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Fecha: 07/02/2026 05:54
En la mañana del 16 de febrero de 1981, los vecinos del tranquilo pueblo de Brookfield, en el estado de Connecticut, quedaron perplejos frente a un crimen tan brutal como sangriento. Un joven de 19 años, Arne Cheyenne Johnson, había asesinado a puñaladas a su vecino, un hombre de 40 años, frente a varios testigos. Sin embargo, lo que convirtió a ese homicidio en uno de los casos más inquietantes de la historia judicial de Estados Unidos no fue solo la violencia del ataque, sino la explicación que daría el acusado. Aseguró que no había sido él quien mató, sino una entidad demoníaca que lo había poseído. Por primera vez, una defensa legal intentaba probar en un tribunal que el diablo lo obligó a hacerlo. Leé también: Salió a navegar con su madre, ella desapareció y una herencia millonaria lo delató: el caso de Nathan Carman Un crimen brutal A mediados de 1980, Arne Johnson se mudó a la casa de su novia, Debbie Glatzel, y generó un vínculo muy cercano con sus padres y el resto de sus hermanos. Sin embargo, con el que mejor se llevaba era con el más chico, David, un nene de 11 años que desde hacía meses sufría de episodios inexplicables: convulsiones, gritos y comportamientos violentos. Aquel 16 de febrero, Johnson no fue a trabajar porque dijo que se sentía mal, y se reunió con su novia en la perrera donde ella trabajaba, junto a su hermana Wanda y Mary, una prima de nueve años. Alan Bono, propietario del lugar y empleador de Debbie, invitó al grupo a almorzar en un bar cercano, donde tomó bebidas alcohólicas en exceso. Al volver a la perrera, Alan se alteró: tomó a la nena de un brazo y se negó a soltarla, lo que desató la tensión entre ellos. En medio de la secuencia, Arne le exigió al hombre que la soltara. Según el testimonio de Wanda ante la Policía, Mary logró escapar hacia el auto mientras Debbie intentaba separarlos para calmar el conflicto. Sin embargo, la situación se descontroló: Johnson sacó una navaja de unos 13 centímetros y apuñaló varias veces a Bono. El dueño de la perrera sufrió múltiples heridas en el pecho y el abdomen, aunque cinco lesiones fueron las más graves. Rápidamente, fue trasladado de urgencia a un hospital cercano, donde murió varias horas después. Arne Johnson fue detenido a unos tres kilómetros del lugar, mientras la víctima aún era atendida. En ese momento, le dijo a un policía que no había querido lastimar a nadie y que no recordaba lo ocurrido. De esta manera, el crimen de Alan Bono se convirtió en el primer asesinato ocurrido en el pueblo de Brookfield, luego de 193 años de su fundación. El diablo me obligó a hacerlo La defensa que luego se presentaría en el juicio contra Johnson se basó en una serie de hechos que ocurrieron meses antes del asesinato de Bono. En 1980, la familia Glatzel comenzó a afirmar que David, el hijo menor, estaba poseído. El chico aseguraba ver una figura oscura con cuernos, ojos rojos y alas que lo amenazaba. Los episodios se intensificaron al punto de que la familia acudió a la Iglesia Católica. Ante la gravedad de la situación, intervinieron los famosos investigadores de hechos paranormales, Ed y Lorraine Warren, conocidos por casos como el de Amityville y el de Enfield. Según su testimonio, David estaba poseído por un demonio y fue sometido a varios rituales de exorcismo, algunos de ellos no oficiales pero presenciados por sacerdotes. Durante uno de esos rituales, Arne Johnson habría desafiado a la supuesta entidad. Los familiares de David que fueron testigos del hecho aseguraron que gritó: ¡Déjalo en paz y entra en mí!. A partir de ese momento, según la versión de la defensa, el comportamiento de Johnson cambió radicalmente. Comenzó a tener episodios de violencia, lagunas mentales y actitudes que su entorno describió como fuera de control. Una defensa inédita Durante el juicio, la fiscalía fue contundente desde el primer momento: Arne Johnson había cometido un homicidio y debía ser condenado por ello. No había dudas sobre su autoría ni sobre la violencia del ataque, principalmente porque varios testigos dieron cada detalle del hecho en su declaración. Sin embargo, la defensa decidió ir por un camino nunca antes transitado en un proceso judicial en Estados Unidos. El abogado del joven de 19 años, Martin Minella, intentó presentar una estrategia inédita: alegó que el acusado no era responsable de sus actos porque estaba poseído por una entidad demoníaca. Para sostener esta teoría, citó los exorcismos practicados a su cuñado David Glatzel, los testimonios de los Warren y de sacerdotes que aseguraban haber presenciado fenómenos inexplicables. A pesar de ello, el juez Robert Callahan, a cargo de la causa, fue tajante y consideró que la posesión demoníaca no podía ser admitida como argumento legal válido por falta de pruebas científicas que lo respaldaran. Fue así como esta defensa fue rechazada. Posteriormente, Johnson cambió de estrategia y sostuvo haber actuado en defensa propia, en busca de que se lo juzgue por el delito de homicidio involuntario. Aun así, el caso ya había captado la atención de los medios de todo el país. Los titulares hablaban del juicio del Diablo y de un asesinato que conmocionó a la sociedad estadounidense por la brutalidad con la que se llevó a cabo. En noviembre de 1981, Arne Johnson fue declarado culpable de homicidio en primer grado, aunque el jurado descartó la premeditación. Por ello, recibió una condena entre 10 y 20 años de prisión, aunque el joven solo cumplió cinco de la misma, ya que fue liberado por buena conducta. Leé también: Un falso secuestro y 900 días de incertidumbre: el caso de la joven que fue asesinada cuando salió a correr Mientras estaba en la cárcel, se casó con su novia Debbie y luego de salir llevó una vida alejada de los medios. Sin embargo, décadas después, su historia volvió a hacerse conocida por la publicación de libros, documentales y la película El Conjuro 3: El diablo me obligó a hacerlo.
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