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» La Nacion
Fecha: 04/02/2026 02:46
nueva longevidad, ¿estamos listos? Alerta generación lasaña Los riesgos silenciosos de los +50 que suman a sus exigencias el cuidado de sus padres mayores Texto: Josefina Gil Moreira 4 de febrero de 2026 Hace seis meses, Patricia Ramírez, de 45 años, se mudó de Caballito a Lanús para estar más cerca de sus padres y poder cuidarlos con mayor dedicación. El cambio de vida le implica, entre otras cosas, que su hija menor, de 14 años, tenga un viaje más largo a la escuela y que ella misma invierta más horas de traslado al trabajo. El reacomodamiento es drástico, pero fue la solución que encontró esta familia para que los mayores estén seguros y acompañados. El cuidado de los padres, que llegan a edades cada vez más avanzadas, dispara nuevas rutinas y desafíos emocionales que marcan estos tiempos. Estoy atenta a la pequeña con sus estudios, sus viajes en colectivo, su odontóloga, estoy pendiente de mis papás, sus turnos médicos, sus medicamentos, sus trámites, y atiendo también a mis hijos más grandes con sus gastos y sus preocupaciones. Me siento bastante agobiada, sobre todo con mis papás, porque no tengo tanto apoyo y todo recae sobre mí, dice Patricia a LA NACION. Ella es el sostén de sus padres no solo en los cuidados y en el plano emocional sino también en el aspecto económico. Patricia, que es abogada y trabaja full time, se ocupa de que nada le falte a su mamá, Dolores, que tuvo cáncer de mama, ni a su papá, Sergio, de 70 años, con una condición cardíaca. Las responsabilidades y exigencias parecen no tener fin en la vida de Patricia. Pero su situación es cada vez menos excepcional. Forma parte de la llamada generación lasaña, el grupo de personas entre los 40 y los 60 años que hacen equilibrio entre el cuidado de los hijos, a quienes les resulta difícil independizarse, y el de sus padres mayores, que empiezan a tener demandas constantes. Se suma el trabajo que también genera presiones diarias. El fenómeno responde en gran medida a la mayor expectativa de vida y la irrupción de una nueva longevidad, que LA NACION aborda desde esta serie en sus múltiples dimensiones. Ante esta realidad, la generación del medio afronta sentimientos de culpa por no llegar a cumplir con todas las responsabilidades; de soledad y abandono por no contar con las herramientas necesarias para transitar esta etapa, y un agotamiento físico y mental que en ocasiones se traduce en patologías. La pregunta se impone: ¿quién cuida la salud mental de los que cuidan? Para estar más cerca de sus papás, Patricia se mudó de Caballito a Lanús; Susan decidió que sus padres mayores vivan con ella, su marido y su hijo Reemplazo generacional, en crisis A Patricia la ayuda su marido, a quien describe como un gran sostén. Pero no siempre es sencillo construir redes de apoyo. Lo sabe Jorgelina quien prefirió reservar su nombre completo, una mujer de 47 años que vive en Berisso y se siente absolutamente sola en esta etapa. De ella dependen sus dos hijos más chicos, de 20 y 17 años, y su madre, que está cerca de los 70 y tiene un tumor cerebral, además de EPOC y problemas psiquiátricos que se intensificaron con la edad. Soy acompañante terapéutica y tengo un emprendimiento de cuadernos. Cuando termino mis 10 horas de trabajo diario, llego a casa y me tengo que ocupar de todo. Mis hijos reclaman más de lo que uno gana y mi mamá tiene cada vez más gastos en personal porque a mí no me da el tiempo para estar físicamente en su casa. Estoy con anemia y tengo picos de estrés por esta situación, expresa. Jorgelina hace terapia y se refugia en amigos. Algunos están pasando por situaciones similares, no a mi nivel, pero sí hay muchos lidiando con el cuidado de padres, hijos y trabajos múltiples porque los sueldos no rinden y el tiempo tampoco, describe. María Julieta Oddone, socióloga, doctora en antropología, investigadora del Conicet y directora del programa Envejecimiento y Sociedad de Flacso, pone el fenómeno en contexto. Esta es la primera vez en la historia del mundo donde las sociedades son viejas. A mitad de 1970, la sociedad argentina entró marcadamente en una sociedad envejecida, nunca ha disminuido tanto la natalidad como ahora. En el último censo la tasa de reemplazo fue del 1,5 y necesitamos por lo menos 2,1 o 2,5 para que haya un reemplazo generacional. En paralelo, se incrementa la expectativa de vida. Por lo tanto, la única población que está en constante aumento es la mayor, en particular la que está compuesta por mayores de 80 años, explica. Los datos del último censo en la Argentina son contundentes. El segmento de 65 años y más comprendía al 10,6% de la población en 2010, mientras que en 2022 llegó