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  • Adabel Guerrero, la bomba sexy contra los encasillamientos: teatro para 20 personas y un papel a su medida en En el barro

    » Clarin

    Fecha: 03/02/2026 07:02

    La actriz y bailarina Adabel Guerrero empezó el 2026 en quinta velocidad. Al éxito de Sex que ya lleva seis años en cartelera, se le suma su debut el próximo miércoles 4 de febrero, en el ciclo de Microteatro (Serrano 1139, Palermo de Martes a Domingo) con la obra Me río de Janeiro. Este formato de arte escénico es un concepto de 6 obras de 15 minutos cada una, que se repiten continuamente, en pequeñas salas para 20 personas, mientras los espectadores pueden comer o tomar algo en otros espacios. A estos proyectos se suma su participación en la segunda temporada de En el barro (febrero), el spin off de El Marginal, que fue uno de los máximos hits de Netflix en 2025. Y hasta un sueño musical que espera concretar en poco tiempo. En charla con Clarín, la artista habla de su presente, su historia, la maternidad y como es reinventarse constantemente. A Adabel no le vengan con eso que "el tren pasa una sola vez". Que no vengan a decirle que si las puertas se cierran no se vuelven a abrir. Ella se crea sus propias oportunidades desde que tiene memoria. Sino pregúntenle sobre la vez que el ferrocarril Roca -que iba desde su casa en Ringuelet a Constitución- la llevaba a un casting para el teatro de Revista y, culpa de una tormenta, llegó tarde. Lejos de resignarse, ella se quedó a probar suerte para otra audición, que no era de bailarina, pero igual era una oportunidad y terminó siendo figura de calle Corrientes igual. O pregúntenle cuando le dijeron que por su contextura física no iba a poder seguir bailando clásico y ella llevó su danza al prime time de la televisión argentina en el Bailando. O cuando soñaba con ser parte de En el barro y mandó su casting, aun cuando no había un personaje para ella, hasta que lo logró. Nunca me quedé con las puertas que se cierran. Nunca me alcanzaron los no. Siempre busqué en el arte la forma de reinventarme y de buscar mis sueños por más dificultades que se me presentaran. Desde que hacía danza a los ocho años, hasta esta mañana, define la artista con una sonrisa y las pupilas encendidas, al comienzo de la entrevista. Masividad y teatro para pocos -¿Cómo conviven la masividad de Sex con miles de espectadores desde hace años con este nuevo proyecto de Me río de Janeiro en Microteatro, mucho más intimista y personal? -Esperemos que bien. Cuando debute te digo (risas). Pero por lo pronto muy entusiasmada. Cero nerviosa o ansiosa, más que nada feliz de esta oportunidad, que siempre son difíciles de conseguir. Es un proyecto que me encanta desde que lo conocí. Tenés el público pegado, algo mucho más personal, donde tenés 13 minutos exactos para contar una historia. Algo que te hace crecer si o si como artista. Pero principalmente me divierte mucho salir de la zona de confort. Las funciones son 4 veces por noche. Y cuando termina una comienza la otra. Estoy muy entusiasmada con el feedback que se puede generar con el público. -¿Cómo es el desafío de contar una historia en tan poco tiempo, y que a la vez tenga el espíritu del teatro y no sea una especie de reels de instagram, sin profundidad ni mensaje? Es una buena pregunta. Creo que igual, la que escribe el libro (María Ana Rago) tiene más que decir sobre eso. Esta historia juega mucho con el absurdo, con la ironía. Tiene un final que sorprende. Es realmente una historia muy linda. Creo que, en la gimnasia de hacerla, se va trabajando el personaje, en acentuar algunas partes, interpretar distinto el texto, etc. Bueno, ahí está nuestro trabajo. Si bien no es algo pretencioso. No busca dejar una marca, sino hacer pasar un buen momento a los que nos regalan su tiempo, que es tan valioso. Ojalá la disfruten como nosotros hacerla. Por lo pronto vamos a dejar la vida en esos 13 minutos de fantasía que les damos. Una historia de resiliencia -¿Tu primer acercamiento al arte fue la danza clásica a los 8 años? -Mi mamá me empezó a llevar a esa edad a la Escuela de Danzas de La Plata. Y por muchos años eso fue mi mundo. De hecho, hice el colegio secundario libre para no perder tiempo y sólo enfocarme en mi pasión. Fueron diez años de estudiar y estudiar. Ahí descubrí un amor que me desbordaba por el arte. Que hacía que yo canalizara un montón de cosas que me pasaban con una mamá con problemas de salud y con un padre ausente. El arte fue mi salvataje. El arte me salvó la vida desde que tengo memoria. -Ibas por ese camino hasta que a los 18 años dejaste y empezaste a estudiar psicología. Sí. Fue muy duro dejar la danza clásica. Mi contextura física no era la típica para una bailarina de ese estilo. Ellas son muy delgadas genéticamente y yo siempre fui fibrosa, con otra genética y no encajaba en esos cánones de la época. Yo hacia el máximo esfuerzo. Dietas, entrenamiento, todo, pero era como encajar en algo que realmente no había forma y en un momento lo empecé a sufrir. Amaba el arte y expresarme. Pero había empezado a marchitarme y no podía permitir eso. A eso se sumó que mi mamá había muerto hacia apenas un año y me había quedado sin apoyo. Eran momentos muy difíciles. -La suerte cambió al tiempo, cuando fuiste elegida para trabajar con Cibrián primero y Cherutti después. -¡Sí! Ahí descubrí el teatro musical y mi mundo se expandió. Empecé a estudiar canto, a hacer cuanto casting encontraba. Mi mundo ya no se terminaba en la danza. Lo de Cherutti fue increíble. Fue un día de mucha tormenta. Mi idea era presentarme