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» La Nacion
Fecha: 04/02/2026 11:00
Franco Agamenone, el tenista argentino que juega para Italia, fue castigado por doping y salió adelante ROSARIO. Se acerca la medianoche y el Jockey Club sigue tan vibrante como si fuera un sábado a la tarde. En la cancha 2 del estadio montado para el Challenger que más puntos entrega en el país, la modesta tribuna sigue repleta para ver un partido de dobles sin figuras rutilantes. Allí emerge como ganador -en dobles-, tras una actuación sólida, Franco Agamenone. No importa el horario ni el hambre, el riocuartense accede a la entrevista. La bandera de Italia sucede al apellido Agamenone en los registros oficiales de la ATP, pero la tonada cordobesa lo delata. Formado en la escuelita de Estudiantes de Río Cuarto, hincha de la primera hora del equipo recientemente ascendido al punto de seguirlo por todo el interior y sufrir persecución policial, terminó de formarse en la academia que fundó su padre y dio el salto al profesionalismo de muy joven. Pero una suspensión de 10 meses por doping en 2019 que considera excesiva y, al regreso, la pandemia, pusieron en jaque su carrera y lo obligaron a tomar un nuevo rumbo. Se mudó a Lecce con su pareja, comenzó a jugar interclubes y decidió adoptar la doble nacionalidad. La suspensión fue algo muy duro, pero tuve que seguir. Di clases de tenis en Buenos Aires para mantenerme, le cuenta a LA NACION en el restaurante de La Dulce, convertido en la sala de jugadores del único Challenger 125 de la Argentina, que cuenta con presencia de cuatro top 100 y nombres de peso como los de Franco Comesaña, Juan Manuel Cerúndolo y el campeón defensor, Camilo Ugo Carabelli. Salí (de la suspensión por doping) más fuerte y con más ganas. Después vino la pandemia, otro golpe, pero de todo se aprende. Si uno quiere algo, tiene que perseverar, apunta Agamenone. A los 32 años, el cordobés comenzó la temporada ganando el Challenger del Tenis Club Argentino, en Palermo, el sexto de su carrera, y disfruta su excepcionalmente prolongada estadía en la Argentina, con la mira puesta en recuperar su mejor forma, la que lo llevó a ser 108° del mundo en agosto de 2022 (hoy figura 264º). Es la primera vez que juego este certamen y la verdad que es muy bueno, muy lindo. Creo que es uno de los mejores clubes y está buenísimo poder jugar con estas instalaciones. Además, es un Challenger grande y eso eleva el nivel en todo sentido. Estoy muy contento de estar acá y de jugar este torneo, continúa Franco, que anoche perdió en la primera ronda de singles ante Hugo Dellien (Bolivia) por 6-2 y 6-3. Fue muy importante ganar en Buenos Aires. No solo por haber ganado el torneo, sino por hacerlo en Argentina, con toda mi familia y mis amigos. Es algo muy especial jugar acá. Son torneos que uno siempre quiere hacerlo bien porque jugás con tu gente, con todos alentando. Eso lo hace todavía más especial. Acá a Rosaroi vinieron mi novia, mi hija, mi suegro y mis cuñados, que son de Buenos Aires. Si avanzo un poco seguro vienen todos de Río Cuarto. Siempre está la banda presente, agrega Agamenone, que está en los cuartos de final de dobles, en pareja con el argentino Santiago Rodríguez Taverna. ¿Cómo fueron tus inicios en el tenis? Arranqué de chico. Mis papás jugaban tenis criollo, que en Córdoba es bastante común; un deporte amateur. Las canchas son de cemento, parecidas en dimensiones, y se juega con paleta de madera. Desde que nací me llevaban los domingos y yo ya estaba con la paleta todo el día. A los cinco años empecé la escuelita en Estudiantes de Río Cuarto y desde ahí no paré. Siempre lo hice con mucha pasión y después se fue dando la carrera. ¿Sos hincha de Estudiantes de Río Cuarto en fútbol? Sí, totalmente. Estuve en las malas: en el Argentino B, en el Argentino A, viajando a todos lados de visitante. Fui a Pergamino, Villa María, Desamparados en San Juan, donde nos corrieron con la policía. Muchas anécdotas