al 12% y se estima que para 2040 alcanzará el 16,4%, según señala el documento La transformación de la población argentina del Indec. A su vez, este informe muestra que en la Argentina, luego de una caída registrada a mediados de los 90, la tasa de fecundidad se mantuvo relativamente estable en valores promedio de 2,4 hijos por mujer. Sin embargo, desde 2015 se evidencia un nuevo período de descenso: en 2022 llegó a 1,4. Estos cambios demográficos impactan en toda la población. Las características de las familias actuales es que tienen pocos hijos, uno o ninguno, poca población adulta y dos o hasta tres generaciones hacia arriba, indica Oddone. Entre la baja natalidad y el envejecimiento poblacional, la generación lasaña más conocida en el ámbito de la gerontología como generación sándwich tiene cada vez más personas a su cargo y menos descendencia que pueda brindar ayuda. Hoy las familias están exigidas porque son pocos miembros y se encuentran solos para dar abasto, subraya la experta. Cuando el cuidado de mis padres me desborda... Alejandro Bègue, médico especialista en psiquiatría, psicogerontología y psicoanálisis, plantea que si bien no hay todavía estadísticas, los profesionales de la salud mental reciben actualmente en sus consultorios a más pacientes de entre 40 y 60 años que atraviesan esta problemática con diversas consecuencias. La respuesta simultánea a las demandas de los padres y de los hijos, incluso a veces también de los nietos, puede derivar en una pérdida progresiva de la posibilidad de ocuparse de sí mismos. Padecen de una culpa compleja por la cual viven como violencia poner límites y administrar responsabilidades sanamente, sostiene el profesional. Y advierte: No se cuidan y como efecto boomerang terminan deprimidos. El enfoque hacia los que cuidan debería ser prioritario, de acuerdo a la mirada de la abogada Claudia Viascán Castillo, especialista en gerontología y coordinadora de la especialización en Gerontología Social en la Universidad Maimonides. No basta con querer cuidar, hay que saber hacerlo. El trabajo, el cansancio, la historia de cada persona son solo algunos factores que afectan la salud física y mental del que cuida. No hay políticas públicas en este sentido. Actualmente desde el Estado se trabaja en enseñar a los cuidadores a hacerlo de una mejor manera, se está allanando el camino, pero no hay nada sobre salud mental aún, indica. Esa guía le faltó a Susan Borinelli cuando la angustia la superaba durante los años de deterioro de salud de su papá. Aun habiendo decidido mudar a sus padres a su casa, junto a su marido y su hijo, le resultaba inevitable sentir culpa. Es que a veces se me acababa la paciencia, me cansaba y la sensación era que no podía con todo, recuerda. Su padre murió el año pasado y su mamá, Eloísa, de 90 años, sigue viviendo con ella. En su casa, ubicada en zona norte, llegaron a haber cinco cuidadores por día que rotaban. Había que monitorear que papá no se ahogara y yo me quería asegurar que siempre hubiera alguien mirándolo, repasa Susan, que se repartía en mil pedazos para atender todas sus responsabilidades. Es que esta economista de 59 años nunca dejó de ocuparse de su trabajo de consultoría, además de las demandas del hogar con un hijo en plena adolescencia. Me sentaba al lado de la cama de papá y, mientras lo cuidaba, seguía trabajando con la computadora, cuenta. Para Susan, el geriátrico nunca fue una opción. Me iba a pasar varias horas del día ahí y si era en el centro iba a tener además el viaje, fue más práctico armar todo en casa, que es grande. No fue fácil. Estaba por un lado la rutina de mis padres y, por otro, nuestros horarios como familia. Mi marido es un santo y se puso la situación al hombro conmigo, afirma. La sobreexigencia era permanente. Y el estado de alerta también: el llamado a la ambulancia por urgencias en la salud de su papá es una de las tantas escenas que vuelven a su memoria. Para canalizar la angustia, Susan consultó con profesionales, pero lo que más la ayudó fue compartir su situación con otras personas que atravesaban las mismas vivencias a través del grupo Cuidar a Nuestros Padres, que nació como un chat para intercambiar información para asistir a familiares mayores y hoy es una comunidad virtual en la que Susan trabaja como coordinadora. Me di cuenta de que no estaba sola, explica. Esa fue la salida que encontró: sentirse comprendida, empatizar con lo que le pasaba al resto, recibir pautas que a otros les habían servido y brindar las propias a los demás. Mamá está bárbara, pero no quiere estar sola, tiene olvidos y siente miedo, describe sobre la dinámica actual. A veces es complejo, pero me hace bien cuidarla y la pasamos bien juntas, me gusta que me acompañe