa sino al país entero. Abandonar el desarrollo nuclear propio mientras potencias como China o Brasil avanzan en tecnologías similares implica retroceder décadas en capacidad científica e industrial. En el plano político, el silencio oficial resulta tan llamativo como el desastre que describen quienes siguen trabajando dentro de la empresa. Ni el oficialismo ni sectores vinculados al antiguo gobierno del Frente de Todos impulsaron investigaciones que avancen con decisión. Mientras tanto, figuras del círculo presidencial, como Diego Spagnuolo, también mencionadas en episodios controvertidos, continúan orbitando en el entorno del poder sin mayores consecuencias. El resultado final es una empresa estratégica debilitada, una comunidad golpeada y un proyecto tecnológico nacional en retroceso. Y en el centro de todo, la sombra de una gestión que, lejos de fortalecer el sistema nuclear argentino, parece haberlo dejado peligrosamente cerca del colapso.
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