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» La Nacion
Fecha: 03/02/2026 12:51
Mucha gente da por sentado su certificado de nacimiento o documentos oficiales similares, escondidos en un cajón y que rara vez salen a la luz. Sin embargo, para quienes carecen de uno, esto puede significar una vida en las sombras o una existencia incierta. Se cree que esto afecta a millones de personas en todo el mundo, descritas como apátridas, y Arnold Ncube, un sudafricano de 25 años, es una de ellas. Como no tiene documentos estatales, lavar autos en los callejones del municipio de Thembisa, cerca de Johannesburgo, es una de las pocas maneras en que puede ganarse la vida. Ncube nació en Johannesburgo y su padre es sudafricano, lo que le da derecho a la ciudadanía sudafricana. Pero cuando intentó matricularse en la escuela secundaria, se dio cuenta de que no tenía certificado de nacimiento. Al ser abandonado por sus padres (su padre se fue antes de que naciera y su madre cuando tenía 14 años), no pudo demostrar su estatus. Es doloroso, afirma. Sos prácticamente invisible. No existís. Es como vivir en la sombra. No tenés cuenta bancaria, no podés solicitar un trabajo decente con el que puedas ganarte la vida, resalta. Él intenta mantener una actitud positiva, pero cuenta que fue un reto: Cuando veo a mis compañeros, ya terminaron la escuela. Yo, en cambio, no pude seguir estudiando. Es mucho. La depresión solía ser mi amiga. Ncube es una de las al menos 10.000 personas apátridas que viven en Sudáfrica y que, a pesar de haber nacido allí, tienen dificultades para demostrar su nacionalidad y acceder a los servicios públicos. No existen estadísticas oficiales sobre las personas apátridas porque tienden a pasar inadvertidas. Por lo tanto, las cifras se basan en estimaciones de instancias como la agencia de la ONU para los refugiados, Acnur, y organizaciones de derechos civiles. Sin ciudadanía, las personas apátridas no pueden obtener documentos y tienen dificultades para acceder a las necesidades básicas, como la educación y la atención médica. Causa multifactorial La apatridia se debe a muchos factores, como las barreras administrativas y la gestión deficiente de registros. Por ello, es difícil calcular el número real de personas apátridas en muchas partes del mundo. La abogada y defensora de derechos humanos Christy Chitengu también fue apátrida. Obtuvo la ciudadanía sudafricana hace apenas tres años con la ayuda de la organización Abogados por los Derechos Humanos, que trabajó en su caso gratuitamente. Descubrí que lo era a los 17 años. La directora de mi instituto me llamó a su oficina y me dijo que no tenía ningún documento mío y que no entendía cómo había entrado en la escuela, declara a la BBC cerca de su casa en el norte de Johannesburgo. Nací en Johannesburgo de padres extranjeros [ambos de Zimbabue] y al nacer me entregaron un certificado de nacimiento sudafricano manuscrito, cuenta. Pero los funcionarios sudafricanos necesitan un certificado impreso. En varias ocasiones, la BBC contactó con el Ministerio del Interior, encargado de los asuntos de inmigración en Sudáfrica, para averiguar cómo se está abordando el problema de la apatridia, pero no obtuvo respuesta. La apatridia no es un problema exclusivo de Sudáfrica, sino un enorme problema global. Se estima que hay 4,5 millones de personas apátridas en todo el mundo. Algunos afirman que la cifra podría incluso ascender a 15 millones. Los expertos creen que abordar el problema requiere cambios en las políticas, como permitir que los refugiados registren a sus hijos en el lugar donde nacieron y otorgar a las madres el derecho a transmitir su nacionalidad a sus hijos. Para nosotros, la apatridia no es solo una cuestión legal, sino un asunto que afecta al derecho al desarrollo, afirma Jesús Pérez Sánchez, de Acnur. Esa persona afectada por la apatridia no podrá contribuir plenamente al país que la acoge. Por eso, creemos que es importante que, como cuestión de inclusión, se aborden todos los problemas de la apatridia para que todas estas personas marginadas puedan contribuir plenamente a la sociedad y a la economía, agrega el especialista. De vuelta en Thembisa, Ncube juega al fútbol con los niños de la zona. Tras años de lucha, ahora cuenta con un abogado que lo ayuda a conseguir los papeles que demuestran su pertenencia a este lugar. Quiere volver a la escuela para estudiar informática. Espera que tener los documentos le abra las puertas a un futuro mejor. Por Mayeni Jones Otras noticias de BBC MUNDO Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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