04/02/2026 09:00
04/02/2026 09:00
04/02/2026 09:00
04/02/2026 09:00
04/02/2026 09:00
04/02/2026 09:00
04/02/2026 08:59
04/02/2026 08:59
04/02/2026 08:59
04/02/2026 08:59
» Clarin
Fecha: 04/02/2026 06:32
Dice Ana María, a sus 74 años, que teme. Dice que el miedo no se fue. No se va. Aquello a lo que le tiene temor esta argentina residente en Brasil desde hace cinco décadas es algo difícil de definir. Tal vez eso, entonces, sea lo más inquietante. Para conjurar ese miedo, Ana María Massochi decidió callar. Escapó con su hijo de pocos años a Brasil tras ser liberada parcialmente luego de su secuestro en dictadura. Y allá empezó de nuevo sin decir nada a nadie. Eso que callaba era la militancia juvenil en Corrientes, el asesinato de su marido Jorge Livieres durante la delirante Operación Primicia de Montoneros (el ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29 en Formosa), el no-tiempo de la vida clandestina en Corrientes, Rosario, Buenos Aires y donde pudiera esconderse, la caída, el infierno, el cautiverio sexual y la libertad vigilada en la Argentina y luego en Brasil donde empezó de nuevo. De eso, de todo eso, en la vida de Ana María no se hablaba. Preguntas legítimas Pero entonces su hijo quiso saber. Nada más inquietante para quien calla que las preguntas legítimas porque Ana María ya no era capaz de contar. Ese es el punto en el que nacen la obra de teatro Mi vida anterior y el libro Desaparecida dos veces, de Teresa Donato. "Había empezado en abril de 2022 a entrevistar a la protagonista. Su hijo le había pedido escribir un libro sobre su historia. Como éramos amigas, me pidió que lo escribiera yo", recordó Donato. Primero fue la obra de teatro y al estreno en la Argentina vinieron todos. Ana María, su hijo, nietos, familiares y amigos. "El final fue tremendo. Mucha gente no sabía la historia de ella. Su hijo sabía poco y nada. Su nieto, menos. Fue abrazo, llanto". Un año después, el libro amplía esa historia con voces, datos, precisiones. La voz narradora es la de Ana María, aunque sea Donato quien cuenta. Porque todavía hoy, dice la protagonista, tiene miedo. Tal vez no a las personas que la secuestraron, torturaron, violaron y luego semiliberaron porque están presas (o muertas). Tal vez ya no a las miradas suspicaces que se preguntaron por qué ella se salvó cuando tantos miles murieron. Tal vez no a las represalias. Aunque seguro que sí teme a que la historia se repita. Ana María opina que la lucha armada fue un error, un disparate. Lo mira con honestidad y desde la madurez. "Creo que hoy defender la democracia es ser revolucionario", dice. Sobre la firma Newsletter Clarín
Ver noticia original