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  • Lectores: Sin mi hija Martu, vivimos una realidad que desgarra

    » Clarin

    Fecha: 15/02/2026 11:19

    Estábamos molestos con el mundo y decepcionados de todo. Porque los años pasaban y la vida estaba en pausa al mismo tiempo, era un combo doloroso, las cosas para otros cambiaban y para nosotros no. Porque desde ese 14 de febrero de hace 10 años, nuestra vida giró y sigue girando. Siempre decimos que si nos pudiéramos bajar de este mundo nos bajaríamos, pero no sería justo para Martina, amaba la vida y tenía inmensos planes a futuro, tenía muchos amigos, la sonrisa más linda, quería ser forense, quería vivir. Y bajarnos del mundo sería fallarle. Cuando escuchamos en las noticias sobre hechos viales fatales, donde tantos jóvenes mueren, muchas veces nos olvidamos de que las víctima eran personas que tenían una vida, amigos, una familia. Que quedan con una profunda pérdida y un vacío en el corazón, para muchos de ellos la vida si sigue en una misma línea con sus planes, sus proyectos, porque es lo que debe ser. No lo juzgo. Pero para los padres es esto, es el dolor al despertar y ver que los días pasan, que los años pasan y que estamos parados de la misma manera que ese día que el teléfono sonó. Y mirarnos al espejo nos recuerda que el tiempo avanza, somos atemporales, nos dijo una mamá que también vivía el mismo dolor. Y lo que significaba lo entendimos. Para nosotros no trasciende el tiempo, seguimos reviviendo ese día como si fuera ayer. Hoy no hay un después. Quizás muy dentro aún guardamos la esperanza de poder cambiar ese día. Y volvemos a despertar inmersos en otra realidad, la actual, la que desgarra, la que nos dice que su voz solo está en el teléfono guardada como un tesoro que no queremos perder, en un álbum de fotos, y nos damos cuenta en las redes sociales cuando ya las fotos empiezan a repetirse. Nos queda vida y se nos van agotando los recuerdos, esos que al principio mirábamos a diario y que al transcurrir los días se nos iba estrujando el corazón. Saber que sólo será eso, un montón de papeles, imágenes que nos recuerdan cuan felices fuimos. Y que esos días no volverán. ¿Cómo se aprende a vivir después de enterrar a una hija, después de que esa tapa de madera se convierte en su último lugar? Parte de nosotros se fue con ella, la otra parte resiste. Sólo resiste. Nos resta seguir en su nombre contándole a quien quiera oír quién era ella, porque como se dice, solo muere quien se olvida, y mientras nosotros estemos acá, su paso tan corto no pasará en vano, somos la voz que ese 14 de febrero del 2016 se enmudeció, somos el recuerdo viviente del que el amor va más allá de esta vida, que lo eterno existe, que él te amo que nos dijimos esa última noche sin saber que sería la última, nunca desiste. El amor que tenemos por vos, Martu, no se termina, no se debilita. Será eterno. Con Oscar somos el equipo perfecto para seguir viviendo sosteniéndonos como el primer día, desde ese 14 de febrero del 2016 cuando Damián Villanueva circuló con su auto en Scalabrini Ortiz y Vera, en el barrio de Villa Crespo, a alta velocidad y atropelló a Martina, nuestra única hija de 16 años, terminando con su vida en forma instantánea para luego darse a la fuga. Imposible olvidar ese día, imposible buscar respuestas a tantas preguntas. Igual las repuestas nunca serán las justas porque su muerte no lo fue. Recordamos su risa y su último te amo antes de traspasar la puerta, esa puerta que jamás se volvería a abrir por ella, otro gran tesoro que guardamos en donde el corazón late más fuerte. Donde nadie puede arrebatarnos como nos arrebataron su vida. Mientras el teclado de la computadora rechina y escribo estas líneas, y las lágrimas empañan mi rostro, no dejo de pensar cuántas familias en este momento están atravesadas por el dolor de los hechos viales, a cuántas familias el almanaque solo en este momento les marca un día, de la peor historia de sus vidas. Ese camino sin retorno que deberán transitar. Tenemos en nuestras manos poder cambiar tantas historias, cuando decimos que las muertes viales son evitables realmente sabemos que es así, si tan sólo al subirnos a un auto supiéramos lo importante que es hacerlo con responsabilidad, que el apuro, el descontrol, la falta de empatía nos lleva a ser parte de sillas vacías de puertas que no se volverán a abrir, de historias escritas con sangre, de vidas en pausas. Así seríamos prudentes al manejar. La responsabilidad al hacerlo pueden cambiar historias como la nuestra, como las de tantos. Hoy nuestra casa está limpia, la comida está hecha, nos sobra tiempo, nos falta Martina. El freno también sepamos ponerlo en nuestras vidas. Las cosas pueden esperar, nada es más importante que una charla, una risa, una anécdota de quien nos espera en casa. El tiempo no se recupera, los recuerdos y las fotos se agotan cuando ellos no están. Silvia Fredes / INTEGRANTE DE LA ASOCIACIÓN CIVIL MADRES DEL DOLOR / MAMÁ DE MARTINA MIRANDA / silfredes16@gmail.com EL COMENTARIO DEL EDITOR Por César Dossi La tenacidad sostenida en la palabra Silvia Fredes tiene 52 años, es integrante de las Madres del Dolor y el martes 31 de diciembre de 2019 escribió una carta que fue elegida una de las Mejores Cartas. Ese año esta sección cumplía 15 años de publicación ininterrumpida. Allí, decía que la redactó porque tenía mucha bronca. Esa semana fue a nivel mundial la Semana de la Seguridad Vial, y en esos días había habido, como todos los días, otro siniestro de tránsito. Y como en ese año, hoy se siguen repitiendo y muchas familias como la de Silvia siguen reclamando por justicia. En esa reunión con otros lectores la mamá de Martu dejaba un mensaje, que se convirtió en un grito desgarrador: Que la sociedad tome conciencia por la vida de uno y por la de los demás. Porque detrás de la muerte Martina, muere también toda una familia. Porque cuando perdés a un hijo no te importa nada. Hoy, los recuerdos de aquel 14 de febrero del 2016 la siguen atormentando, pero ella sigue luchando con valentía. Ese día, el Día de los enamorados, Damián Villanueva cruzó en rojo el semáforo, atropelló, mató a Martina y huyó del lugar. Más tarde él se suicidó, dejando un sabor amargo porque no se hizo justicia. Ese derecho quedó trunco, abriendo paso a la desolación, pero también a su persistencia para que a otras familias no les pase lo mismo. La Asociación Madres de Dolor me contuvo y ayudó muchísimo, si no era morirse con Martina, lo dice con la voz atravesada por el dolor, pero con la tenacidad sostenida en la palabra, y con las fuerzas que Martu le transmite para no claudicar en su cruzada, que desde la asociación, Silvia acompaña a otros padres en su misma situación. Newsletter Clarín

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