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  • Paula Cahen dAnvers cuenta cómo cambió su vida luego de superar un cáncer

    » La Nacion

    Fecha: 31/01/2026 14:53

    Paula Cahen dAnvers cuenta cómo cambió su vida luego de superar un cáncer Símbolo de estilo, creadora de marcas potentes, Paula Cahen dAnvers tiene nombre conocido, pero una vida muy tranquila. Bajo perfil y precursora en eso de colonizar arenas lejanas (hace 34 años, junto a su exmarido Federico Álvarez Castillo, armó su rancho de verano en Rocha, Uruguay), describe su presente feliz, el amor en tiempos maduros, la conciencia de la finitud después de un episodio de salud y la importancia de reencontrarse con vocaciones dormidas. Paula, la chica que vendió la marca con su nombre, no observa marquesinas ni vidrieras con nostalgia porque lo resolvió enseguida: sigue creando. Hace moda junto a su exmarido, arte con los pinceles coloridos, y tiene un nuevo amor. Hemos logrado extender la familia y reinventarnos. Estoy orgullosa de haber podido, dice. -Pionera en Rocha, en un ranchito de mar que al principio no tenía ni luz... Sí, fue una hermosa locura que hoy continúa, pero ya en otro modo. Estoy del otro lado de la laguna Garzón. Cuando la compramos con Federico no había paso. No estaba la balsa y, por supuesto, no existía el puente. Pasábamos por la arena porque teníamos un auto apto para eso. Ibamos y veníamos por ahí. Nos enamoramos del lugar y nunca nos importó nada. Había un ranchito al que le hicimos unos arreglos y listo. Vivimos mucho tiempo sin electricidad. Obviamente sin vecinos ni guardavidas, frente al océano. -¿No tenían hijos todavía? -Él sí la tenía a Josefina, de un matrimonio anterior. Después llegaron Luna e Indalecio. Y todos se adaptaron bárbaro porque fue un gran proyecto. Crecieron con veranos a pleno océano. Obviamente había que tener un montón de cuidados. Pero logramos educarlos en conexión con la naturaleza, haciendo una vida simple lejos de todo lujo material. Porque el verdadero lujo era la inmensidad, tener el mar solo para nosotros. Hoy va cambiando todo y hay que aceptar que todo se vaya civilizando. ¿Pero quién nos quita lo vivido? Hace varios años atravesaste un tema de salud, te separaste, vendiste tu marca... ¿Qué ves cuando mirás hacia atrás? Que pude. Y que además, me reinventé. Lo del cáncer fue el mazazo más impactante y fuerte que me tocó vivir. Es como un cliché lo que voy a decir, pero en un punto siento que no hubiese cambiado lo que cambié si no me hubiera sucedido. Semejante cachetazo me hizo ver la vida desde otro lugar. Hoy me siento más rica y completa. Soy una persona compleja y eso me desarmó y me hizo más rica y completa. Ahora pruebo otras cosas, soy más curiosa y me doy más permisos. También inauguraste un camino espiritual. Yo no creía en nada, era completamente atea. Ahora tampoco soy religiosa, pero la parte espiritual apareció. Creo en la fuerza de la vida y pienso que lo que me trae está diseñado para mí. Trabajo la aceptación y cuando tengo miedo -porque aparece inexorablemente- conecto con la confianza. Siempre tuve la certeza de que me iba a curar y celebré el amor que tenía alrededor. Familia y amigos fueron fundamentales. Entendí que hay un Dios y sentí la fuerza, que me atravesaba. Y, como si fuera poco, te separaste. Pero una década después. Igual fue fuertísimo y muy doloroso. Lloraba y me decía: Nadie me avisó que esto era así, tan jodido. Hasta que me reencontré con una amiga muy querida, a la que vi tan bien, tan cambiada. Ella me recomendó un lugar que se llama Reencuentro del Alma y ahí comencé un camino conectado con la meditación. Nunca pensé que me iba a enganchar con eso, y mucho menos que me iba a volver a enamorar. ¿No era la intención? No, y menos conocer a