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  • Política ficción: la dulce debilidad del gobernador

    » La Nacion

    Fecha: 15/02/2026 07:36

    por JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ 15/02/2026 0 seconds of 0 secondsVolume 90% Press shift question mark to access a list of keyboard shortcuts Atajos de Teclado Shortcuts Open/Close/ or ? Reproducir/PausaEspaciadora Subir el Volumen Bajar el Volumen Adelantar Retroceder Activar/Ocultar Subtítulosc Pantalla Completa/Salir de la Pantalla Completaf Silenciar/Activar Sonidom Decrease Caption Size- Increase Caption Size+ or = Adelantar %0-9 Aunque a simple vista no lo parece y usa una divisa tradicionalmente institucionalista, el gobernador es un señor feudal en toda la regla y un tipo muy curtido, que ejerce celoso control sobre sus votantes y no se deja arredrar por ningún carpetazo. Tiene influencia directa sobre dos senadores y tres diputados nacionales, y canjea leyes por fondos, aunque tiende a ser amigable con este oficialismo: ante todo la ética de la responsabilidad y la gobernabilidad de la patria. Pero en las penúltimas sesiones, para negociar mejor, el caballero se ha vuelto sinuoso, le ha retaceado a los libertarios el quorum y ha mandado practicar algunos trucos en comisión y en el recinto, o directamente votar en contra de los intereses de la Casa Rosada. Puertas adentro, las internas de palacio son binarias y muy tajantes: para unos es un aliado recuperable; para otros, un traidor muy peligroso. Al Presidente no le interesa la política, y entonces las dos facciones siguen por separado sus estrategias. Que gane el mejor. Y cuanto antes, porque se vienen de frente varias legislaciones fundamentales para el plan de estabilización económica. Los más activos e irreductibles no quieren involucrar a la AFI, así que ponen en acción a agentes inorgánicos de una fuerza federal. El gobernador no teme a nadie, pero tiene un talón de Aquiles, una dulce debilidad: su hija de 27 años, que es la luz de sus ojos y que insistió en despegarse de la provincia y de la sombra familiar, para vivir solita y sola en la ciudad junto al río marrón. Es una chica estudiosa quiere ser arquitecta y algo rebelde, aunque siempre con la chequera paterna. No acepta, sin embargo, custodia ni vigilancia a su alrededor, y el gobernador está que trina. Vivió desde chica rodeada de canas y patovicas, y puede olerlos a kilómetros de distancia: amenazó a su padre con irse a cursar y radicarse en Singapur si no la dejan en paz. La agencia privada para la que trabajamos no tendría por qué meterse en este berenjenal, puesto que el tema no perjudica al Gobierno y no pone en peligro los intereses norteamericanos en la Argentina. Pero resulta que el gobernador tiene buenos contactos en Washington y un congresista ha pedido hace unos meses, cuando toda esta ofensiva ni siquiera se cocinaba, que le cuidaran el trasero. Para esta CIA paralela el caballero es, por lo tanto, Very Important Person. Leandro Cálgaris presiente que los negociadores de Balcarce 50 llegarán antes que los gurkas, pero de todos modos comienza a hacer preguntas, y como en la comunidad de Inteligencia al coronel todo santo le debe una vela, consigue finalmente el dato de oro. No solo sabemos ahora que están escuchando a la chica, sino que piensan meterle de un momento a otro un romeo, un agente encubierto que la seduzca y la manipule y, de ser posible, la corrompa de alguna manera. La chica está todo el tiempo en Tinder, es víctima de las relaciones pasajeras y a veces frustrantes, y suele ser también vulnerable al sexo. ¿Y quién no?, se sonríe el yanqui del Partagás, y me cuesta imaginarlo en calzoncillos. Es una idea más vieja que el agujero del mate, como usted bien sabrá le responde el coronel, chupando la boquilla de su pipa apagada. Y acá ha sido usada con suerte variable. Julietas que seducen jueces casados, se los llevan a la cama y permiten que los filmen y fotografíen en secreto para luego extorsionarlos y cambien de parecer sobre algún fallo. Romeos que enamoran a funcionarias o funcionarios de primer o segundo nivel de cualquiera de los tres poderes y los chantajean, espían u operan. En fin, nada nuevo bajo el sol. Pero esta no es una carrera de fondo sino de velocidad. Pregunta el director, con suspicacia, cuál sería en este caso la diferencia; el coronel prende ahora el tabaco y suelta el humo: No tienen tiempo de un noviazgo largo y tóxico, ni de capturar psicológicamente a la hija y separarla