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» La Nacion
Fecha: 04/02/2026 00:30
Viajar a San Martín de los Andes implica sumergirse en paisajes de montaña, navegar por el Lacar y comer platos que solo en la Patagonia saben tan rico. Sin embargo, planificar un paseo por la región no siempre implica estar preparado para encontrarse de repente con un milodón a la vuelta de la esquina. Es que las gigantescas bestias del lejano pasado argentino llegaron a la región de los lagos y no vinieron solas. En San Martín de los Andes, en un mismo día es posible visitar el galpón donde durmió el Che en sus viajes de juventud por el sur, recorrer el centro a bordo de un verdadero doubledecker londinense rojo, fotografiar bandurrias en calles residenciales y comprarse varitas mágicas en una tienda salida directamente desde Diagon Alley. Y ahora también es posible saludar a Lucy, nuestra lejana antepasada, verse cara a cara con un astrapotelio trompudo (una mezcla de rinoceronte, hipopótamo y tapir), repasar en 10 minutos la historia geológica de la Patagonia y descubrir un ejército de esqueletos preparados como para un desfile. Sin olvidar al milodón apostado en la vereda, que se convertirá, sin duda, en un nuevo icono de fotos y recuerdos de vacaciones de muchos veraneantes a partir de este año. El flamante Museo de Historia Natural de San Martín de los Andes fue instalado y curado por la Fundación Félix de Azara. Faltaba en la Patagonia andina una institución moderna y tan completa para conocer el lejano pasado de la región, cuando los dinosaurios merodeaban en bosques subtropicales, pisando barros de lagunas en donde mucho más tarde se levantarían los Andes. Entonces, ¿es un museo más de dinosaurios en Neuquén? Para nada. No está articulado en torno de una estrella local, como el Giganotosaurus en El Chocón o el Argentinosaurus en Plaza Huincul. No se limita a una era, sea el Cretácico o el Jurásico. Tampoco está enfocado en los dinosaurios: es más bien una muestra 5G, concebida como una increíble pantalla que hace desfilar el tiempo al ritmo de decenas de millones de años, haciendo aparecer y desaparecer animales, paisajes y hasta continentes. Está lo que se ve, que es evidente, y lo que no, lo que necesita explicaciones adicionales a las informaciones de los paneles interactivos. Quienes tengan la suerte de cruzarse con Leonardo Leggeri en los pasillos del museo tienen un intérprete de lujo para ensamblar el gran rompecabezas de la vida y la evolución en la Patagonia. Leonardo es director del museo e investigador del Conicet y de la Fundación Azara y trabaja sobre la genética de ciertas especies patagónicas. Sus trabajos son más que especializados y apuntan a conocer mejor el sistema evolutivo en el sur del continente. Pero su saber no es exclusivo, y puede aportar datos tanto sobre los mamíferos actuales de la estepa y las mesetas como sobre el hallazgo de un nuevo fósil, que desembocará en la descripción de una nueva especie de saurio que vivió hace más de 50 millones de años en la región. Macro y microevolución La pregunta que salta a la mente es por qué haber elegido un destino más bien asociado a sus paisajes para una propuesta de ciencias tan sofisticada. Cuenta Leggeri que la decisión de instalar esta vitrina evolutiva lejos de los yacimientos clásicos de Neuquén, como Plaza Huincul o El Chocón, responde a una estrategia de democratización del conocimiento. San Martín es un centro turístico internacional y podemos alcanzar un público mucho más importante acá. El museo expone sobre dos plantas mucho material que recorre la historia terrestre hasta el Pleistoceno (una era que duró aproximadamente 2,5 millones de años y terminó más o menos cuando llegaron los hombres a la Patagonia, hace 12.000 años). No se muestran fósiles originales, sino réplicas de huesos y reconstituciones corpóreas. Hay dinosaurios de varios linajes, épocas y tamaños, y también megamamíferos prehistóricos, esas bestias fantásticas que poblaron la Argentina de los Andes a las pampas y llegaron a convivir con los primeros humanos que colonizaron estas tierras. Leggeri subraya que todo se hizo con la seriedad y el rigor científico que caracteriza la Fundación Azara y la Universidad Maimónides. Se tardaron años en conformar la muestra inaugural, que será evolutiva. El científico indica, por ejemplo, que el pequeño grupo de homínidos del primer piso (entre ellos Lucy) será pronto reubicado y ambientado de otra manera, para ponerlo en valor. Otra diferencia de este museo es su doble función de divulgación y producción científica. Leggeri trabaja sobre la genética de grupos de guanacos y de una especie endémica de patos. También monitorea la escasa población de huemules que sobrevive en este rincón de los Andes. Esos proyectos anclan el trabajo del museo en la biología de conservación actual. El museo cuenta con una boutique que vende recuerdos y, sobre todo, una serie de libros que permiten prolongar la visita y anclar algunos conocimientos básicos. En este museo hemos querido implementar un experimento de divulgación y crear una institución que desafía la geografía fosilera tradicional para llevar la complejidad de la vida y la historia de la Tierra al centro del circuito turístico, concluye Leggeri. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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