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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 14/02/2026 10:24
La trágica decisión de Luis Süllos de matar de un tiro en la cabeza a Lily, su hermana, la reconocida astróloga, y luego suicidarse produjo todo tipo de intrigas y especulaciones relacionadas con semejante determinación. A partir de ese fatal 15 de setiembre de 2013, además, se generó un halo de misterio relacionado con el lugar donde ocurrieron las muertes, el chalet de dos plantas donde ambos residían en La Lucila, provincia de Buenos Aires. Después de semejante conmoción para los vecinos porque ambos eran muy queridos y respetados, comenzaron a circular versiones, algunas exageradas e irreales, pero otras confirmadas por gente de la zona. Desde las casas lindantes empezaron a percibirse ciertos olores fétidos o nauseabundos. Y entonces, habitantes del barrio dejaron por debajo de la puerta una nota que pedía por favor que solucionaran el tema de los malos olores que salían del chalet. Temían que allí hubiera animales muertos y que alguien que se pudiera haber metido en la casa practicara algún tipo de rito satánico. Muchos se quejaban también porque de la vivienda de los Süllos provenían bandadas de murciélagos, y algún que otro vecino decidió mudarse por el temor que venían padeciendo sus hijos. Luis explicó en una carta que envió por mail a la artista Aniko Szabó, a quien Lily quería como una hija, por qué mató a su hermana: Me parece que Lenke (Nombre real de Lily Süllos) tuvo un derrame cerebral serio. Se cayó en la bañera y ya no pudo pararse ni hablar. Pasó alrededor de las 23.30. Estoy esperando que vuelva en sí. Caso contrario voy a cumplir con su deseo, que no sufra con un cerebro maltrecho, paralítica y con dolores, impotente. La solución es rápida y ruidosa. Llamé al médico. La sacaron de la bañera y la pusieron en la cama. Dijo que había que llevarla a un geriátrico, adonde mantienen con vida y torturan. Son pasadas las 9 de la mañana. La presión es normal, el pulso también, pero no puede caminar, no puede hablar, no puede ir al baño, no puede beber ni comer. Nos despedimos. Les deseamos mucha suerte. Luis. Szabó, gran amiga de Lily y Luis, que la consideraban como de la familia, admitió en su momento que la casa, después de semejante hecho quedó vacía, pero con el transcurso del tiempo fue invadida por marginales que se dedicaban a delinquir, y eso generó en el barrio, hasta allí tranquilo y habitado por personas que residían allí de toda la vida, un estado de inseguridad y descontrol permanente. Además, según expresó Aniko cuando pudo ingresar, en la casona percibió una fuerza extraña y muy mala energía, todo lo contrario a los tiempos en que los hermanos la habitaban donde reinaba la calma, la serenidad y la armonía. Primero allá por marzo de 2015 un grupo de delincuentes quiso meterse en el chalet por la fuerza mostrando una falsa escritura por la cual el inmueble les pertenecía. Pero los vecinos advirtieron la maniobra porque en los días previos merodearon en varias oportunidades la cuadra, y entonces decidieron llamaron a la policía y con eso lograron que se retiraran para evitar ser detenidos o por lo menos demorados. Pero dejaron pasar dos meses y volvieron a la carga. Esta vez con un cerrajero que logró abrirles el portón del garage. Con el tiempo se fueron sumando más intrusos a la casa y llegaron a establecerse allí alrededor de ocho personas que lo usaban como aguantadero. Se manejaban con vehículos caros, algunos importados que llamaban demasiado la atención. Luego se supo que se dedicaban al desguace y venta de autopartes. Aniko, la persona de mayor confianza de los Süllos decidió hacer la correspondiente denuncia para recuperar la vivienda, que se convirtió en una causa penal que terminó resolviendo el Juzgado de Garantías Nº 3 de San Isidro. Y lo que correspondía a la sucesión, tramitó en el Civil y Comercial Nº 13. Además tuvieron participación los fiscales Alejandro Guevara y Beatriz Molinelli de la Fiscalía Nº 1 de Vicente López. Todas estas actuaciones derivaron en un operativo secreto de una unidad especialmente entrenada para estos casos de la policía de la provincia de Buenos Aires que sorprendió a los delincuentes con varios móviles cuando la mayoría se encontraban en el chalet y pudieron detenerlos y desalojar la vivienda por completo. A partir de ese día Aniko Szabó se propuso encontrar de forma urgente familiares de