del padre, hacerla adicta o algo peor, y luego pulsear con el gobernador para que sea colaborativo bajo promesa de restituirla y desaparecer. El yanqui alza las cejas con ironía: Lo cuenta como si hubiera ocurrido alguna vez, coronel. Cálgaris asiente de un modo enigmático, pero explica que nosotros no lo manejamos. El punto es que, si se trata de un plan relámpago, el romeo debe poner a la chica en situación de escándalo mediático o judicial en cuestión de semanas. ¿Cómo lo haría? Hay muchos trucos, pero no importan. Aquí lo único relevante es detectar a tiempo al romeo y sacarlo del juego de la forma más rápida e higiénica posible. Cuando ponemos en marcha el aparato descubrimos quién es el galán, que por cierto ya ha hecho feliz contacto; tardamos un poco más en sacarle la ficha. A este muchacho la chica no podrá verlo venir tan fácilmente, porque no es policía ni gendarme ni servilleta. Es un buscavidas y un gigoló moderno, un tipo guapo y musculoso, que reclutaron hace dos años: le gusta vivir peligrosamente, y quedó atrapado en un expediente por tráfico de cocaína del que luego fue borrado. Los tórtolos trabaron relación hace cinco días, pero ella parece extasiada, como si ya hubieran cruzado la rompiente que separa al mero chongo del posible padre de sus hijos. El pibe es un maestro, y eso que la primogénita no parece tener un pelo de tonta. Pero el narcótico del sexo al principio resulta letal, así que resolvemos anticiparnos a cualquier maniobra del enemigo y actuar de inmediato. Lo interceptamos en un estacionamiento subterráneo: fuera del campo visual de las cámaras, el Salteño le coloca la escopeta en los riñones y yo le borro la boca con tres puñetazos sucesivos que le doblan las piernas. El boxing fitness de salón no resiste las malas artes de la vida real. Esposado y encapuchado, viaja un buen rato en 4x4 hasta una quinta de Capilla del Señor, y allí lo sentamos en un cuarto de herramientas, bajo una luz cenital; le quitamos la capucha y tratamos de curarle la trompa: tiene un diente partido y otro medio flojo, pero dejó de sangrar. El coronel, en la sombra, le explica su situación con flema inglesa. Le proporciona incluso los nombres de los agentes inorgánicos que lo conchabaron para estos trabajitos y le asegura que no tiene más alternativa que rajarse. El galán profesional está pálido y estresado. Abollarle la cara, que tan bien le ha dado de comer, es lo peor, y se da cuenta de que, si sus contratantes de la fuerza federal eran velociraptores, ese viejo misterioso es un verdadero Tiranosaurio Rex. Esta vez se metió con la persona equivocada. Cálgaris le comunica que podrá pasar por su casa a hacer las valijas, aunque siempre acompañado por un servidor, y que tiene un pasaje a su nombre en Buquebus. Se va del país por un tiempito. Y como tenemos pinchados los teléfonos de la nena, sería un suicidio comunicarse con ella. De pronto el coronel desenvaina el bastón de estoque y le apoya la punta de acero en la garganta. Un suicidio, le repite, como si fuera a atravesarlo. El galán traga saliva y asiente, y los pasos de su exilio se cumplen con premura y sin dificultades. La hija del gobernador llora a moco tendido con sus amigas; hablan del ghosting y maldicen a los histéricos y los depredadores de las redes. La seguimos vigilando durante el duelo, que la señorita intenta acortar matcheando en Tinder con algunos consuelos del azar. Se acercan las sesiones decisivas en el Congreso, y entonces no nos importa correr tantos riesgos: a cada cita acudo como observador lejano. En la última, cuando un drogón se levanta para ir al baño y la deja un rato en la mesa, la primogénita se incorpora, atraviesa el salón y se acoda junto a mí en la barra. Tiene los ojos brillantes y atentos; hace un breve movimiento con el mentón. ¿Y este es potable?, pregunta de repente. Niego con la cabeza. Me escanea de arriba abajo. Antes de volver a la mesa, dice con media sonrisa: Me imaginé. . - LANZAMIENTO REMIL, UN HÉROE INFAME - HISTORIA 1 LA NAVIDAD DE LOS CORRUPTOS - HISTORIA 2 HAY QUE SALVAR AL PRESIDENTE - HISTORIA 3 EL BOTÍN DE TODA UNA VIDA - HISTORIA 5 OPERACIÓN ZAPATOS SUCIOS - HISTORIA 6 Política Ficción: un espía bolivariano Créditos - Producción Matías Boela /Virginia Santeusanio - Realización Audiovisual y animación con IA Francisco Ferrari - Edición gráfica Andrea Platón /Alejandra Bliffeld Compartir Copyright 2026 - SA LA NACION | Todos los derechos reservados

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