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» Clarin
Fecha: 30/01/2026 06:32
Una parte significativa de la bibliografía sobre el ajedrez considera a Salamanca como la cuna del juego, tal como se lo conoce hoy, ya que fue allí donde Luis Ramírez de Lucena publicó en 1497- una compilación de sus reglas. Todavía la Universidad de Salamanca, la sexta más antigua del mundo, conserva un ejemplar de aquella obra (Arte del ajedrez o Repetición de amor por el ajedrez). Ya en tiempos más cercanos y como una competición de alto nivel, en Salamanca jugaron desde Alekhine hasta Karpov y Kasparov, casi todos los astros del último siglo en el juego ciencia. Y también Miguel de Unamuno, el célebre escritor, pensador y filósofo, rector de la Universidad, fue un apasionado del ajedrez. Sergio Negri, investigador y divulgador de los vínculos entre el juego ciencia y la cultura, escribió que el ajedrez siempre cautivó a Unamuno. Sin embargo, ese deslumbramiento no fue lineal ya que en la evolución de su vida tuvo una relación bipolar, podría llegar a decirse que de amor-odio con el juego. Todavía la Casa de Unamuno en Salamanca, hoy un museo, cuenta con ejemplares de un curso de ajedrez del excampeón mundial Emanuel Lasker y la suscripción a la revista Ajedrez Español. Con todo ese amor inicial, cuando temió que se transformara en una obsesión, Unamuno sabría tomar demasiadas distancias en una fase ulterior en la que comenzó a hacerle furibundas críticas a una actividad que, hasta ese momento, tanto lo había conmovido, explica Negri. Colegio Nacional de Buenos Aires Los textos y pasiones de Unamuno alrededor del ajedrez tienen un curioso vínculo con nuestro país. Sucedió así: en 1910, el presidente del Club Argentino de Ajedrez, José Pérez Mendoza, le escribió una carta a Enrique de Vedia, rector del Colegio Nacional de Buenos Aires (y también socio del club). Allí le solicitaba la introducción del ajedrez en el programa de estudios del Colegio. Enterado Unamuno de aquella carta, escribió un artículo en La Nación, que luego incluyó en su libro de ensayos Contra esto y aquello. Es un artículo muy interesante y contradictorio. Pasa del amor por ajedrez (en mi época de estudiante llegué a apasionarme tanto que se convirtió en un vicio) hasta el sarcasmo y los cuestionamientos. Pero, concretamente, considera que no sería beneficioso para el programa de estudios. Llegó a escribir: El ajedrez tiene, sin duda, alguna de las ventajas, pero casi todos los inconvenientes de las matemáticas. Y yo no encomendaría un asunto delicado a un puro matemático. Las matemáticas, dadas sin compensación ni contraveneno, son funestísimas para el espíritu. Son como el arsénico, que en debida proporción fortifica y en pasando de ella mataHe conocido muchos jugadores de ajedrez y he jugado a su juego con muchos de ellos. Y debo declarar que la mayor pericia en el juego no coincidía necesariamente con la mayor inteligencia El ser un coloso en el ajedrez, como un Philidor, un Morphy, un Steinitz, un Tchigorinun Lasker, no prueba sino que se es un coloso en el ajedrez. En lo demás puede ser coloso, ordinario o pigmeo. El ajedrez estaría presente en varios textos de Unamuno. En su novela Niebla, de 1914, describe así un pasaje de un romance: Augusto avanzó dos casillas el peón del rey, y en vez de tararear como otras veces trozos de ópera, se quedó diciéndose: «¡Eugenia, Eugenia, Eugenia, mi Eugenia, finalidad de mi vida, dulce resplandor de estrellas mellizas en la niebla, lucharemos! Aquí sí que hay lógica, en esto del ajedrez y, sin embargo, ¡qué nebuloso, qué fortuito después de todo! ¿No será la lógica también algo fortuito, algo azaroso? Y esa aparición de mi Eugenia, ¿no será algo lógico? ¿No obedecerá a un ajedrez divino?» Y a principios de los años 30, iba a dejarnos su novela corta Don Sandalio, un jugador de ajedrez. Una reconciliación definitiva con el ajedrez. Mientras dure la guerra La película Mientras dure la guerra, dirigida hace seis años por Alejandro Amenábar, recrea la agitada temporada final de Unamuno en Salamanca, incluyendo el memorable duelo (dialéctico, aunque pudo ser peor) con el jefe de la propaganda franquista, el general José Millán-Astray. Unamuno fue destituido por el gobierno republicano como rector en la Universidad de Salamanca. Esto podía acercarlo a los sublevados del bando nacionalista. Pero sí así sucedió al principio, Unamuno rápidamente quedó desencantado por la represión, el salvajismo de los falangistas y los fusilamientos de amigos y conocidos. El 12 de octubre de 1936, en un acto en el paraninfo de la Universidad, se cruzaron Unamuno y el general. No quedaron registros oficiales ni crónicas de aquellos discursos, pero sí una leyenda, reforzada por los historiadores. Y aunque las frases tal vez no fueron textuales, sí fue el sentido del enfrentamiento. Millán gritó muera la inteligencia (o mueran los intelectuales traidores). Y a Unamuno se le atribuye la réplica en voz baja: Venceréis, pero no convenceréis. Pero sí se rescató un escrito del propio Unamuno sobre aquel episodio. Y denunciaba: Por haber dicho que vencer no es convencer ni conquistar es convertir, el fascismo español ha hecho que el gobierno de Burgos - que me restituyó a mi rectoría vitalicia con elogios- me haya destituido de ella sin haberme oído antes ni dándome explicaciones. Los falangistas estaban listos para terminar aquel día con el propio Unamuno, pero lo salvó la esposa de Franco, Carmen Polo, quien lo tomó de un brazo se lo llevó. El filósofo Iba a morir poco después, el último día de aquel año nefasto. Siguiendo la tradición En octubre pasado, y manteniendo aquella tradición salamantina, el Ayuntamiento organizó un torneo internacional con seis maestros a dos rondas, con partidas de ritmo rápido, en el marco de un festival que incluyó actividades para los chicos y conferencias. El vencedor fue el gran maestro indio Pranav Venkatesh, quien ganó nueve de sus diez partidas e igualó la otra, con la campeona española Sabrina Vega. El ucraniano y ex campeón del mundo Ruslan Ponomariov terminó 2°, un puesto por delante del peruano Julio Granda. Este fue un prodigio desde chico accedió al primer Campeonato de su país cuando apenas tenía nueve años- y también, como veterano, ya está al borde de los 60 años. Los estímulos para que Granda se volcara profesionalmente al ajedrez le llegaron cuando un argentino, Szmetan, le acercó bibliografía en una visita a Perú. Granda fue campeón mundial sub 14 y, más adelante, estuvo entre los 25 mejores del ranking del mundo. Su cuenta de triunfos incluye el Memorial Capablanca en Cuba y, entre nosotros, el recordado Magistral Najdorf de 1991, cuando compartió el primer puesto con una leyenda como Miguel Tal y el cubano Nogueiras. Siete años más tarde, Granda se retiró de las competencias para dedicarse a los negocios agrícolas de su familia, pero retornó en 2002. Y en 2008, con su mujer y sus cuatro hijos se radicó en Salamanca. Granda entiende el ajedrez con la profundidad que solo muestran los genios, ve claro lo que para la gran mayoría es oscuro, lo describió ese gran divulgador del juego ciencia, Leontxo García. Sobre la firma Newsletter Clarín Newsletter Clarín
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