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» Clarin
Fecha: 09/02/2026 06:40
La Ley de Modernización Laboral propuesta por el Gobierno Nacional se negocia con los gobernadores provinciales, en el contexto de los intereses locales, y prescindiendo la letra misma de la norma, con la que parece que la mayoría coincide. Es dramático observar el desconocimiento que hay del texto propuesto, y de sus alcances, lo que ha provocado no pocos papelones entre los detractores, y aún entre quienes defendían la reforma misma. Nadie ha rescatado la letra chica del proyecto, que es de alta complejidad aún para expertos, y que hemos visualizado que los detractores en general no lo pudieron leer, y se guiaron por comentarios dispersos de sus pares. Los 198 artículos del proyecto propician la libertad contractual, la eliminación de trabajas que la impidan, mantiene los institutos laborales en términos razonables, y enfrenta una serie de desvíos que se han producido en la legislación, en los convenios colectivos, y los usos y costumbre, que fueron y son contrarios a la cultura del trabajo. Las reformas incluyen el blanqueo de más de ocho (8) millones de trabajadores en negro, la modernización de la relación laboral a la luz de las nuevas tecnologías, genera un sistema de protección especial para asegurar el pago de la indemnización por despido (fondos de cese), reglamenta la huelga en los servicios esenciales, limita la ultractividad de las cláusulas convencionales, y restringe el amparo ahora irrestricto de la protección de los representantes gremiales a través de la tutela sindical. En síntesis, trata de colocar el marco regulatorio a la altura de lo que está experimentándose en los países líderes de la economía mundial. A todo evento, en el Senado se logró -antes de finalizar las sesiones de 2025- el dictamen favorable, de modo que la plataforma de cualquier debate será el texto oficial del Gobierno Nacional. Los senadores y los diputados detractores tendrán que estudiar el contenido de la propuesta, ya que todos ellos fundamentan sus objeciones en declaraciones dogmáticas y de supuestos principios que son violentados por el proyecto, tratando de parapetarse en la legislación vigente que está fracasando en todos los planos de análisis posible. En efecto, las leyes vigentes son anacrónicas, y no mencionan en ninguna de sus normas las tecnologías exponenciales (informática, robótica, inteligencia artificial generativa) y refieren a institutos que ya no existen. El 70% de la Ley de Contrato de Trabajo es letra muerta. Entre otras antigüedades tenemos por ejemplo los recibos que son de papel, el libro de sueldo es de papel y se debe rubricar con un sello de la autoridad de aplicación, la remuneración hay que pagarla en dinero físico, los controles médicos requieren certificados de papel, el régimen disciplinario, las modalidades contractuales requieren de un contrato también suscripto en papel, el certificado de trabaja se entrega en papel y en forma manual, y muchos ejemplos más. En otros términos, los que quieren preservar el status quo se sienten sólidos en un escenario de retraso, que nos deja fuera de toda posibilidad de insertarnos en el mundo, en las condiciones y dentro de los desafíos que exhibe la realidad. Es falso afirmar, como lo hacen los detractores, que los derechos fundamentales del trabajador están conculcados o comprometidos, Ninguno de los derechos fundamentales han sido derogados, a saber: el principio de irrenunciabilidad, el principio protectorio (la ley más favorable, la condición más favorable, y la duda en favor del trabajador) el principio de gratuidad, el principio de continuidad, el de primacía de la realidad, el gradualismo y el principio de progresividad y otros. Reiteramos, ninguno ha perdido vigencia. Al contrario, están garantizados en la ley, por la Constitución Nacional, y en los Tratados Internacionales de los Derechos Humanos y los Convenios de la OIT. La legislación laboral es un esqueleto que refleja el trabajo humano en el contexto de una sociedad determinada en función de la cultura del esfuerzo y de la superación, indispensables hoy para progresar y desarrollarse. Si mantenemos la vieja legislación, aseguramos el fracaso de todos los proyectos que ya están en marcha, y que requieren de un marco regulatorio apropiado, que genere confianza, predictibilidad, y que asegure reglas de juego claras y proyectadas en el tiempo con seguridad jurídica. Si se aprueba la reforma laboral tendremos las bases de una oportunidad histórica salir de la decadencia, y enfrentar con herramientas apropiadas los desafíos tecnológicos, con empleo y empleabilidad de calidad para todos. Sobre la firma Newsletter Clarín
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