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  • Fatiga, estrés y descanso: cinco estrategias simples para revertir el desgaste cotidiano

    » TN

    Fecha: 30/01/2026 09:01

    Cuando el cansancio se vuelve constante, el estrés ocupa cada momento del día y dormir ya no alcanza para sentirse bien: el cuerpo empieza a enviar señales que muchas veces ignoramos. Lejos de ser un problema aislado, la combinación de fatiga, estrés y mal descanso impacta en múltiples aspectos de la salud física y mental. En un contexto donde las exigencias laborales, académicas y personales se intensifican, aprender a reconocer estos síntomas y adoptar estrategias para revertirlos no solo mejora la calidad de vida, sino que también fortalece la salud a largo plazo. La buena noticia es que el organismo tiene una enorme capacidad de recuperación cuando se le brinda el descanso y las condiciones adecuadas. Cómo se relacionan el estrés, la fatiga y el sueño El estrés activa mecanismos biológicos diseñados para responder a situaciones de amenaza. Sin embargo, cuando se mantiene en el tiempo, este estado de alerta permanente altera el equilibrio del organismo y afecta el descanso nocturno. Dormir mal, a su vez, incrementa la sensación de cansancio y reduce la capacidad de afrontar el estrés, generando un círculo difícil de romper. Diversas investigaciones muestran que la falta de sueño afecta funciones cognitivas como la memoria, la concentración y la toma de decisiones, además de influir en el estado de ánimo. Según estudios publicados en Sleep Medicine Reviews, el sueño insuficiente se asocia con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, metabólicas y trastornos del ánimo. En este escenario, la fatiga deja de ser un síntoma pasajero y se convierte en una señal de alerta que el cuerpo utiliza para indicar que algo necesita cambiar. Qué efectos tiene en la salud física y mental La combinación de estrés crónico y mal descanso impacta en distintos sistemas del organismo. Entre los efectos más frecuentes se encuentran: - Disminución de la energía y la motivación cotidianas. - Alteraciones del sistema inmunológico, con mayor susceptibilidad a infecciones. - Cambios en el apetito y en el peso corporal. - Problemas de concentración, irritabilidad y dificultad para regular las emociones. - Aumento del riesgo de enfermedades crónicas. La American Psychological Association señala que el estrés sostenido puede afectar tanto la salud mental como la física, contribuyendo al desarrollo de ansiedad, depresión y enfermedades cardiovasculares. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud advierte que los trastornos relacionados con el estrés y el sueño representan uno de los principales desafíos de salud pública en el mundo actual. Sin embargo, estos efectos no son inevitables: identificar el problema a tiempo permite intervenir antes de que se vuelva crónico. Cinco estrategias simples para revertir el desgaste cotidiano La recuperación del equilibrio entre mente y cuerpo no depende de cambios drásticos, sino de hábitos sostenidos en el tiempo. Algunas estrategias respaldadas por la evidencia científica incluyen: - Priorizar el sueño: mantener horarios regulares, reducir el uso de pantallas antes de dormir y crear un ambiente propicio para el descanso. - Gestionar el estrés: incorporar técnicas de relajación, respiración consciente o actividad física moderada. - Organizar la rutina: establecer límites entre trabajo, estudio y tiempo personal. - Cuidar la alimentación: una dieta equilibrada contribuye al funcionamiento del sistema nervioso y a la calidad del sueño. - Buscar apoyo profesional: cuando el cansancio y el estrés persisten, consultar a especialistas es clave. Lejos de ser un lujo, descansar bien es una necesidad biológica. Recuperar el sueño, reducir el estrés y atender la fatiga permite no solo sentirse mejor, sino también prevenir problemas de salud futuros.

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