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Parana » Analisis Litoral
Fecha: 04/02/2026 15:17
Mientras el debate político argentino vuelve a girar como tantas veces alrededor del endeudamiento externo, una imagen resume con crudeza lo que el discurso suele maquillar: la deuda pública no es patrimonio de un solo signo político, pero sí tiene responsables claros según los períodos de gobierno. El gráfico difundido, elaborado en base a datos del Ministerio de Economía y el Banco Central (fuente: Econométrica), muestra la evolución del stock de deuda pública nacional entre 2001 y 2025, expresada en miles de millones de dólares. Y los números hablan por sí solos. En 2001, la deuda se ubicaba en torno a los USD 144.000 millones. Para 2023, tras más de dos décadas atravesadas mayormente por gobiernos peronistas, el stock trepó hasta los USD 529.000 millones, lo que implica un aumento de USD 385.000 millones. Una cifra difícil de relativizar, incluso para los defensores más entusiastas del desendeudamiento discursivo. Durante el período de Cambiemos, el incremento fue considerable pero menor en términos comparativos: USD 61.000 millones, en un contexto de déficit heredado, atraso tarifario, default selectivo y un Estado sin financiamiento genuino. Aun así, ese endeudamiento fue y sigue siendo uno de los ejes centrales de la crítica política. El dato que rompe el tablero aparece al final del gráfico: La Libertad Avanza, con una variación negativa de USD 47.000 millones proyectada a diciembre de 2025. Es decir, una reducción del stock de deuda, algo inédito en un país acostumbrado a patear obligaciones hacia adelante y socializar costos futuros. Lo que no se dice El problema de fondo no es solo cuánto se debe, sino para qué se endeudó el país. Porque mientras el relato insistía en soberanía económica, industrialización y justicia social, los números muestran un crecimiento explosivo de la deuda sin correlato visible en infraestructura, desarrollo productivo o mejora estructural de la calidad de vida. La deuda no se fue en rutas, puertos o energía. Se fue, en gran medida, en gasto corriente, subsidios mal direccionados, corrupción estructural y un Estado elefantiásico que nunca rindió cuentas. Memoria política vs. amnesia selectiva La imagen incomoda porque obliga a recordar. Y en Argentina, la memoria suele ser selectiva. Se demoniza un período y se romantiza otro, aun cuando los números desmientan el relato. La discusión de la deuda no puede seguir siendo ideológica ni sentimental. Es matemática, histórica y concreta. Y cada dólar que hoy se debe es una decisión política tomada ayer. La pregunta, entonces, no es quién se endeudó más en el discurso, sino quién dejó el país en mejores condiciones para pagar sin condenar a las próximas generaciones. Y esa respuesta aunque moleste empieza a quedar cada vez más clara.
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