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» Clarin
Fecha: 11/02/2026 09:24
En la avenida Corrientes, donde el ritmo suele ser vertiginoso y las marquesinas compiten por llamar la atención, hay un edificio que impone otro tiempo. Se levanta entre los números 1252 y 1264, con una fachada histórica y dos cúpulas que lo vuelven inconfundible. Está en venta y conserva una imagen cuidada, con una fachada reciclada hace años y mantenida en óptimas condiciones, que lo distingue dentro del paisaje urbano de la avenida. El edificio cuenta con protección patrimonial histórica de fachada, otorgada por la Ciudad de Buenos Aires. Forma parte del patrimonio urbano y arquitectónico, y su resguardo alcanza especialmente a sus cúpulas, uno de los elementos más representativos de su identidad visual sobre Corrientes. Se trata de una construcción singular dentro del paisaje urbano de la avenida y, por su escala y características, uno de los últimos edificios de esta magnitud disponibles para proyectos de envergadura sobre Corrientes, lo que lo convierte en una pieza estratégica dentro del entramado urbano. De acuerdo con información aportada por Matías Cusatti, socio gerente de Grupo Magnum, y Gabriela Maselli, el inmueble fue concebido originalmente como edificio de renta, una tipología característica de la primera mitad del siglo XX. La obra corresponde al arquitecto Torrieri, a principios del siglo XX, y es un ejemplo del academicismo francés, estilo que se expresa tanto en su composición general como en los detalles ornamentales de la fachada. El edificio tiene tres cuerpos: dos delanteros de siete pisos, con los departamentos de mayor superficie (dos unidades por nivel) y accesos independientes por los laterales; y un gran cuerpo posterior de cinco niveles, organizado en torno a cuatro patios internos, con unidades de menor tamaño que los bordean, en una disposición típica de la época, cercana al esquema de conventillo, pero dentro de un edificio de categoría. Era un inmueble pensado para alojar a inquilinos de buen pasar económico para la época, acorde a la magnitud del proyecto, su arquitectura y su ubicación privilegiada sobre una de las avenidas culturales y comerciales más importantes de Buenos Aires. En ese sentido, algunos vecinos recuerdan que entre quienes lo habitaban había personas vinculadas al ambiente teatral. El edificio dejó de funcionar como inmueble de renta alrededor de 1980, cuando fue vendido. En ese momento se evaluó la posibilidad de reconvertirlo en hotel, un proyecto que finalmente no se llevó adelante. Desde entonces, atravesó distintas instancias administrativas y de planificación, manteniendo siempre propietarios activos. Pero hace al menos dos décadas que está vacío. Cuenta con 100 unidades funcionales, con departamentos subdivididos en propiedad horizontal, y cuatro locales comerciales en planta baja, aptos para distintos destinos. Se emplaza sobre un terreno de aproximadamente 1.500 metros cuadrados, con un frente de 26 metros por unos 60 metros de profundidad, y dispone de cuatro ascensores y escaleras como sistema de circulación vertical. La historia según sus vecinos En la memoria del barrio aparece una versión persistente: la de los trabajadores de los teatros cercanos. Lo que se decía era que acá vivía gente que laburaba en los teatros, cuenta Sergio Castellano, que llegó a la zona en 2003 con su puesto de diarios y revistas. La hipótesis no resulta descabellada: la cercanía con los teatros y el auge cultural de Corrientes durante buena parte del siglo XX alimentan esa idea, aunque no existan documentos que la confirmen. Cuando Castellano se instaló en la cuadra, el edificio ya estaba vacío. Para él, el inmueble ya era un edificio abandonado con fama de histórico pero sin una historia clara. Creo que le llamaban el Palomar, dice, repitiendo un nombre que circula de boca en boca y que obedecía a la cantidad de departamentos que tiene. Alberto, que desde hace más de tres décadas tiene una librería frente al edificio, también escuchó versiones similares. Está cerrado hace varios años, contó. Supuestamente era una pensión y en algún momento lo tomaron. Le dieron un lavado de cara, repiten los vecinos. La fachada luce prolija, las cúpulas recuperaron presencia y el conjunto no desentona con la avenida, aunque puertas adentro la realidad sea mucho más compleja. A lo largo de los años, la falta de información pública detallada alimentó versiones cruzadas sobre su pasado. Sin embargo, lo que se mantiene constante es su presencia imponente sobre Corrientes y su valor como pieza urbana. La fachada prolija, las cúpulas restauradas y su escala lo convierten en un edificio a la altura de la avenida Corrientes. Hoy, su puesta en venta abre una nueva etapa. No se trata solo de una operación inmobiliaria, sino de la posibilidad de definir el destino de un inmueble histórico en una de las zonas más emblemáticas de la Ciudad, conjugando su valor patrimonial, su arquitectura y las nuevas dinámicas urbanas. SC Sobre la firma Newsletter Clarín
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