a hacer las compras y que haga sociales con todo el mundo, dice con una sonrisa. Cuando se va a lo de mi hermana, que vive en Mendoza, también nosotros hacemos algún viaje en familia, relata. El aprendizaje sigue, pero va logrando un equilibrio. ¿Puedo con todo? Noeliasu nombre real fue cambiado para preservar su identidad tiene 50 años, vive en Núñez junto a sus dos hijos adolescentes, de 16 y 18 años, y cuida de sus padres, de 73 y 76. Estoy muy atenta a sus temas de salud y emocionales, mamá con dificultades por su obesidad y con angustia, y papá con incontinencia y problemas de rodillas. Les saco turnos con los médicos, les compro la medicación, los ayudo con los trámites de los bancos, con claves de aplicaciones. Con respecto a los chicos, el apoyo es en todo sentido. Emocional, económico, de paciencia, de llevarlos y traerlos a actividades. Además, trabajo, cocino, hago ejercicio cuando puedo, limpio. Trato de convivir con la situación y ponerle onda. ¿Puedo con todo? No como quisiera, expresa. De acuerdo a la experiencia de María Fernanda Rivas, psicoanalista coordinadora del Departamento de Pareja y Familia de la Asociación Psicoanalítica Argentina, tradicionalmente la responsabilidad de atender a las personas dependientes se asigna a las mujeres. Y esta tendencia puede generar efectos nocivos sobre su desarrollo personal. Muchas veces resulta un obstáculo a la oportunidad de ingresar o reingresar al mundo laboral luego del cuidado de los hijos en la primera infancia, advierte la especialista. En esta línea, explica: El desarrollo personal constituye una de las medidas de prevención más importantes ante el propio proceso de envejecimiento. Las investigaciones han demostrado que las mujeres que se dedican únicamente al cuidado de la familia se deterioran más rápidamente y que su calidad de vida es menor. Nos encontramos con que hoy en día la mujer está integrada al mundo laboral tanto como el hombre, con lo cual muchas veces queda sobreexigida por ambas tareas. Coincide Viascán Castillo: Es parte de nuestra cultura, a las mujeres nos enseñan a cuidar a las muñecas, las mascotas, los hermanos, los padres, luego la familia armada, el esposo, los hijos. Cuidar hace que la mujer tenga un trabajo de menos horas o mal remunerado. Su salud puede verse afectada porque muchas veces lo hacen sin saber hacerlo y principalmente sin cuidarse ellas mismas. Para el cuidado cada vez más complejo de mi madre o padre mayor Además del aumento de la expectativa de vida y la caída en la tasa de natalidad, hay otro factor que contribuye a que la llamada generación lasaña asuma más responsabilidades: la dificultad de los hijos jóvenes para abandonar la casa familiar. Según datos de la Fundación Tejido Urbano, 4 de cada 10 argentinos de hasta 35 años no logran mudarse solos. Las secuelas psicológicas que dejó la pandemia en muchos jóvenes agrava la problemática. Los padres sostienen a sus propios padres y a sus hijos, que también necesitan acompañamiento y contención. Así lo expone Pablo, un abogado de 57 años, que cuida a sus padres mayores con problemas de salud y a sus hijos que no logran independizarse: Dos son jóvenes profesionales y uno es estudiante universitario, pero aún dependen de mí en buena medida ya que no pueden sostenerse totalmente solos. Es indudable que este es un tema que se extiende en nuestra generación. Nuestros hijos están viviendo un momento de cambios permanentes que les generan mucha incertidumbre. Necesitan apoyarse mucho en nosotros a nivel económico y emocional. Un drama desatendido Para Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires y presidente de la Sociedad Iberoamericana de Gerontología y Geriatría, el cuidado simultáneo de padres mayores y de hijos todavía dependientes es un drama diario de enormes dimensiones sociales, totalmente inobservado y desatendido. En la Argentina no existe el concepto de cuidados. Todo el sistema de salud está formado en base a la atención de la enfermedad en etapas agudas. Cada vez que alguien habla de salud habla de medicamentos, no de agua potable, de ansiedad o de una cantidad de cosas que son elementales y predictores de la salud. El sistema que hoy tenemos es para la cura y no para el cuidado. Ya vemos en los grandes centros urbanos el fenómeno de personas muy mayores cuidadas por personas también mayores, que a veces tienen dificultades. Es decir, no solo el cuidado sino también el cuidador, señala. Los especialistas coinciden en que el gran problema es que los modelos de cuidado en las grandes ciudades no toman en cuenta el cambio sociodemográfico ocurrido. Los sistemas actuales son los mismos del siglo XIX: mujeres que se hacen cargo de cuidar a la mamá o al papá sin apoyo. Es un esquema