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  • Fotos: 2 casos que muestran las terribles consecuencias de tratar animales silvestres como mascotas

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    Fecha: 13/02/2026 05:44

    En 2025, la Fundación OHANA rescató más de 860 animales, lo que singnificó un incremento del 60% respecto de 2024. Para la organización, el aumento estuvo relacionado a los casos de mascotismo y comercio ilegal. A menudo se cree que al rescatar un animal se le ofrece una vida mejor que la anterior, pero no es lo mismo hacerlo con un animal salvaje que con uno doméstico. Las acciones del ser humano en cualquier animal puede condicionarlo de por vida y perjudicar su reinserción en la naturaleza. El tráfico de animales es una consecuencia de esta práctica: existe gracias a la compra ilegal de especies y 9 de cada 10 animales capturados mueren antes de llegar al comprador final. Leé también: Cuáles son las consecuencias del calor intenso en los animales y qué medidas deben tomar los productores Las historias de dos animales cuyas vidas cambiaron para siempre por el mascotismo. Hoy, dependen del cuidado humano: de ser devueltos a sus hábitats naturales, morirían. El zorro más grande de américa depende del cuidado humano Uno de los casos más recientes es el de Ka-Aiya un zorro de crin hembra, mejor conocido como Aguará-Guazú zorro grande en guaraní. Como animal omnívoro y dispersor de semillas, tiene un rol ecológico fundamental en la regeneración de ecosistemas y el equilibrio de ambientes que habita. Es una especie clave de pastizales, sabanas y humedales del centro y norte de la Argentina, cuenta Guillermo Delfino, del equipo de Fundación Temaikén. También explica el valor cultural que tiene: Para pueblos originarios como los Toba y Mocoví es un animal protector y en la tradición criolla dio origen a la leyenda del Lobizón. El animal fue rescatado en septiembre de 2023 del techo de una casa en Recreo, Santa Fe, fue rehabilitada en el Centro de rescate, investigación e interpretación de Fauna La Esmeralda, pero los resultados no fueron óptimos: Evaluaron que no podía regresar a la naturaleza por la tendencia de acercarse a las personas, una conducta asociada a procesos de mascotización. Hoy en día Ka-Aiyá es cuidada en el Bioparque de Temaikén, ayuda a que las personas conozcan a un animal poco común y reflexionen sobre por qué no se debe tratar como mascota. Ka-Aiya sufrió una alteración de su comportamiento natural, la cercanía con personas afectó su capacidad para reconocer amenazas, relacionarse con otros aguará guazú, buscar alimento de forma autónoma y su impronta con las personas, analiza el especialista. Este tipo de daño no es siempre visible, pero es grave y permanente. Leé también: Argentina hace historia y recupera una especie desaparecida hace 39 años Esta especie enfrenta múltiples amenazas y está categorizada como vulnerable a nivel nacional. La pérdida de hábitat y los atropellamientos son las causas principales de mortalidad de su especie en la Argentina. Para Delfino, la protección del aguará guazú no implica solo conservar la especie, sino cuidar ecosistemas enteros, generar información científica para políticas públicas y promover una convivencia más responsable entre personas y fauna. De la Patagonia a Pilar En septiembre de 2016, un puma concolor fue encontrado en Pilar. se trata de una especie común de la Patagonia que habita en bosques, desiertos, montañas y hasta pantanos y matorrales. El animal estaba libre en una zona residencial: Unos veterinarios recibieron un llamado por presencia de un felino en Pilar, en la provincia de Buenos Aires. Al llegar al lugar constataron que era un puma y al encontrarlo se dieron cuenta que llevaba un collar, lo que indicó que había sido tratada como mascota. La puma fue trasladada al hospital veterinario de Fundación Temaikén. Ahí se confirmó que había pasado gran parte de su vida en un entorno doméstico, completamente incompatible con su condición de animal silvestre, cuenta Natalia Demergassi del equipo de Fundación Temaikén. Los estudios veterinarios revelaron que el animal presentaba malnutrición, ausencia de garras, malformaciones en las patas y otras secuelas asociadas a la mascotización y cautiverio doméstico. Además del daño físico, sufrió una alteración profunda de su conducta y comprometió definitivamente su capacidad de supervivencia en la naturaleza, sintetiza Demergassi. Sus condiciones físicas eran deplorables, a pesar de la atención veterinaria que logró estabilizarla, no pudo ser reinsertada. Las secuelas de haber vivido como mascota hicieron inviable su supervivencia. En su caso, la ausencia de garras le impediría capturar y sujetar presas para conseguir alimento propio y la falta de evitación hacia las personas podría exponerla a situaciones de riesgo, dice. Actualmente, la puma Mau está como Ka-Aiya, en el Bioparque con un ambiente diseñado para su especie y cubren sus necesidades comportamentales. ¿Qué es el mascotismo? La mascotización es el proceso por el cual un animal silvestre es sustraído de su entorno natural y tratado como una mascota. Esto los priva de comportamientos naturales, modifica su dieta, rutina y forma de relacionarse con otros animales y los humanos. Separarlo de su hábitat genera dependencia y afecta su salud física y conductual. Algunos patrones frecuentes en animales mascotizados son: - Asimilar la presencia y tienen contacto con las personas. - Conductas improntas (buscan al humano como referencia). - Dietas inadecuadas. - Estrés crónico. - Dificultades para desarrollar conductas típicas de su especie. Según la subsecretaría de ambiente, las especies nativas argentinas están amenazadas por tres principales razones: la pérdida y degradación del hábitat, la caza ilegal y el tráfico de fauna silvestre de especies vivas. La venta de animales se debe principalmente por la demanda de mascotas exóticas, el gran llamado mascotismo. Otras veces no sucede por comercio directo, sino por error o contacto directo de la persona con el animal. Los efectos de la mascotización Los casos de la puma Mau y el zorro Ka-Aiya son la evidencia de que la mascotización tiene un daño permanente e irreversible en los animales. En estos escenarios no pueden ser devueltos a su hábitat porque no reconocen los riesgos reales y los expone a atropellamientos, ataques o situaciones de conflicto, sin siquiera mencionar las dificultades que sufren para alimentarse o reproducirse, lo cual está comprometido pésimamente. La mascotización puede derivar en la muerte del animal, por accidentes, desnutrición, enfermedades o estrés. En muchos casos el desenlace ocurre tiempo después, cuando el animal no puede adaptarse ni al entorno humano ni al silvestre, comenta Guillermo Delfino. Leé también: Presentan una ley para que los animales sean reconocidos como sujetos de derechos en la Argentina Aunque reciben atención especializada y cuidados humanos constantes para cubrir sus necesidades, las vidas de Ka-Aiyá y Mau están lejos de asemejarse a lo que deberían haber sido. No pueden vivir de manera autónoma en sus hábitats naturales, como el bosque o los pastizales, ni buscar su propio alimento y, probablemente, se acercarían a los humanos en busca de contacto o comida, lo que dificultaría su reinserción en un entorno natural.

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