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  • Palometas: el problema sigue y la respuesta no aparece

    Crespo » Paralelo 32

    Fecha: 15/02/2026 11:00

    Mientras las mordeduras continúan en sectores concesionados de la costa, el debate quedó atrapado en declaraciones cruzadas Sin anuncios de medidas concretas ni mensajes claros de los concesionarios, la gestión del riesgo vuelve a quedar en zona gris. Victoria.- La discusión por las cifras ya fue noticia. Se habló de números, se cruzaron versiones y el tema adquirió portales y redes. Pero mientras ese debate se agotaba, las mordeduras de palometas no desaparecieron de la costa victoriense. En lo que va de la semana siguieron registrándose casos en una de las tres playas concesionadas sobre el riacho. No en la magnitud que se instaló inicialmente por imperio de las primeras noticias de impacto, pero sí de manera sostenida. Cortes en dedos, heridas en los pies, chicos y adultos asistidos por los guardavidas en jornadas de mucho calor. Las más leídas No es un fenómeno nuevo. Cada verano, con temperaturas altas y bajante del río, estos peces emparentados con las pirañas se acercan a zonas bajas y cálidas. El comportamiento está documentado y ya fue explicado en temporadas anteriores. Lo que cambia es cómo se gestiona el problema. La escena que dejó esta semana es, cuanto menos, incómoda. Un guardavidas dando explicaciones públicas. Una autoridad sanitaria municipal que alertó sobre las sobredimensión de las cifras de ataques, pero que no avanzó en otro sentido. Y, a la par, ninguna comunicación pública por parte de los concesionarios de las playas involucradas. Más allá de que los episodios se concentraron en uno de los sectores, el silencio fue general. No hubo mensajes dirigidos a los usuarios habituales de esos espacios, ni anuncios de medidas preventivas adicionales, ni señales de una estrategia coordinada entre privados y Estado. Según pudo indagar Paralelo32 hasta el momento, se conocieron evaluaciones técnicas públicas sobre alternativas de contención en las zonas más concurridas. Incluso iniciativas informales impulsadas desde el propio cuerpo de guardavidas quedaron en el aire, sin una definición oficial. El contraste se vuelve inevitable cuando se observa que, a más de 300 metros, en la playa del Club de Pescadores sobre el mismo riacho, no trascendieron episodios similares en estos días. Al menos, no fueron divulgados. La diferencia puede obedecer a múltiples factores: menor concurrencia, otra configuración de costa, distinta dinámica de uso. Pero el dato existe. El jueves la lluvia trajo alivio térmico con temperaturas que probablemente reduzca la presencia de bañistas en los próximos días. Sin calor extremo, baja la exposición. Pero el verano continúa. Si las temperaturas vuelven a subir, también volverán las familias al agua. Las palometas no son una emergencia inesperada. Son parte del ecosistema. Lo imprevisible no es el pez. Lo que resulta difícil de entender es la ausencia de una conducción clara frente a un riesgo de que se repita. Cuando el problema es recurrente, la respuesta no puede ser episódica. No alcanza con aclarar números ni con respuestas de declaraciones. La ciudadanía necesita saber qué se hará para minimizar nuevos traumatismos. Por ahora, el río sigue igual y los pececitos atrevidos también. La prometida malla de contención no pasó de una fotografía pero no está colocada, y la sensación es que el debate quedó en palabras.

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