que supone todavía que está la familia nuclear y en la realidad no es así. Hay familias compartidas, ensambladas, por lo cual el sistema de cuidados se va diluyendo, sostiene Semino. Oddone, por su parte, reconoce la existencia de algunos programas de apoyo a las familias cuidadoras y de formación de auxiliares gerontológicos, entre otras iniciativas, pero considera que las políticas sociales en términos generales no alcanzan a satisfacer las necesidades de la población. Desde el punto de vista del Estado, tiende a pensarse el cuidado como si la familia no hubiese cambiado y fuera la misma que la de nuestros abuelos que murieron de viejitos a los 56 años, cuando hoy hablamos de personas centenarias con plena salud, afirma. Si mis padres necesitan ayuda durante mi horario laboral ¿Cómo se pueden mejorar los sistemas de cuidado? Desde el punto de vista institucional, según Semino, la prioridad debería ser la implementación de programas de apoyo al cuidador y censos de fragilidad que permitan el seguimiento y la detección de situaciones de alarma para brindar asistencia a tiempo. Rivas aporta como factor fundamental el cuidado de la calidad de vida a lo largo de la existencia para avanzar hacia una buena vejez, minimizando la necesidad de dependencia pasiva de otros. No se trata de añadir años de vida al ciclo vital, sino de sumar calidad de vida. Y esto incluye la idea de que quienes cuidan a los otros también puedan cuidarse a sí mismos y ser cuidadosos. Esto quiere decir mantener siempre espacios de confort y bienestar, poder hacer pausas, tomar distancia, instaurar ciertos límites y ocuparse de sí mismos, indica. Oddone pone el acento en las políticas públicas: Querer llegar al máximo de la expectativa humana no está mal, está muy bien, es un deseo de las sociedades actuales. Lo que se necesita es una organización social del Estado que distribuya los recursos equitativamente entre la población para facilitar la ayuda a las familias cuidadoras. Ante esta demanda creciente, el área de Desarrollo Humano y Hábitat del Ministerio de Salud de la ciudad de Buenos Aires diseñó un servicio de asesoría integral para orientar y acompañar a las personas mayores y a quienes cuidan de ellas en el armado de un esquema acorde a sus necesidades. Como parte de ese sistema, existen programas como Escucha Activa que, a través del 147 y del 0800 nacional, brinda un espacio de conversación y contención emocional para mayores. Red Activa, en tanto, es una iniciativa para construir una red de vecinos en todas las comunas para acompañar y detectar personas mayores que estén en riesgo o atravesando situaciones de soledad no deseada, abusos o maltratos. En el ámbito nacional, fuentes del Gobierno respondieron a LA NACION que el objetivo es trabajar de manera prioritaria en el tema de los cuidados. En ese marco, aseguraron que la Secretaría de Trabajo incluye la profesionalización de las tareas de cuidado como una de sus metas estratégicas dentro del Plan de Formación Contínua e implementa acciones de capacitación orientadas a fortalecer la empleabilidad en el sector de servicios de casas particulares y cuidados de personas. Entre 2024 y 2025 participaron en los cursos de formación del sector de los cuidados alrededor de 2500 personas. Además, durante 2024 se comenzó a evaluar a trabajadores en el rol de cuidador de adultos mayores. La primera etapa se realizó en la ciudad de Buenos Aires y se prevé una segunda etapa con 30 evaluaciones adicionales, señalaron, y agregaron que en el nuevo Centro de Formación de Capital Humano, ubicado en el barrio de La Paternal, se dictará un curso de cuidadores domiciliarios de adultos mayores, en articulación con AMIA. Las respuestas se empiezan a activar, pero deberán ampliarse: los mayores necesitan una mirada mucho más dirigida que en décadas pasadas. También sus hijos, que emprenden su propio camino hacia la longevidad bajo una realidad inédita, con consecuencias aún difíciles de dimensionar. * Las imágenes de apertura fueron realizadas con inteligencia artificial. Asesoramiento Las pautas aportadas en el test interactivo fueron formuladas por el neurólogo Guido Dorman. Es especialista en neurología cognitiva, subjefe de la Clínica de Memoria de Ineco y médico de planta de neurología del Hospital Ramos Mejía Créditos - Edición periodística Florencia Fernández Blanco @florfb - Edición visual Florencia Abd @florenabd - IA Core Martín Pascua @MartinPascuaDev - Edición de video Valentina Ravera @vravera_ /Candela Heredia @candehere_ - Fotos Augusto Famulari /Pilar Camacho - Edición fotográfica Aníbal Greco @anibalgreco Compartir Copyright 2026 - SA LA NACION | Todos los derechos reservados
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