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  • Hipertensión: probióticos, potasio y ruido, las nuevas claves no farmacológicas para bajar la presión

    » Clarin

    Fecha: 02/02/2026 07:08

    Un amplio estudio publicado recientemente mostró que entre los participantes que habían sufrido un evento cardiovascular como un infarto o un ACV, prácticamente todos contaban con un factor de riesgo previo. ¿El más frecuente? La hipertensión, que estaba presente en casi el 95%. Es que, se sabe, la presión arterial alta es la principal causa de muerte prematura y discapacidad. ¿El dato alentador? Las medidas para prevenirla y controlarla son efectivas y bien conocidas. La comunidad médica actualiza esos conocimientos periódicamente, en función de la nueva evidencia científica que se va generando y lo plasma en guías que se convierten en una herramienta de referencia para el manejo de los pacientes. Hace unos meses, la Revista Argentina de Cardiología publicó el último Consenso Argentino de Hipertensión Arterial, elaborado en forma conjunta por la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA), la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) y la Federación Argentina de Cardiología (FAC). Suscribite a Buena Vida La nueva versión, de 2025, actualiza al documento anterior, de 2018. De sus casi 70 páginas, un puñado contiene información de interés y comprensible para el público en general, no solo para los profesionales de la salud. Se trata del apartado dedicado al tratamiento no farmacológico de la hipertensión. Es decir, a los hábitos que contribuyen a prevenir y controlar la presión arterial. El Consenso Argentino 2025 reafirma que "los cambios en el estilo de vida son la piedra angular en la prevención y el tratamiento de la hipertensión arterial", ya que no solo pueden reducir la presión y mejorar su control, "sino también favorecer la salud cardiovascular y general". Y, además, "potenciar el efecto del tratamiento farmacológico". El documento hace énfasis en las medidas tradicionales, que incluyen reducción de peso, restricción de sodio, actividad física regular, dieta DASH y moderación del consumo de alcohol. Entre las novedades, oficializa una recomendación en la que los especialistas vienen insistiendo en los últimos años: no se trata solo de reducir el consumo de sodio, sino de incrementar el de potasio (salvo en casos de enfermedad renal avanzada). Destaca, además, la evidencia emergente sobre el uso de probióticos en la alimentación, con potencial efecto beneficioso en el control de la presión arterial. También subraya la importancia del manejo del estrés y la necesidad de considerar factores ambientales menos explorados, como la exposición al ruido y la contaminación del aire, que pueden contribuir al desarrollo y persistencia de la hipertensión. "De este modo, el consenso amplía el enfoque más allá de los fármacos, resaltando que los cambios en el estilo de vida son fundamentales para todos los pacientes hipertensos y constituyen la base sobre la cual se construye cualquier estrategia terapéutica", destacan desde la SAHA. [inicio] Uno por uno, hábitos para controlar la presión En línea con las actualizaciones de las guías de Sociedad Europea de Hipertensión y de la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés) y el Colegio Americano de Cardiología, el consenso argentino incluye 9 recomendaciones. A continuación, una por una. [*] En pacientes con exceso de peso (IMC mayor o igual a 25 kg/m2), el consenso recomienda el descenso a través de la combinación de una dieta baja en calorías y actividad física. Y menciona que algunos medicamentos, como los agonistas del receptor GLP-1 (la semaglutida), o duales GIP/GLP-1 (la tirzepatida), "reducen significativamente el peso corporal y al mismo tiempo reducen la presión arterial". La cirugía bariátrica, en tanto, se sigue destacando como "una opción eficaz y duradera" para pacientes con obesidad severa. Los autores destacan que "el programa de adelgazamiento siempre debe ser individualizado y adaptado, teniendo en cuenta objetivos realistas de cada paciente". [*] La disminución del consumo de sodio ayuda a disminuir la cantidad de medicamentos necesarios para lograr el control de la hipertensión, apuntan. Y precisan que restringir la ingesta al equivalente de unos 6 gramos de sal por día -en Argentina consumimos alrededor del doble- reduce la presión arterial sistólica (la "alta") hasta 5 mmHg y la diastólica (o "baja") hasta 2 mmHg. [*] Una ingesta adecuada de potasio en la dieta también favorece una reducción de la presión. ¿De dónde obtener ese aporte? El consenso precisa que una dieta que incluya cuatro a cinco porciones de frutas y verduras diarias (por ejemplo, la DASH) proporciona entre 1.500 y 3.000 mg de potasio. El reemplazo de sales de mesa con sales suplementadas con potasio también ayuda, pero no hay que olvidar que buena parte de la ingesta de sodio proviene de la "sal oculta" en alimentos ultraprocesados y no del salero. [*] Las intervenciones de entrenamiento físico -aeróbico, de fuerza dinámica (es decir, con peso) e isométrico (contracciones musculares estáticas)- pueden proporcionar reducciones de la presión arterial equivalentes a las de los medicamentos antihipertensivos, sostiene el documento. Y añade que cuando el ejercicio se