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  • La historia del cometa que podría brillar a plena luz del día si supera el paso extremo junto al Sol

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 12/02/2026 15:32

    Un visitante helado avanza hacia el corazón del Sistema Solar y su destino pende de un hilo. El cometa C/2026 A1, también conocido como MAPS, pasará a comienzos de abril a una distancia mínima del Sol que lo colocará al borde de la destrucción. La incógnita resulta tan dramática como fascinante: ¿sobrevivirá a ese encuentro extremo o quedará reducido a polvo en cuestión de horas? El objeto fue detectado el 13 de enero de 2026 por un equipo de cuatro astrónomos aficionados que operan telescopios robotizados en Chile dentro del programa MAPS, sigla que reúne los apellidos Maury, Attard, Parrott y Signoret. En las primeras imágenes apareció como una mancha difusa con una pequeña cola, rasgo clásico de los cometas. Pocos días después, el Minor Planet Center confirmó su naturaleza cometaria y le asignó su designación oficial. C/2026 A1 pertenece al grupo de los llamados cometas rozadores del Sol. Estos cuerpos siguen trayectorias extremadamente alargadas que los conducen a distancias mínimas de nuestra estrella. En su caso, el perihelio ocurrirá alrededor del 4 o 5 de abril de 2026, cuando pase a unos 170 mil kilómetros por encima de la superficie solar. En términos astronómicos, esa distancia resulta ínfima. Equivale a unas 0.0053 unidades astronómicas, o cerca de 800 mil kilómetros del centro del Sol. En comparación, Mercurio orbita a una distancia 70 veces mayor. Durante ese paso, el cometa viajará a velocidades superiores a los 3.2 millones de kilómetros por hora. La gravedad solar ejercerá una tensión brutal sobre su estructura. La radiación y el calor evaporarán enormes cantidades de hielo y gas. La mayoría de los rozadores del Sol no supera esa prueba. Muchos se fragmentan o se vaporizan antes de completar la vuelta. Un posible gran cometa con brillo extremo El interés que despierta C/2026 A1 no se debe solo a su cercanía solar, sino a su posible brillo. Algunos modelos estiman que, si resiste el perihelio, podría alcanzar magnitudes negativas, incluso en torno a -1 o más brillante. Otros cálculos sugieren que, en condiciones favorables, podría aproximarse a valores extremos como -7 cerca del máximo calentamiento. Eso lo situaría en un rango comparable o superior al de la Luna llena. Un cometa con ese brillo podría resultar visible a simple vista, incluso en el cielo diurno, siempre que se observe con precaución y en condiciones adecuadas. Ese escenario depende de un factor clave: la supervivencia. Si el núcleo se desintegra antes de alcanzar su máximo desarrollo, el espectáculo quedará truncado. C/2026 A1 presenta características que lo vinculan con la familia Kreutz, un conjunto de más de 3500 cometas que comparten órbitas similares y que, según los modelos, proceden de la fragmentación de un cometa gigante hace aproximadamente 1700 años. Dentro de ese linaje figuran objetos históricos como el cometa Ikeya Seki de 1965 y el cometa Lovejoy de 2011. Ambos pasaron muy cerca del Sol y desplegaron colas espectaculares. Los cometas Kreutz suelen aumentar su brillo de forma abrupta cuando absorben radiación solar intensa. Liberan grandes cantidades de gas y polvo que forman comas luminosas y colas extensas. En algunos casos, la cola alcanza millones de kilómetros de longitud. Si C/2026 A1 sigue ese patrón y logra mantener un núcleo intacto, podría convertirse en el cometa Kreutz más destacado desde Lovejoy. El hecho de que se detectara cuando aún se encontraba a unas 2 unidades astronómicas del Sol resulta inusual. La mayoría de los rozadores del Sol se descubre cuando ya se aproxima a distancias mucho menores, a menudo dentro de 0.1 o 0.3 unidades astronómicas. Esa detección temprana permite a los astrónomos seguir su evolución durante meses y ajustar modelos de brillo y trayectoria. Su