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Concordia » Diario Junio
Fecha: 14/02/2026 14:08
UCR Activa cuestionó el apoyo a la reforma laboral: es vaciar de contenido y romper una línea histórica coherente Una carta enviada al Presidente del Comité Nacional Unión Cívica Radical, Leonel Chiarella, por parte de la agrupación UCR Activa Entre Ríos, cuestiona el voto afirmativo de senadores de la UCR al proyecto de reforma laboral que cercena derechos de los trabajadores. Eso, adujeron según la misiva que reproduce DIARIOJUNIO, los obliga a marcar un límite político y doctrinario claro. Pretender hoy que los tiempos cambiaron para justificar una reforma que debilita la negociación colectiva, restringe la huelga, abarata el despido y traslada riesgos al trabajador, no es modernizar el radicalismo: es vaciarlo de contenido y romper una línea histórica coherente que une a Alem, Yrigoyen, Larralde, Illia y Alfonsín. Las recientes declaraciones en torno a la reforma laboral, junto con el dejar hacer, dejar pasar frente al voto afirmativo de senadores de la UCR a un proyecto que cercena derechos de los trabajadores, nos obligan a marcar un límite político y doctrinario claro. No se trata de matices coyunturales: se trata de un alejamiento concreto de la doctrina histórica de la Unión Cívica Radical. El radicalismo no nació indiferente frente al mundo del trabajo. Durante los gobiernos de Hipólito Yrigoyen, el Estado dejó de criminalizar sistemáticamente la organización gremial y comenzó a reconocer a los trabajadores y a sus sindicatos como interlocutores legítimos de la vida democrática. Ese giro se tradujo en derechos concretos: en 1929, durante su segunda presidencia, se sancionó la Ley 11.544, que estableció la jornada laboral máxima de 8 horas diarias y 48 semanales, consolidando la media jornada los sábados y el descanso dominical. Hasta entonces, lo habitual era trabajar entre 10 y 12 horas diarias, seis días a la semana 60 a 72 horas semanales, e incluso más en sectores industriales y rurales, sin descansos garantizados. Fue la expresión de una concepción que entendía que el conflicto social no era un delito, sino la manifestación de desigualdades que debían ser abordadas políticamente. Es cierto y no lo negamos que en ese período existieron episodios graves como la Semana Trágica. Fue un error histórico. Pero no definió la orientación doctrinaria del radicalismo, cuya vocación fue ampliar derechos e integrar a los sectores populares. Esa tradición se consolidó en 1957 con la incorporación del Artículo 14 bis a la Constitución Nacional. Fue una decisión política impulsada por la UCR. En ese proceso, Crisólogo Larralde, entonces presidente del Comité Nacional, al igual que usted, tuvo un rol decisivo: sin ser convencional, garantizó el quórum y sostuvo la voluntad política para consagrar los derechos del trabajo y la seguridad social. Larralde entendía que conducir el partido era custodiar la doctrina, aun pagando costos políticos. No es casual que en 1954 Larralde afirmara: el obrero es el hombre que cambia una vida creada por Dios por un jornal inventado por el diablo. Esa definición ética tuvo continuidad en el ejercicio del gobierno. Con Arturo Illia, el radicalismo impulsó el Salario Mínimo, Vital y Móvil, reafirmando que el mercado no garantiza por sí solo condiciones de vida dignas y que el Estado debe proteger el ingreso del trabajador. Y con Raúl Alfonsín, aún bajo una presión extrema y con trece paros generales y numerosas medidas de fuerza muchas de ellas claramente desestabilizantes, nunca se cuestionó el derecho constitucional a la huelga. Esa tolerancia no fue debilidad, sino respeto irrestricto por los derechos laborales. Pretender hoy que los tiempos cambiaron para justificar una reforma que debilita la negociación colectiva, restringe la huelga, abarata el despido y traslada riesgos al trabajador, no es modernizar el radicalismo: es vaciarlo de contenido y romper una línea histórica coherente que une a Alem, Yrigoyen, Larralde, Illia y Alfonsín. No deja de ser significativo que, en una entrevista donde relativiza la reforma laboral, reclame financiamiento estatal para obras públicas. Sabemos que la gestión local impone urgencias visibles: asfaltar calles, construir infraestructura, mejorar servicios. Todo eso es necesario y usted lo sabe muy bien. Pero los derechos laborales mejoran la vida de las personas de un modo más profundo, aunque no siempre se vean. El desarrollo no es solo cemento: se construye con salarios dignos, estabilidad laboral y protección frente a la arbitrariedad. Ambas cosas son desarrollo, pero sin trabajo con derechos no hay progreso sostenible. Los radicales queremos recordar su paso por la presidencia del partido como el de un dirigente que defendió a los trabajadores, como lo hicieron nuestros grandes referentes, y no como el de quien permitió que, en nombre de la UCR, se los condenara a una vida laboral sin derechos. La doctrina no es un símbolo vacío: es la razón de ser de un partido político. Custodiarla no es opcional, es una obligación. El radicalismo nació como la causa de los desposeídos, como los llamó Alem, para equilibrar poder y ampliar derechos, no para resignarse a administrar su concentración. El radicalismo no puede correrse hacia una adaptación acrítica a un modelo ultraliberal, socialmente regresivo y económicamente fracasado, como el que impulsa el presidente Javier Milei. Si lo hace, no solo abandona a los trabajadores: empuja a amplios sectores de la sociedad a volver a votar opciones que ya han gobernado y fracasado por su corrupción, simplemente para escapar de la crueldad y de la asfixia cotidiana que impone este gobierno. Por todo ello, le solicitamos que el Comité Nacional asuma una posición clara y coherente frente a la reforma laboral y frente al accionar de los legisladores que la acompañaron. Hacerlo permitiría que los radicales volvamos a sentir orgullo de estar del lado correcto de la historia que hizo grande a este país.
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