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Fecha: 04/02/2026 16:58
Esta semana, la NASA volvió a posponer el lanzamiento de la misión Artemis II, originalmente previsto para febrero, y lo trasladó a marzo. La decisión llegó tras un nuevo ensayo de carga de combustible que terminó abortado debido a fugas de hidrógeno líquido, un problema recurrente en la historia del Space Launch System (SLS), el cohete más grande y costoso de la agencia espacial estadounidense. Leé también: La NASA retrasa el lanzamiento de su histórica misión lunar Artemis II Durante años, la NASA evitó decirlo en voz alta, pero finalmente lo reconoció: el SLS vuela tan poco que cada misión es casi como un evento experimental. El SLS y una historia marcada por demoras, sobrecostos y complejidades técnicas Con más de US$ 30.000 millones invertidos desde su concepción y un costo superior a US$2000 millones por lanzamiento, la NASA reconoció que el cohete SLS enfrenta un obstáculo que no es tecnológico en sentido estricto, sino operativo: pasan años entre un vuelo y el siguiente. Esa pausa prolongada impide consolidar experiencia, corregir fallas de forma definitiva y transformar el sistema en una plataforma confiable. La última señal de alarma surgió en enero, durante un nuevo ensayo de carga de combustible para Artemis II, la misión que debe llevar astronautas a orbitar la Luna. Al igual que en el debut del SLS en 2022, volvieron a aparecer fugas de hidrógeno líquido en puntos críticos de la interfaz entre el cohete y la infraestructura terrestre. Tras horas de intentos de mitigación, el ensayo terminó abortado y el lanzamiento previsto para febrero se pasó para marzo. Leé también: Artemis II: el curioso motivo por el que el cohete que irá a la Luna es de color naranja Las fugas de hidrógeno no son un problema menor. Se trata de un combustible extremadamente volátil, con moléculas tan pequeñas que cualquier imperfección en sellos y válvulas puede derivar en pérdidas. Al respecto, la NASA asegura haber efectuado pruebas en componentes tras Artemis I, pero admitió que reproducir en tierra las condiciones reales de carga es limitado. Cada campaña de lanzamiento se convierte así en un nuevo proceso de aprendizaje. El punto de quiebre llegó cuando el nuevo administrador de la NASA, Jared Isaacman, puso el foco en un tema que durante años quedó fuera del discurso oficial: el ritmo de vuelos. Reconoció públicamente que el SLS tiene la tasa de lanzamiento más baja de cualquier vehículo diseñado por la agencia y que ese dato debería ser parte central de la discusión. No fue una frase aislada ni menor. En un programa de estas características, volar poco significa operar siempre al límite de lo desconocido. Esa idea fue reforzada por Amit Kshatriya, uno de los máximos responsables técnicos de la NASA, quien admitió que tres años entre el primer y el segundo lanzamiento es un intervalo demasiado largo. Leé también: Artemis II: qué son las ventanas de lanzamiento y cuáles son los factores que definen el despegue de la nave Los costos de las pruebas y el contexto político A diferencia de la industria espacial privada, donde se construyen tanques de prueba y se realizan campañas intensivas de ensayo, el SLS es tan caro que no hay margen para experimentar sin riesgo. Incluso un daño en la torre de lanzamiento, valuada en más de US$ 1000 millones, sería un golpe difícil de absorber. El resultado es un sistema que aprende lentamente y a un costo altísimo. Mientras tanto, el contexto político suma presión. La administración estadounidense busca limitar el uso del SLS a unas pocas misiones más, incluida Artemis III, que apunta a un alunizaje tripulado. En cambio, el Congreso ya aprobó fondos para más lanzamientos. El reconocimiento de este problema no resuelve las demoras ni las cancelaciones, pero sí cambia el tono del debate. Aceptar que el cohete vuela poco y que cada misión es, en parte, un experimento, abre la puerta a discutir si ese modelo es sostenible para un programa lunar que aspira a continuidad. Por ahora, el talón de Aquiles del SLS sigue expuesto: un gigante diseñado para volver a la Luna, pero que despega tan poco que parece que siempre está en etapa de pruebas.
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