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Parana » Valor Local
Fecha: 04/02/2026 10:31
Se trata de la inflación subyacente, una medición que surge a partir de los datos que difunde el organismo estadístico. El objetivo es quitar los elementos más volátiles que hacen difícil determinar la velocidad de suba de los precios. Este nuevo indicador que elaborará el Central tendrá un rol clave. Su evolución definirá hasta qué punto es posible seguir avanzando con la fase 4 del plan monetario. Eso significa que si la inflación subyacente baja, entonces habrá más espacio para seguir comprando dólares y expandir la cantidad de dinero. ¿De qué se trata esta nueva medición? El propio BCRA lo explica en el reciente Informe de Política Monetaria (IPOM). Es un índice que surge a partir de la medición del Indec de la inflación núcleo, que excluye de la medición general los productos estacionales y los regulados. Sin embargo, el Central considera que se trata de una estimación que sigue teniendo mucha volatilidad. Por lo tanto, eliminaron algunos componentes que justamente generan altibajos de mes a mes. En este caso, prescindieron de los precios de la carne y de la evolución de los alquileres y gastos conexos, como es el caso de las expensas. - EL PRESIDENTE DEL BANCO CENTRAL El presidente del Banco Central de Argentina, Santiago Bausili, durante un foro del FMI, en Washington DC (EE.UU.). EFE/Lenin Nolly A efectos de identificarla de manera sencilla y distinguirla de otras medidas posibles de inflación subyacente se hará referencia al IPC subyacente (IPC-S BCRA), agregaron desde la autoridad monetaria. Se trata -explican- de un indicador sencillo, construido en base a información pública y fácilmente replicable por analistas especializados, que permite monitorear la evolución de un subconjunto relevante de precios para el manejo de la política monetaria. En diciembre, por ejemplo, el IPC y el IPC núcleo registraron una variación mensual de 2,8% y 3%, respectivamente. Sin embargo, el nuevo el IPC-S BCRA mostró una variación mensual de solo 2,1 por ciento. Durante 2025 sucedió lo mismo: las variaciones interanuales de los tres índices de inflación fueron de 31,5% (IPC), 33,1% (IPC núcleo), mientras que el índice de inflación subyacente perforó el 30%, finalizando en la medición anual en 28,1 por ciento. Más allá de las diferencias puntuales, aclaran que en largo plazo las distintas mediciones tienden a converger. En relación a la nueva medición que por ahora no saldrá a la luz, por el momento no hay una fecha precisa para que ocurra. Varios economistas incluso sugirieron la posibilidad de divulgar ambos en forma simultánea para evitar suspicacias. Aunque hubo comentarios que recién se daría a conocer cuando el índice se ubique por debajo del 1%, no hubo confirmaciones al respecto. La nueva medición toma en cuenta la encuesta de gastos de los hogares correspondiente a 2018, mucho más actualizada que la de 2004, que es la que actualmente utiliza el organismo estadístico. El cambio de encuesta de gastos hubiera implicado una mayor ponderación de los rubros relacionados con servicios, en detrimento con los bienes. Pero era casi una seguridad que esta modificación hubiera demorado el proceso de desinflación que el Gobierno viene encarando con éxito, pero también con mucho esfuerzo. De hecho, la inflación del año pasado culminó en 31,5%, contra 117% de 2024 y un pico de casi 300 por ciento. Sin embargo, seguir con la reducción este año se vuelve más desafiante por dos factores: continúa el reacomodamiento de precios relativos, implicando un mayor ajuste en los precios de los servicios en relación a los bienes que tienen competencia del exterior. Pero, al mismo tiempo, el Central está embarcado en un proceso de remonetización de la economía a través de la compra de dólar. La expansión de la cantidad de dinero resulta bienvenida para darle más impulso a la actividad, pero es posible que vuelva más lento en los próximos meses el proceso de desaceleración inflacionaria. (Fuente: Infobae)
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