y aventuras con amigos. Soy muy apasionado del fútbol. ¿Cómo fue tu ingreso en el circuito profesional? ¿Cuándo decidiste dedicarte de lleno al tenis? Cuando tenía 12 años no había muchos entrenadores en Río Cuarto. Mi papá contactó a Sergio González, que estaba en San Luis, y le ofreció hacerle una cancha en Río Cuarto. Después fueron dos, tres canchas, para que él pudiera tener su escuela. Con el tiempo se convirtió en un complejo en el que hoy trabaja mi familia y del que viven. Desde que vino Sergio empecé a entrenar de manera profesional. Hacía el colegio a distancia y entrenaba doble turno. Jugaba la gira sudamericana [COSAT], los torneos nacionales. A los 15 o 16 salté directamente a jugar Futures y saqué mi primer punto. Después me costó bastante, tuve varios años difíciles hasta que me fui insertando de a poco en el circuito. ¿En qué momento sentís que se produjo el quiebre en tu carrera? Cuando me fui a Italia. Antes no había llegado a un ranking que me permitiera vivir del tenis o entrar en qualies de Grand Slam. Eso empezó a cambiar allá. ¿Cómo fue la decisión de irte a Italia? Después de la pandemia me llamaron para jugar interclubes en Lecce, donde me entreno actualmente. No había torneos y era una oportunidad para competir y ganar algo de plata. Empecé así, con ese ambiente, y cuando se reabrió el circuito europeo decidí buscar entrenador allá. Probé un par de semanas, me gustó y a fin de año nos fuimos a vivir a Italia con mi novia. ¿El cambio de nacionalidad fue una condición para competir? Sí. En ese momento los torneos por plata solo se podían jugar representando a Italia. Tomé la decisión para poder jugar y seguí adelante con eso. Ahora vivimos en Lecce. Estamos muy contentos. Después viajo por todo el mundo. Este año decidí hacer una gira más larga por Argentina, que no es fácil por los costos y la logística, pero lo pude organizar y estoy feliz de estar acá. En 2019 atravesaste una suspensión por doping. ¿Qué fue lo que pasó? Trabajaba con una médica muy reconocida en Buenos Aires que me daba suplementos de su laboratorio. Esos suplementos estaban contaminados. En un torneo en Pinamar me hicieron un control y dio positivo. Yo ya estaba en Europa cuando me avisaron. Fue un momento durísimo: estaba solo, no lo podía creer, porque no había hecho nada mal. Después se comprobó que todo el lote estaba contaminado, pero igual me suspendieron por negligencia por diez meses. ¿Cómo se explica una sanción así al lado de otros casos como el de Jannik Sinner, que recibió sólo tres meses? Fueron casos distintos, pero hay muchas cosas que no tienen sentido. Me suspendieron diez meses porque a jugadores anteriores les habían dado positivo y, según eso, van aumentando las penas. Si fuera así, los próximos deberían recibir dos, tres o cinco años. No tiene lógica. ¿Cómo lograste salir adelante después de la suspensión? Fue muy duro, pero tuve que seguir. Di clases de tenis en Buenos Aires para mantenerme, hice cosas que nunca había podido hacer, como jugar al fútbol con mis amigos. Salí más fuerte y con más ganas. Después vino la pandemia, otro golpe, pero de todo se aprende. Si uno quiere algo, tiene que perseverar. En los últimos años Italia produjo muchos jugadores de alto nivel. ¿A qué lo atribuís? Hay un gran trabajo de la Federación Italiana, que invierte desde hace mucho tiempo. Hay buen nivel de base, entrenadores y formadores, y un apoyo muy fuerte a los jugadores. Por eso hoy se ven los resultados. ¿Por qué en Argentina está costando sacar buenos jugadores? No creo que sea así. Acá se está invirtiendo mucho en torneos como éste y se están viendo los resultados. Hay un potencial enorme. Tal vez no tengamos hoy cuatro top ten como hace 15 años, pero esos fueron casos muy especiales. El tenis argentino mejoró mucho y va a seguir creciendo. Otras noticias de El circuito ATP Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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