alguien tan rápido. Quería estar un tiempo sola, pero uno no controla nada. Con Javier [Campos] nos une la comunicación. Es una persona con la que puedo tener charlas largas de todo tipo, alguien que me permite descansar en él. Me encanta que a su lado todo es fácil porque es cero neurótico o enrollado. Siempre buena onda, de los que te dicen: Obvio, sí, vamos. Con tu ex lograron una familia ensamblada, también en lo laboral. Sí, hemos logrado este ensamble y también pudimos reinventarnos. Me parece lindo y estoy orgullosa de haberlo conseguido. Ahora Federico tiene otro hijo con su nueva mujer y todo está muy bien. Trabajamos juntos con mucha pasión en Etiqueta Negra. Yo me encargo del universo femenino y él, además de la parte hombre, es el CEO. Hay respeto, independencia y autonomía. Nos manejamos bastante bien, y eso es muy lindo para los hijos. Resulta sano mostrar que el amor se transforma, que puede tener muchas facetas. -Ustedes lo lograron, pero no pasa siempre. Hay escándalos famosos. -Supongo que el secreto es rodearse de gente inteligente, con códigos. Mi pareja tiene su historia, su ex, sus hijos. Y todos nos respetamos con todos. Tenemos hijos trabajando en la empresa y todo bárbaro. En lo personal, soy cero escándalo. A veces me preguntan si sé lo que pasa con este o aquel y ni idea. No consumo chimentos ni temas del momento. A veces me impresiono por lo desinformada que estoy. Pero hace tiempo descubrí que lo que no me hace bien, afuera. Ni lo leo. Si algo no me alimenta ni me hace gracia, ¿para qué? Hay un estilo Paula, sin dudas. ¿Te considerás pionera en esto del lujo silencioso? No lo sé. A mí el lujo que me atraviesa es el de la calidad, las cosas que perduran en el tiempo. Es cierto que no soy estrafalaria y que prefiero poco, bueno, lo opuesto al fast fashion. Me gusta comprar una buena remera rayada y usarla años, que digan: Acá viene Paula con su remerita a rayas. Pero igual respeto todo. Está bueno que seamos diferentes. También fuiste muy embajadora del blanco y negro. El total black, total white... Sí, pero me gustan mucho los colores. Y cuando empecé a pintar, hace algunos años, me pegué más a ellos. Esa es otra de las nuevas facetas que me hacen feliz. Encerrarme a pintar, poder exponer, expresarme a través del arte me hace feliz y me emociona muchísimo. ¿En el día a día te vestís con tu marca? Todo el tiempo, absolutamente full time. El otro día miraba y vi que el 90 por ciento de mi vestidor es mi marca. Me hace sentir cómoda y linda. Después tengo cositas de afuera y mucho vintage. ¿Te resultó fuerte ver locales con tu nombre y ya no ser dueña de la marca? Al principio me hizo un ruido tremendo, fue muy desafiante venderla porque era mi bebé. Pero se dieron las cosas como para que fuera difícil decir que no. Hoy ya no miro nada porque no tengo incidencia y estoy con mis proyectos. No tiene sentido, ya está. Eso es una marca y yo soy Paula. Siempre militaste un estilo natural. ¿Te impresiona ver tantas caras intervenidas? Sí, no me acostumbro. No me gusta ese estilo de belleza hecha. Adhiero a lo natural y en lo personal estoy feliz. Obviamente hay días en que me veo algo y digo qué bajón. Pero no tengo puesto el foco ahí. Será porque vengo de una madre de 86 años que está bárbara, que le gusta cumplir años, que es sabia e inspira. Ella siempre me dijo que la vida se pone cada vez más linda. Y me agarro de eso. Si ella lo dice, así será. ¿Algún pendiente en la vida? No son pendientes sino experiencias que espero. Ni idea en qué va a devenir mi vida. Yo no pensaba pintar y pinto. Me fascina la naturaleza, la ecología, el mundo sutil. Los proyectos son vida y, si no son planeados y se te meten adentro, te laten bien, siempre adelante.

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