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  • La libertad no se mendiga, se construye con memoria y futuro

    Concepcion del Uruguay » La Calle

    Fecha: 01/02/2026 09:11

    Entre la nostalgia que paraliza y el presente que duele, los argentinos enfrentamos una disyuntiva histórica: ¿seremos eternos sobrevivientes de un país que ya no existe, o seremos los arquitectos de uno que aún no nace? A partir de una reciente aguda reflexión del periodista y exdiputado Julio Bárbaro, publicada en Infobae, es inevitable pensar nuestro presente como si fuera un espejo roto: cada fragmento refleja una parte de la verdad, pero la imagen completa se nos escapa entre las manos. Bárbaro clama por una «libertad popular» que trascienda el libertinaje de los poderosos, y al hacerlo, pone el dedo en la llaga de una herida que sangra no solo a nivel nacional, sino que cobra un dramatismo particular en nuestro suelo entrerriano y uruguayense. Como Concejal y ciudadano comprometido con esta tierra, siento la urgencia de analizar aquello que él vislumbra desde una perspectiva nacional, pero aplicándolo al territorio que palpito día a día. La trampa de la nostalgia: cuando el ayer nubla el hoy Bárbaro pinta con pinceles emotivos una Argentina industrial, integrada y segura, donde «el trabajo sobraba». Esa imagen, poderosa y real para una generación, se ha convertido en un arma de doble filo. En el debate político local desde el Concejo Deliberante de Concepción hasta las profundas tierras del Departamento Uruguay, esa añoranza a menudo se esgrime como un muro contra la innovación. ¿Cómo construir un nuevo modelo productivo para Entre Ríos si el único futuro que imaginamos es una copia perfecta de un pasado que ya no volverá? La nostalgia, cuando se politiza, deja de ser un sentimiento para convertirse en una prisión. Nos paraliza. Nos impide ver que los desafíos de hoy la economía digital, la transición energética, la logística del conocimiento son radicalmente distintos a los de la pujante década del ´60. Insistir en recuperar «aquella» industria sin preguntarnos para qué mundo la queremos, es condenarnos a la irrelevancia. La identidad no puede ser un museo; debe ser un motor. Entre Ríos en la encrucijada: ¿protagonista o espectadora de su suerte? Bárbaro señala con acierto la tragedia de una dirigencia económica «incapaz» que destruyó antes que construir. Este diagnóstico nacional duele de manera específica en nuestra provincia. ¿Cuántas veces hemos visto cómo proyectos claves para la región naufragan por la mezquindad política o la falta de una visión estratégica compartida? Nuestra riqueza potencial agrícola, energética, portuaria, turística parece condenada a ser una promesa eterna, fragmentada en feudos personales o partidarios. Por citar un ejemplo, el histórico puerto de Concepción del Uruguay, símbolo de nuestra historia comercial, debería ser hoy un nodo logístico de primer orden. No por culpa de la gestión actual, sino por la sumatoria de gestiones anteriores provinciales y nacionales, en cambio, vive a medio camino, mientras discutimos consignas en lugar de planificar cadenas de valor. Aquí, el «populismo» del que habla Bárbaro se traduce en obras cortoplacistas, anuncios grandilocuentes y una triste resignación a que lo «importante» siempre se decida lejos de aquí, en Buenos Aires. Desde que mataron a Urquiza, y salvo lo hecho por el mecenas uruguayense Mariano López y algunas excepciones más, hemos internalizado un rol de espectadores de nuestra propia decadencia. La libertad se teje en el territorio: del dicho al hecho Bárbaro reivindica una libertad concreta, arraigada, que nazca de la comunidad organizada. En la coyuntura actual, donde se ha instalado un relato de «libertad individual» que suele significar abandono y sálvese quien pueda, nosotros tenemos la responsabilidad de dar una respuesta desde el territorio. En eso estamos desde la gestión que está a cargo del gobierno local ¿Qué significa ser libre en Concepción del Uruguay en 2026? Significa tener garantizado el acceso a los servicios esenciales. Es una libertad de lo básico, de lo esencial, que hoy está en disputa. En nuestro municipio, esto implica una discusión presupuestaria seria y transparente, donde se prioriza (sólo con fondos municipales, nada de Nación o Provincia) la obra pública que integra, que une, que no deja a nadie atrás. Aun cuando falte por hacer y con qué hacer, se hace. Ni hablar de los servicios. Pero lamentablemente se está sólo en esto. La retirada nacional y provincial en vivienda, transporte, producción, trabajo y salud es superior al 100% durante estos dos años en nuestra ciudad. La libertad implica defender lo público no como un gasto, sino como la inversión más importante en cohesión social. Si el Estado municipal se llega retirar de un barrio, no dejará libertad; dejará un vacío que luego otros llenarán con miedo o con violencia. Nuestra tarea es estar presentes, construyendo esa libertad con hechos cotidianos. Para las mayorías y las minorías. Para todos. Un mensaje de esperanza desde la orilla del Uruguay La crítica sin esperanza es sólo lamento. Y nosotros, los entrerrianos, no somos gente que se queda llorando a la orilla del río. El análisis de Bárbaro, aunque crudo, nos da una brújula: el camino no está en negar el pasado, sino en honrarlo construyendo un futuro a su altura. Tenemos en nuestras manos la posibilidad de ser el laboratorio de una nueva política. Una que, desde lo local, demuestre que se puede gobernar con memoria, pero sin nostalgia, con pragmatismo, pero sin perder el rumbo ético. Podemos convertir a Entre Ríos en un ejemplo de integración productiva, donde el campo dialogue con la industria y la universidad con el Estado. La patria, es más que un partido político. Es un Don, algo que nos vino dado. En cambio, la Nación es una tarea constante. Es un compromiso diario. Nuestra esperanza no es una ilusión; es un proyecto. En nuestro Pago Chico comencemos a edificarlo, hoy mismo, aquí mismo, con las manos en la masa y la mirada en el horizonte. El futuro no nos espera; nos exige que lo inventemos. Miremos para adelante, hacia el horizonte, con memoria y futuro.

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