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  • Un falso secuestro y 900 días de incertidumbre: el caso de la joven que fue asesinada cuando salió a correr

    » TN

    Fecha: 05/02/2026 06:09

    El 12 de abril de 1993, Anabel Segura, una joven española de 22 años, salió de su casa en el barrio La Moraleja, en Madrid, para correr y hacer ejercicio, una actividad que era parte de su rutina. Sin embargo, con el correr de las horas, no volvió a su casa y su familia comenzó a preocuparse por su ausencia. El secuestro fue rápido, silencioso y a plena luz del día. Durante meses, el nombre de la chica encabezó las noticias de los medios nacionales, ya que fue una historia que impactó a toda España por la incertidumbre en la que estaba sumergida la familia de la víctima. Leé también: Salió a navegar con su madre, ella desapareció y una herencia millonaria lo delató: el caso de Nathan Carman Recién 900 días después, cuando el caso ya parecía no tener más avances, la verdad salió a la luz con un hallazgo que dio un giro por completo a la investigación y que confirmó el peor de los desenlaces. Un falso secuestro Anabel Segura era hija de José Segura Nájera, un empresario español de alto perfil, que se dedicaba al sector de las petroquímicas y que había iniciado sus negocios en Alemania, donde conoció a su esposa, Sigrid Follers. La familia tenía una buena posición económica, lo cual convirtió a la joven en un blanco perfecto para dos hombres que buscaban dinero rápido. Emilio Muñoz y Cándido Ortiz, dos jóvenes sin antecedentes penales graves, idearon un plan para raptar a la hija del empresario y exigir un rescate millonario. Ese lunes 12 de abril, Anabel salió a correr sola por la tarde por una zona tranquila del barrio La Moraleja. Sin advertirlo, fue interceptada por los secuestradores, que la obligaron a subir a un auto a la fuerza. El único testigo que llegó a ver algo fue un jardinero de un colegio cercano. Según su testimonio, vio que una chica rubia había sido subida a una camioneta blanca, que se alejó con rapidez. Pero no llegó a ver la patente. La víctima fue trasladada a una fábrica de ladrillos abandonada, ubicada en Numancia de la Sagra, a varios kilómetros de distancia. El plan original consistía en mantenerla con vida mientras negociaban el rescate con la familia, pero a las seis horas del secuestro, Anabel fue estrangulada con una cuerda por uno de los agresores. Luego, ambos escondieron su cuerpo en una fosa que construyeron en el predio. A pesar de que la joven ya había muerto, los secuestradores se comunicaron con la familia para exigirle más de 900 mil euros. Durante varios días, los Segura vivieron aferrados a la esperanza de que Anabel volviera con vida a su casa. Pistas falsas y un error clave Desde el primer momento, la desaparición de Anabel implicó que se desplegara un amplio operativo policial. La familia denunció rápidamente el hecho y la Policía Nacional comenzó a trabajar bajo la hipótesis de un secuestro extorsivo. Las sospechas se confirmaron cuando comenzaron a llegar llamadas teléfonicas de los captores, que fueron alrededor de 20. Las comunicaciones fueron tensas, confusas y llenas de contradicciones, lo cual llevó a los investigadores a pensar que detrás el crimen había desorganización y poca experiencia. La mayoría de ellas se realizaron en teléfonos públicos que estaban en una misma zona y daban cuenta de que los criminales no tenían un discurso claro. Cuando los padres de Anabel exigieron una prueba de vida en una llamada, los secuestradores enviaron una grabación en cinta con una voz femenina similar a la de la víctima, pero no era su hija. Felisa García, esposa de Emilio Muñoz, se convirtió en cómplice para fingir ser la joven y mantener en pie el relato de que seguía viva. Uno de los momentos clave del caso fue el intento fallido de entrega del rescate. En ese momento, los policías montaron un operativo de vigilancia para seguir las instrucciones de los secuestradores y atraparlos al momento del cobro. Pero la entrega nunca se concretó. Mientras tanto, los investigadores comenzaron a hacer un análisis profundo de las llamadas y lograron identificar patrones en las voces y en los lugares desde donde se realizaban. De esta manera, lograron detectar la voz de una persona perteneciente a Toledo, y pudieron descifrar su edad aproximada. Con estos datos y más tareas de inteligencia, los efectivos identificaron a Emilio Muñoz y Cándido Ortiz, dos hombres con rutinas que empezaron a encajar con las pistas que se habían recolectado hasta el momento. El 28 de septiembre de 1995, ambos fueron detenidos, al igual que García, y confesaron el crimen. Además, colaboraron con la Policía y los guiaron hasta el lugar donde habían ocultado el cuerpo de Anabel Segura. Poco después, los efectivos hallaron el cadáver de la joven de 22 años en un pozo profundo y oculto dentro del predio de la fábrica. Había permanecido allí durante 900 días, por lo que ya se encontraba en un estado avanzado de descomposición. La autopsia determinó que Anabel había muerto por asfixia, pero que también había sufrido múltiples fracturas, además de la amputación de su brazo derecho. Estas heridas llevaron a los peritos a pensar que la víctima pudo haber sido atropellada en varias ocasiones por un vehículo. Leé también: Le molestaban los ruidos que hacían los hijos de su vecina y la mató: el caso del documental nominado al Oscar José Segura y Sigrid Follers -los padres de Anabel- no dejaron de pedir justicia por su hija durante toda la búsqueda. Sin embargo, tras el hallazgo del cuerpo, ambos decidieron permanecer con un perfil bajo. Los padres de Anabel no están dominados por el odio, pero exigen todo el peso de la ley y la justicia contra los secuestradores y asesinos de Anabel, expresó el abogado del matrimonio en ese momento. Los tres acusados fueron llevados a juicio y en 1999, la Audiencia Provincial de Toledo los declaró culpables de la muerte de Anabel Segura. Tanto Muñoz como Ortiz fueron condenados a 43 años y seis meses de cárcel como coautores del homicidio, mientras que García fue sentenciada a dos años y cuatro meses por encubrimiento. La mujer que imitó la voz de Anabel nunca llegó a cumplir su condena, ya que su familia pagó la fianza. Por su parte, Ortiz murió de un infarto en la cárcel de Ocaña en 2009, mientras que Muñoz salió en libertad en 2013. Cometimos una locura. El delito lo he pagado y he pedido perdón, expresó el último, según informó La Sexta.

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