para un casting de bailarinas, pero el tren de La Plata se retrasó y llegué tarde. Alguien me dijo que iba a empezar un casting para figuras, que lo iban a hacer Valeria Archimó (que era la primera vedette) y Reina Reech. Ellas iban a elegir. A pesar de los nervios y los miedos decidí quedarme. Ese día cambió mi vida para siempre. ¡Fui elegida como segunda figura! ¿Imagínate si me iba y no peleaba por esa oportunidad? La TV y la popularidad -La gran masividad te llegó en 2007, primero con el Patinando y después con el Bailando por un sueño, y no paraste más. Ahí aparecieron las tapas de revistas, los portales, las entrevistas diarias... ¿Qué es lo que te gustó y que es lo que no te gustó tanto de esa época? -Entiendo lo que decís. Yo venía remándola desde muy abajo. Había momentos que trabajaba, no te digo por el pancho y la Coca. Era peor, era o por el pancho o por la Coca, porque no había para los dos. En esos años veía que la fama de trabajar en esos programas te abría muchas puertas. No me pidas nombres, pero veía mucha gente que, gracias a la fama, con reconocimiento pero sin talento, conseguían una estabilidad económica que yo necesitaba. Llegar a esos programas me permitió eso. Llevar mi arte a un montón de personas que se enteraban de quién era yo. Y sólo quería ganarme la vida bailando. No me llamaba el escándalo o la fama porque sí, sino como una herramienta para llegar a más gente y de esa manera a mejores trabajos. Agradezco siempre esa masividad y esos años de aprendizaje constante de estar en la casa de la gente todos los días a través de una pantalla como la que me daba el programa de Marcelo Tinelli. -Con la llegada de tu hija Lola en 2018 te tomaste una pausa... Si. Yo venía de una familia muy disfuncional. Habiendo perdido a mi mamá a los 17 y con mi papá ausente, no quería eso para mi hija. Quería estar siempre para ella y verla crecer en esos primeros años. No perdérmelo por nada del mundo. Quizá postergué un poco mi carrera, pero no me arrepiento. Cuando ella empezó a ser más grande, a tener sus actividades, su espacio yo sentí la necesidad de volver al ruedo y acá estamos. Reinventarse siempre -Volviendo a la actualidad: Esta es la sexta temporada de Sex. Un producto que ya es una marca instalada y un éxito desde su estreno. -Algo que sigo disfrutando muchísimo. Que pasan las funciones y me sigue sorprendiendo la recepción del público y cómo nosotros somos un equipo ya muy aceitado, a pesar de los cambios de elenco, nunca se resiente el espectáculo y eso es algo hermoso. -Después de hacer un éxito por tantos años, ¿cómo haces para que no se vuelva rutinario y no lo empiecen hacer casi de taquito? -Bueno, es algo que se trabaja. Si bien todas las funciones son distintas, porque el público lo es y Sex tiene mucha participación de los espectadores, es un aprendizaje tratar de no hacerlo rutina. A mí lo que me pasa es que si no hago cosas distintas me marchito. Me apago. Trato de agregarle cosas a la rutina, cambiar pasos en las coreografías, buscar en el publico la complicidad en determinados momentos. -Ahora llega otro proyecto innovador en tu carrera que es tu participación en la segunda temporada de En el barro, ¿cómo viene eso? ¡Eso sí me tiene ansiosa, me da más nervios! Principalmente, porque siento que en el teatro el arte es efímero. Dura lo que dura la obra. En una plataforma queda para siempre. O por un largo tiempo. Voy a tener escenas fuertes y entiendo que es un riesgo, pero es un riesgo que me hace feliz. Claramente la conexión del teatro no está en la plataforma y me voy a enterar que le pareció a la gente con el correr de los días, pero realmente me preparé mucho para esto. Cuando me enteré que iban a hacer la versión femenina de El marginal sabía que quería participar. Averigüé para castear, pero no había un personaje para mí. Para mi imagen. Igual hice la prueba y terminaron haciendo cambios en el libro para que tenga una participación. Una vez mas en mi vida, luché por una oportunidad que parecía que no iba a tener y se me dio. Por suerte nunca presto demasiada atención a los no. La vida y el canto -Hablaste varias veces de la música y el canto. ¿Ese es un proyecto que te falta? -Totalmente. Y ya lo voy a lograr. Por lo tanto, me sigo preparando, sigo aprendiendo. Amo la música y lo que provoca en mí. Con la parte mía que me conecta. No tengo bien en claro cuál será el destino de todo esto. Es más que nada una búsqueda. Sueño con hacer mis propias canciones y mostrarlas al mundo. -¿Qué te gustaría mostrarle al mundo de tus canciones? -Yo creo mucho en las energías. En la fuerza y en las buenas vibras. Estoy un poco cansada de la negatividad, de la violencia, de los enojos. Me gustaría hacer algo que le dé calma a la gente. Que llene de buena energía. Soy consciente de que por ahí muchos no me imaginan verme en ese lugar porque me tienen sólo de vedette, pero no me importa, nadie puede decirme que no puedo aprender y hacerlo. -¿Te molesta mucho el encasillamiento? -Me tiene un poco cansada, la verdad. Esta idea que se cierra en la bomba, en la mujer sexy, en la bailarina que no puede hacer otra cosa, está muy lejos de tener que ver conmigo. Yo amo el arte. Bailar, cantar actuar. Amo reinventarme. Me embola que me encasillen. No hacer siempre de linda, de bailarina o ese tipo de personajes para los que me llaman siempre. Lo que más me gusta es tomar riesgos. Es lo que impide que me apague. Y el que no lo entienda, bueno. Sera su problema. Yo no los escucho y sigo para adelante. Sobre la firma Newsletter Clarín

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