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La Paz » Politica con vos
Fecha: 11/02/2026 09:08
Los gastos fijos y deuda ya absorben casi la mitad de los ingresos formales, aunque se explica mayormente por la caída del salario y los ingresos no laborales. De cara a 2026, el panorama no es más alentador. En medio de la caída del poder adquisitivo y el avance de la mora bancaria, el salario disponible que queda a las familias es cada vez menor, en medio de una aceleración inflacionaria. El peso de los gastos fijos y las cuotas de crédito ganaron terreno sobre los ingresos y se volvió a recortar el margen disponible para consumo, un fenómeno que comenzó a consolidarse en la segunda mitad de 2025. En noviembre, el ingreso disponible cayó 1% en términos reales y acumuló su tercera baja mensual consecutiva, según la medición de la consultora Empiria. Se trata de la mayor contracción desde febrero de 2024 y profundizó el retroceso iniciado luego del pico alcanzado en agosto, cuando el indicador había tocado su nivel más alto desde fines de 2023. Se prevé que, con los números finales de diciembre, el ingreso disponible en 2025 haya crecido un 12% con respecto al año previo, aunque con una clara desaceleración a mediados de año y merma en el último cuarto. Esto se explica por la baja base de comparación y el arrastre estadístico por la recuperación de fines de 2024. «En diciembre de 2025 el aumento interanual sería de solo 5% respecto a igual mes de 2024, pero seguirá siendo 3,7% inferior a diciembre de 2023», resaltó. Caída de salarios e ingresos no laborales explicaron la baja del ingreso disponible La caída del ingreso disponible en noviembre respondió a un deterioro generalizado de las fuentes de entrada de dinero, ya que los salarios registrados retrocedieron 0,65% real en ese mes, según datos oficiales del INDEC y cálculos de Ámbito. Con la baja, acumularon tres meses consecutivos de caída. Dentro de ese universo, el sector privado formal mostró una baja de 0,34%, mientras que los salarios públicos registraron una contracción más marcada, del 1,29%. Los ingresos informales también comenzaron a mostrar retrocesos, aunque teniendo en cuenta que tienen un rezago de cinco meses, la caída no fue tan abultada, ya que la inflación de julio fue del 1,9% y el aumento del 1,7%, lo cual implica una baja de 0,21%. Sin embargo, el ajuste fue aún más pronunciado en los ingresos no laborales, que se vieron afectados por el rezago en los mecanismos de actualización frente a la aceleración inflacionaria de los meses previos. Por el ajuste que sufrieron estas categorías, los hogares de menores recursos registraron caídas proporcionalmente más profundas. En los deciles del 1 al 4, el ingreso disponible retrocedió 1,2%, mientras que en los sectores de mayores ingresos la baja fue del 0,9%. La diferencia responde, principalmente, a la mayor incidencia que tienen los gastos esenciales dentro del presupuesto de los hogares más vulnerables. En noviembre, los gastos fijos representaron el 22,7% del ingreso total, lo que implica un incremento de 7,4 puntos porcentuales respecto de dos años atrás. Si bien algunos rubros mostraron alivio en términos reales, como el transporte público y el servicio de agua, esas bajas no lograron compensar las subas registradas en electricidad, expensas y alquileres, que vienen escalando con fuerza mes a mes. Tal es así, que la categoría vivienda escaló 44,2% interanual en noviembre y quedó 12,8 p.p. por encima de la inflación promedio de ese período. Endeudamiento récord de las familias presiona sobre el salario disponible A la presión de los gastos fijos se sumó el crecimiento del endeudamiento, que en noviembre marcó 13 meses ininterrumpidos de aumento y alcanzó un nuevo récord desde 2010, en torno al 8,8%. El deterioro se explica principalmente por el atraso en créditos personales, donde la mora llegó al 11%, y en tarjetas de crédito, que registraron un nivel de 9,2%. En los préstamos prendarios la irregularidad alcanzó el 5,2%, mientras que el crédito hipotecario se mantiene en torno al 1%. En tanto, se refleja un mayor peso de las cuotas de créditos, que ya representan el 26,3% de la masa salarial registrada, el nivel más alto en casi dos décadas. La composición del financiamiento revela además un predominio de instrumentos de corto plazo. Los créditos personales explican 14,6 puntos del total, seguidos por las tarjetas de crédito con 9,3 puntos. En contraste, los préstamos prendarios concentran 1,7 puntos y los hipotecarios apenas 0,7. Ante este escenario, la evolución del ingreso disponible aparece cada vez más condicionada por la interacción entre desinflación, estructura de gastos y nivel de endeudamiento. Aunque el proceso de estabilización podría sostener una mejora gradual del ingreso real durante 2026, la creciente carga financiera de los hogares anticipa un consumo con recuperación más lenta y fragmentada. ¿Qué se espera para 2026? De cara a 2026, Empiria muestra cautela por fenómenos puntuales como la mora bancaria, los salarios e ingresos no laborales, y subraya que de confirmarse una desaceleración de la inflación, la mejora del ingreso disponible será mucho más moderada, en torno al 1%. Aún así no alcanzaría al umbral del año de asunción de Javier Milei. En cuanto a los ingresos no laborales, habrá un ajuste mayor, ya que el Gobierno definió que el nuevo IPC -que refleja los consumos más acorde a la actualidad argentina- no verá la luz. Incluso, trascendió que el Instituto Estadístico podría elaborar otro nuevo índice, con las demoras que supone el caso. Salvando las distancias, Marco Lavagna trabajó en ese nuevo IPC cuatro años, desde 2022 hasta 2026, año en que finalmente iba a debutar. Claro que en el medio quedaron las presiones políticas, años electorales en los que podía influir y discrepancias del Gobierno libertario que tenía como única intención mostrar una desaceleración del dato. Con la marcha atrás del nuevo IPC, el Estado Nacional se ahorraría casi $5 billones por la menor actualización de jubilaciones, pensiones y asignaciones que ajustan de manera automática por el último IPC, así como también los menores pagos asociados a los títulos públicos capitalizables por CER. En total, esta cifra representa poco menos de 0,5% del PBI, según Estudios Económicos del Banco Provincia.
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