combina con farmacoterapia, "la magnitud de la reducción es mayor que con el uso de medicamentos solos". La mayor disminución de la presión se observa con la realización de 150 minutos semanales, precisa. La guía de la Sociedad Europea de Hipertensión propone como objetivo la realización de 150-300 minutos de ejercicio aeróbico a la semana realizado a una intensidad moderada, o 75-150 minutos a una intensidad vigorosa, o una combinación equivalente de actividades físicas moderadas y vigorosas. Y sugiere añadier ejercicios de fortalecimiento muscular 2-3 veces por semana. [*] Diversos estudios observacionales a gran escala han demostrado una fuerte asociación entre el consumo de alcohol y la presión arterial. El consenso promueve la moderación de la ingesta y la implementación de "días sin alcohol" durante la semana para mejorar el control de la presión y la salud en general. [*] El tabaquismo es la principal causa de muerte evitable y aumenta significativamente el riesgo de enfermedad cardiovascular. Fumar un cigarrillo aumenta la presión durante aproximadamente 30 minutos, incrementando así la variabilidad diurna de la presión, explican los autores del documento. Además, el tabaquismo puede reducir la efectividad de algunos medicamentos antihipertensivos, como los betabloqueantes. Y los cigarrillos electrónicos no están exentos de riesgos. "Meta-análisis recientes destacan que aumentan de forma aguda la presión y la frecuencia cardíaca", dice el consenso y subraya que "el consejo médico acerca de la cesación tabáquica y la orientación a programas de cesación resulta sumamente importante". [*] Algunos meta-análisis sugieren que la introducción de probióticos en la dieta induce una reducción "modesta pero significativa" de la presión en pacientes con hipertensión, particularmente en quienes tienen diabetes tipo 2. Los autores del documento añaden que la evidencia disponible señala que la ingesta diaria mínima de fibra dietética para adultos con hipertensión debería ser mayor a 28 gramos por día para mujeres y superior a 38 gramos diarios para hombres. "Esto favorece una microbiota intestinal saludable y la producción de metabolitos derivados de la microbiota intestinal, ácidos grasos de cadena corta que reducen la presión", explican. Avena arrollada, legumbres, verduras de hoja verde, frutas, palta, frutos secos y semillas son, entre otras, buenas fuentes de fibra. [*] El estrés y la ansiedad están asociados con un mayor riesgo de hipertensión y eventos cardiovasculares. Programas de reducción de estrés basado en mindfulness y la terapia cognitivo-conductual "han mostrado resultados positivos" en la reducción de la presión, afirman los expertos y suman que actividades como el yoga y escuchar música clásica también contribuirían a bajarla. [*] [fin] La exposición al ruido ambiental y la contaminación del aire son considerados en la actualidad como factores de riesgo que impactan negativamente en la salud cardiovascular, especialmente en áreas urbanizadas, destaca el documento. "Estudios clínicos y experimentales indican que estos factores pueden llevar a inflamación vascular y disfunción endotelial. Se ha demostrado que la reducción de la contaminación del aire y el ruido disminuye tanto la presión como las vías fisiopatológicas intermedias." Niveles de evidencia Marcos Marin, ex presidente de la SAHA, e integrante del consejo de asesores del consenso, señaló en diálogo con Clarín que no todas las recomendaciones cuentan con el mismo calidad de evidencia científica que las avale. "Las primeras seis tienen una recomendación de tipo 1, es decir que es muy importante llevarlas a cabo, porque tienen nivel de evidencia A las dos primeras (basada en grandes estudios aleatorizados) y B las demás (surgida de metaanálisis). Mientras que las últimas tres (los probióticos, el manejo del estrés y la exposición al ruido) tienen un rango de recomendación de tipo 2, o sea que debería/ podría ser indicado, pero el nivel de evidencia es C, es decir, por opinión de expertos. No obstante está claro que eso también baja la presión arterial", explicó Marin. Complementarias, no excluyentes El tratamiento farmacológico y las medidas no farmacológicas no son excluyentes, sino complementarias para los pacientes hipertensos. "Si un paciente hipertenso tiene su presión arterial controlada con fármacos, por ejemplo dos, pero persisten otros factores de riesgo o no cumple con los hábitos saludables, ese paciente tiene mayor riesgo residual", sostuvo el especialista. Y aclaró que los pacientes hipertensos bien tratados disminuyen el riesgo de tener un evento cardiosvacular, pero no lo eliminan: "Disminuyen el riesgo de ACV, de infarto, de insuficiencia cardíaca, pero no lo disminuyen a cero. Y esto tiene que ver con que además de la hipertensión, en muchos pacientes empiezan a jugar otros factores como la diabetes, el tabaco, el colesterol no tratado". ¿La clave? "Por un lado, tener la presión arterial controlada (con hábitos y fármacos, en caso de que sean necesarios), y por otro lado tratar, en lo posible y sin obsesionarse, de corregir todos los factores de riesgo", concluyó. *** ¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Escribinos tu consulta a buenavida@clarin.com Sobre la firma Newsletter Clarín

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