órbita presenta otra particularidad: viaja en sentido contrario al movimiento de los planetas y muestra una inclinación cercana a 144.5 grados. Su período orbital se estima en torno a 850 años. Después de su paso por el interior del Sistema Solar, si sobrevive, no regresará hasta dentro de muchos siglos. A pesar de su encuentro extremo con el Sol, el cometa no representa ningún riesgo para la Tierra. En su aproximación más cercana permanecerá a más de 140 millones de kilómetros de nuestro planeta. El espectáculo, si ocurre, será puramente visual. Qué puede aportar a la ciencia y cuándo observarlo Más allá del posible impacto visual, C/2026 A1 ofrece oportunidades científicas valiosas. Los cometas constituyen restos relativamente intactos de la formación del Sistema Solar. Conservan hielos y compuestos que existían hace 4.600 millones de años. Cuando un objeto de este tipo se acerca tanto al Sol, los investigadores pueden estudiar cómo el calor extremo altera su composición y estructura. El análisis de su comportamiento permitirá refinar modelos sobre la fragmentación de la familia Kreutz y sobre el linaje que podría remontarse a un progenitor masivo. También aportará datos sobre la dinámica de núcleos cometarios sometidos a tensiones gravitatorias intensas. En cuanto a la observación, el calendario presenta varias fases. Durante marzo de 2026 el cometa se mantendrá tenue, con magnitudes entre 14 y 12 a comienzos del mes. Solo telescopios medianos bajo cielos oscuros permitirán detectarlo. Hacia finales de marzo podría acercarse a magnitudes 6 o 5, rango que lo situaría al alcance de prismáticos en condiciones favorables. El momento crítico llegará el 4 o 5 de abril, cuando pase extremadamente cerca del Sol. En esas horas resultará casi imposible observarlo desde la Tierra debido al resplandor solar. Instrumentos espaciales dedicados al monitoreo del Sol, como SOHO o STEREO, podrían captarlo. Si supera esa fase, podría reaparecer entre el 6 y el 15 de abril en el cielo matutino. Los observadores del hemisferio sur contarán con las mejores condiciones, especialmente durante el crepúsculo. En latitudes del norte, el cometa aparecerá bajo sobre el horizonte suroccidental y las ventanas de observación serán breves. La fase lunar influirá en la visibilidad. La Luna nueva del 17 de abril ofrecerá cielos más oscuros, mientras que la cercanía a la Luna llena del 1 de mayo dificultará la detección de detalles tenues. El nombre C/2026 A1 (MAPS) sigue la convención estándar. La letra C indica que se trata de un cometa no periódico con período mayor a 200 años. El año 2026 señala la fecha de descubrimiento. La designación A1 indica que fue el primer cometa detectado en la primera quincena de enero. El añadido MAPS reconoce al equipo descubridor. Antes de su nombre oficial recibió el código provisional 6AC4721. El programa MAPS, impulsado por astrónomos aficionados con experiencia en informática e instrumentación, demuestra que la colaboración independiente todavía cumple un papel relevante en la detección de objetos celestes. Su uso de técnicas de seguimiento sintético permitió identificar el objeto con antelación inusual para un rozador del Sol. El desenlace permanece abierto. Podría integrarse al pequeño grupo informal de grandes cometas, categoría reservada a objetos que alcanzan brillo excepcional y dejan una marca en la memoria colectiva. O podría desintegrarse en silencio, como muchos otros antes que él. En ambos casos, C/2026 A1 ofrece una lección sobre la dinámica extrema del Sistema Solar. Un cuerpo de apenas unos kilómetros de diámetro se enfrentará a la fuerza gravitatoria y térmica más intensa disponible en nuestro entorno cósmico. Su destino se definirá en cuestión de horas. Para la ciencia y para quienes miran el cielo, abril de 2026 promete un episodio que combinará riesgo, física extrema y la posibilidad de un espectáculo luminoso poco frecuente.

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