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  • Vendimia 2026: hay más uva en los viñedos, pero la actividad sigue con números al límite

    » TN

    Fecha: 09/02/2026 19:41

    Las primeras proyecciones para la vendimia 2026 anticipan un leve repunte en el volumen de uva cosechada. Según estimaciones del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), la producción podría ubicarse entre 5% y 10% por encima de la registrada en 2025. Sin embargo, lejos de generar entusiasmo, el dato es recibido con cautela por productores, trabajadores y referentes del sector, que advierten que el número, por sí solo, no alcanza para cambiar el clima de preocupación que atraviesa a la actividad. Leé también: La temperatura y la ciencia aplicada, claves para el sabor diferencial del maní cordobés La dificultad para contar con información precisa aparece como uno de los principales condicionantes. Hoy no hay una proyección certera porque se dejó de relevar sistemáticamente los viñedos, que era lo que permitía estimar el volumen de producción, señaló Daniel Romero, secretario de prensa de la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (FOEVA). En ese marco, advirtió que la tendencia de los últimos años viene mostrando una baja interanual, por lo que el resultado final dependerá del desarrollo efectivo de la cosecha. A esta falta de previsibilidad se suma un escenario de consumo retraído y márgenes ajustados, que obliga a los distintos eslabones de la cadena a moverse con extrema prudencia. El leve aumento proyectado aparece así más como un alivio momentáneo que como un punto de inflexión. Clima extremo y territorios desiguales El clima volvió a ocupar un lugar central en la ecuación productiva. Durante 2025, las olas de calor extremo que afectaron a provincias como Mendoza y San Juan aceleraron los procesos de maduración, alterando los tiempos habituales de cosecha y comprometiendo la calidad de la uva. A este escenario se sumaron granizadas, plagas y enfermedades que impactaron de manera desigual según la zona. Es una planta noble, que se adapta, pero hoy está en una situación de vulnerabilidad permanente, explicó Romero. Hubo gran parte de la cosecha que se perdió y no pudo destinarse ni siquiera a mosto. La planta está cada vez más expuesta, agregó, describiendo un escenario donde los eventos extremos dejan de ser excepcionales para convertirse en una constante. Leé también: Cómo la evolución térmica y las variables atmosféricas inciden en la producción frutícola y agrícola Si bien en el país comienzan a emerger nuevas regiones vitivinícolas, Mendoza, San Juan, La Rioja y Salta continúan concentrando el núcleo histórico de la actividad y arrastran desafíos estructurales propios. Las provincias tienen contextos diferentes, pero la tendencia general es similar, sostuvo el dirigente gremial, quien no espera un salto productivo significativo, sino más bien un escenario de estabilidad o leve caída. En este contexto fragmentado, la vendimia vuelve a mostrar que no existe una única realidad vitivinícola, sino múltiples territorios atravesados por un mismo trasfondo de incertidumbre. El cooperativismo como sostén del sistema En medio de este escenario tenso, el cooperativismo aparece como uno de los principales pilares de contención económica y social. Un reciente informe presentado por la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (ACOVI) expuso con datos concretos el impacto del sistema cooperativo en la provincia de Mendoza. Según el estudio, el cooperativismo vitivinícola aporta $184.430 millones en Valor Agregado, lo que representa cerca del 30% de la industria vitivinícola mendocina. En términos más amplios, la vitivinicultura en su conjunto explica 12,4% del Producto Bruto Geográfico provincial, mientras que las cooperativas nucleadas en ACOVI concentran el 3,4% del PBG. Leé también: Cómo impactaría en el precio de la carne en la Argentina el acuerdo comercial con Estados Unidos El impacto se refleja con fuerza en el empleo y la distribución del ingreso. El sistema cooperativo genera más de 10.000 puestos de trabajo entre la producción primaria, la elaboración y el fraccionamiento, y distribuye más de $72.000 millones en salarios, consolidándose como un actor clave en las economías regionales. Los datos son absolutamente contundentes de lo que nosotros preveíamos que representaba el sistema cooperativo, destacó el presidente de ACOVI, Fabián Ruggieri. Y agregó: Frente al difícil momento que atraviesa la vitivinicultura, la economía de escala es el camino para hacerle frente a los desafíos que tenemos como sector. Trabajo, tecnología y un futuro en disputa La vendimia sigue siendo el período de mayor intensidad laboral y el momento donde se ponen en juego salarios y condiciones de trabajo. Aunque las paritarias se negocian a nivel nacional, muchas diferencias se definen al pie del viñedo, en un contexto cada vez más atravesado por la tecnificación. La actividad se está tecnificando cada vez más y eso reduce la demanda de mano de obra, advirtió Romero, quien vinculó este proceso con los altos costos impositivos y la incorporación de tecnología importada o soluciones provenientes de países vecinos como Chile. Leé también: La nuez pecán pide pista tras una reglamentación clave A esa mirada se sumó el gerente de ACOVI, Nicolás Vicchi, quien puso el foco en el rol estratégico que cumple el modelo cooperativo para los productores en un contexto de alta incertidumbre. El cooperativismo es un modelo empresario eficiente que otorga previsibilidad y estabilidad al viticultor, afirmó, al destacar que permite integrarse a una cadena de valor que no solo genera empleo, sino que también fortalece el entramado económico y social de las economías regionales. En ese sentido, subrayó que los datos del informe constituyen un insumo clave para el diseño de políticas públicas orientadas a incentivar la integración productiva y acompañar a los productores en su adaptación a las nuevas demandas del mercado. Leé también: El consumo total de carnes creció 3,85% en 2025 y alcanzó su nivel más alto de los últimos 5 años en Argentina Así, la vendimia 2026 vuelve a reflejar el pulso económico y social de una de las economías regionales más emblemáticas del país. El leve repunte productivo proyectado no alcanza para disipar las dudas, pero sí pone en evidencia la necesidad de sostener el empleo, fortalecer los modelos asociativos y encontrar equilibrio en un sector que, una vez más, transita entre la esperanza y la tensión.

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