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» La Nacion
Fecha: 01/02/2026 08:43
Recuerdos imborrables vuelven en ráfagas, entre la bruma y la espuma del mar: la memoria trae largas caminatas desde Miramar hasta Mar del Sur (o Mar del Sud) en una infancia ya remota. Distante a 17 km al sur de la cabecera del partido de General Alvarado, asoman kilómetros y kilómetros de playas vírgenes con arena blanca, gris y negra, acantilados y viento, escenario que nada tiene que envidiarle a las Cumbres Borrascosas de Emily Brontë. En ese entonces, se llegaba a un pueblo ínfimo de casas bajas y calles de tierra con un hotel abandonado a sus fantasmas, los mejores alfajores, un único balneario y un restaurante croata con un líquido color cereza, aguardiente mágico que nos convidaba el dueño antes de encarar la vuelta, para juntar fuerzas para la caminata. Previo abundante plato de goulash con spaetzle. Mar del Sud fue fundado en 1885 junto con su gran hotel, ese que hoy ofrece comidas y meriendas y está siendo remodelado, de más de 100 habitaciones en estilo francés, pensado para turistas europeos. Pero el sueño del balneario europeo a lo Brighton de Katherine Mansfield no prosperó: el Banco de La Plata SA que había decidido fundarlo como alternativa a Mar del Plata quebró; desde entonces Mar del Sud conservó ese aire salvaje que aún hoy lo hace especialmente atractivo. Se encuentra ubicado entre el Arroyo La Tigra y el Arroyo La Carolina y está conectada por el tramo final de la ruta provincial RP 11; solo posee una calle pavimentada principal, la Avenida 100. Hoy Mar del Sur conserva su misterio, sus playas desérticas con acantilados, su tranquilidad y sus novedades; hace apenas unas semanas con bombos y platillos abrió Otero Sur, un restaurante del Bajo de San Isidro que vino para quedarse con su propuesta gourmet basada en sus clásicos de más de 10 años que se suman a la pesca artesanal y las verduras de la huerta logrando unos platos que merecen aquella peregrinación de la infancia. La casa para comer junto al mar fue realizada por Janusz Ruszcowski, respetando la geografía y la idiosincrasia del lugar. Es un restaurante familiar, continuación de Otero de San Isidro. Lo abrimos con Silvia Otero, Olivia y Astrid, nuestra nieta. Atienden mis sobrinos Lucas y Mateo. Con Silvia hace 18 años que tenemos restaurantes, el sueño de nuestras vidas. Primero fue El Único, luego la apertura de Río en el Delta y más tarde Otero. En esta etapa queremos consolidarnos y obviamente el sueño es vivir acá, pero falta un tiempo para eso. A los platos de allá se suman las piezas que nos provee Juan, el pescador, para hacer tiradito, ceviche, pesca del día a la plancha, explica Charly Beccar Varela, dueño y cocinero. Las verduras vienen de una huerta agroecológica a la salida de Miramar. Queremos aportar nuestro grano de arena para que este lugar sea cada día un poco mejor, concluye. Sorrentinos, rabas y alfajores Pero hay mucho más para aquellos que se instalen: pastas, la mejor tortilla y un largo etcétera. Para comer las pastas más lindas y ricas que probé tal vez sea el agua, las manos que trabajan o tal vez el lugar hay que alojarse o encargarlas por teléfono desde Miramar o desde donde sea, porque vale la pena el viaje. Yamila Tuero empezó a vender pastas en la pandemia. Por lo general, siempre me gustó explorar y probar cosas nuevas en la cocina. Una vez decidí comprarme mi primer molde para hacer pastas en casa con mi familia y al notar que ellos estaban contentos con el resultado, me inspiré mucho más, cuenta esta morocha de 31 años. Empezó a elaborar sabores tradicionales como los de jamón y queso, después fue probando distintos rellenos e innovando con verduras los colores de las masas, sin utilizar colorantes. Los sorrentinos La Marsureña tienen la masa de espinaca; los sorrentinos Vicente, masa de remolacha. Tiene moñitos de colores (masa de espinaca, remolacha, repollo o al huevo), fideos de pimentón ahumado y espinaca, entre otras variedades. Otras recomendaciones puntuales para tener en cuenta a la hora de viajar a este rincón de magia y misterio, en la costa atlántica: Las rabas del Balneario Cocoloco, entre otras minutas. La paella, la parrilla y las mejores papas fritas y la hamburguesa vegetariana del parador Mariyú. El yoga y las propuestas ligadas al bienestar de Almar, Mar del Sur holística que se brindan en la playa de este parador. Las milanesas, las tartas y los buñuelos de acelga de la rotisería Ximena. Las empanadas gigantes de Puerto Sur. La cerveza artesanal al paso de Teckel, de producción local. El comedor abierto mediodía y noche y la tortilla del camping La Ponderosa. Aunque aún no es seguro, es probable que Makarska, el restaurante croata, vuelva a abrir este año. El hotel Boulevard Atlántico, siempre en estado permanente de restauración, tiene su salón para poder tomar el té, almorzar o cenar, con propuestas artísticas, entre mármoles y arañas con caireles y ecos del pasado. Para lo dulce: la heladería Meraki, la casa de Tití y Paine Morales, con la mejor tarta de coco y dulce de leche. Los mega churros de Neymar y los premiadísimos alfajores de El&Mar. Está todo tan cerca y es tan fácil preguntar que no hacen falta direcciones. Basta caminar por la Avenida 100, la única calle asfaltada de Mar del Sur. Y luego seguir hacia Rocas Negras para pedir al cielo que este lugar conserve siempre su belleza salvaje. Entre arenas, pastizales y campos verdes se pueden ver ovejas, vacas y caballos: el campo muere en el mar. El pueblo en sí podría dividirse en dos. Por un lado, lo que sería el centro, con sus primeras casas construidas de espaldas al mar, resguardadas del viento entre una arboleda frondosa. En cambio, más al sur, en el sector Rocas Negras, están las casas que prácticamente se caen sobre el mar, por ser el único lugar de la Costa Atlántica Argentina en donde se puede tener un terreno sobre la playa. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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