los hermanos Süllos que pudieran ser los futuros herederos del chalet, ya que temía que si continuaba sin habitarse podía volver a ser usurpado por malvivientes. Entonces, inició una búsqueda intensa entre las agendas de Lily, y en una de ellas encontró el número de teléfono de dos primas hermanas que seguían viviendo en Hungría. Y su marido la acompañó en un viaje que emprendió hacia ese país -también el suyo, al igual que el de Lily-, se encontraron con ellas, le contaron en detalle la situación, y con el tiempo las mujeres desembarcaron en la Argentina para comenzar los trámites de sucesión correspondientes. Una vez finalizados regresaron a Hungría, y quien quedó como responsable de mostrar la casa para la venta fue Aniko. Varios de los que visitaban y recorrían la casona, cuando durante la charla informal que todo vendedor mantiene con su posible comprador conocía la trágica historia del lugar, ponían infinidad de excusas y desistían de forma elegante de la chance de adquirirla. Hasta que ya en 2016 un joven de nombre Alejandro fue a verla y aunque cueste creerlo, cuando la recorrió comentó que era la casa que buscaba, como que la había soñado. Un economista que estudió en la Argentina y se terminó de capacitar en España muy comprometido con lo que le pasa a la gente, siempre preocupado y ocupado por ayudar a quien lo necesita. Y entonces comenzó una cruzada social por África. A su regreso vio el aviso en el diario de la venta del chalet. Y después de terminar de visitarlo se convenció de que era lo que buscaba, más allá del deterioro con el que había quedado la vivienda por el descuido al que la habían sometido los usurpadores. Entonces, se comunicó con Ainiko Szabó que se ocupaba de la administración de la sucesión de las primas hermanas húngaras de Lily Süllos y le rogó que lo esperara, que no tenía el total de la plata para comprarla, pero que estaba seguro que en el futuro se convertiría en su dueño. Aniko lo escuchó conmovida por el cariño que sentía y demostraba por los hermanos Süllos. Y pese a que manejaba algunas ofertas, se dejó llevar por su intuición, aceptó un adelanto que ofreció Alejandro y le dijo que estaba absolutamente segura que él la iba a terminar de pagar. También le contó la historia de Lily y Luis, y la forma en que habían hecho un acuerdo entre hermanos cuando ella le sugirió que no quería ser una carga para él si algo le pasaba. Dos años después, Alejandro finalizó la obra que puso la casa como él quería, se casó, tuvo un hijo y formó una hermosa familia tal como deseaba. Así, la casa recuperó la energía positiva y la alegría que tenía cuando la habitaban los hermanos Süllos, donde Lily solía contar sus permanentes travesuras de niña en la que siempre estaba vinculada su abuela: Yo era muy traviesa y me encantaba gastar bromas pesadas con cualquiera especialmente con mi abuela. Una vez, cuando puse un ramo de ortigas en sus zapatos, ella se enfureció y me amenazó: Con toda seguridad irás al infierno, ¡niña del demonio!. Yo, que tenía entonces cerca de nueve años, me puse muy seria y le dije: Si por una broma Dios me manda al infierno en vez de castigarme a la medida de mi travesura, entonces no es Dios, sino un señor feudal, caprichoso y malvado. Yo creo en el infierno, abuela. Dios no puede castigar a nadie con un suplicio eterno. No lo harías tú, ni yo. Cada persona tiene que aprender a no hacer daño a nadie. En la medida que hace daño, lo sufrirá... Como yo, que ahora, ¿ves? Acabo de caerme sobre este arbusto de ortigas. Justo castigo por mi travesura, ¿no te parece? Era cierto, tenía la piel ardiendo, ya que al recolectar ortigas para una siguiente travesura, me caí entre ellas. Mi abuela se encolerizó. -¿Qué clase de cristiana eres con toda esa blasfemia? Me enderecé indignada. -No es blasfemia, abuela. La reencarnación no es religión. Es una ley de la Naturaleza. Lily tenía un gran sentido del humor y su abuela lo padecía. Se nutría de buena onda y felicidad con sus bromas. Pero cuando se ponía seria le fascinaba hablar de vidas pasadas y de la reencarnación. Lo más natural es no saber de dónde venimos. Y adónde vayamos dependerá de nuestro comportamiento actual. Por más maravilloso que sea, este cuerpo humano es perecedero. Llega el momento en que ya no sirve. El conductor, el espíritu, que ha sido el chofer de este vehículo ahora averiado, necesita otro. A esta transición llamamos muerte.
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