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Parana » AnalisisDigital
Fecha: 05/02/2026 15:58
Manuel Troncoso El pasado martes, tres de febrero, se conmemoraron los 174 años de la Batalla de Caseros, quizás la fecha más importante para la historia del pueblo entrerriano y, también, por demás significativa para el devenir de la historia nacional, ya que marcó el punto de inflexión para la organización de las bases del Estado moderno, oficiando como antesala de la primera Constitución Nacional de 1853. En razón de ello, el acto conmemorativo llevado adelante por nuestro gobernador, Rogelio Frigerio, no fue un acto más. Y vale la pena detenernos un momento en esto. El homenaje se llevó a cabo en el Palacio de San José, residencia en vida del General Justo José de Urquiza. Resulta paradójico que ese monumento histórico, tan caro al afecto de nuestro pueblo, haya sido expuesto durante años al deterioro y la decadencia, producto del poco interés de los distintos gobiernos nacionales al tratarse de patrimonio nacional, pero también de la desidia y la falta de gestión de sucesivas administraciones provinciales. Esto ha sido señalado en reiteradas oportunidades por nuestro gobernador. Pero, como decía el poeta Konstantinos Kavafis, no mengua la desgracia aunque la cuentes. El hombre de Estado, además de señalar el error, debe generar políticas públicas para revertirlo. Y es precisamente lo que anunciamos: la firma de un convenio histórico entre la provincia y la Nación para gestionar y administrar el inmueble de manera conjunta, llevando adelante importantes reformas edilicias que serán realizadas por el estado entrerriano. Más allá del valor entrañablemente simbólico de recuperar el Palacio, no puedo dejar de soslayar la importancia del discurso del gobernador en términos metapolíticos, porque detrás de todo gran proyecto de gobierno siempre hay un arcano. En varios pasajes, el gobernador Frigerio hizo hincapié en la necesidad de recuperar los bienes inmateriales e intangibles que cimentaron las bases de la provincia y la Nación: orden, progreso, organización del Estado, apego a las leyes e institucionalidad. Según el filósofo escocés Alasdair McIntyre, en su libro Tras la virtud, la modernidad, producto de la Ilustración racionalista, escinde la moral de la ética, generando un problema profundo para el desarrollo de las democracias. Se diseñó una ética sin comunidad ni finalidad humana, y frente a ello propone volver a la virtud. Para eso desarrolla el concepto de prácticas política, literatura, enseñanza, medicina, cada una con bienes internos como la justicia, la trascendencia y la honorabilidad, y bienes externos como la riqueza o la fama. Cuando estos últimos cooptan una práctica, la desvirtúan. Allí cobra sentido no solo lo que el gobernador dice, sino también lo que hace. El proceso histórico de reordenamiento, modernización y reorganización del Estado que impulsa no se funda únicamente en la eficiencia administrativa o el equilibrio fiscal, sino en la necesidad de reconciliar a la ciudadanía con la política, que sigue siendo la mejor herramienta para transformar la realidad. No podemos construir democracia desde los márgenes: debemos hacerlo con responsabilidad y con los pies en la tierra. Por eso fue elocuente la presencia de vecinos y familias, con sillones, mates y termos, acompañando el acto y celebrando la gesta entrerriana. Por todo esto, el tres de febrero se resignifica. Sobran motivos para que los entrerrianos estemos orgullosos. Tenemos un gobernador que sabe lo que hace y está dispuesto a dar esta pelea. Ésta es nuestra gran batalla, ésta es nuestra nueva Caseros.
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