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  • Artemis 2: el curioso motivo por el que el cohete que irá a la Luna es de color naranja

    » TN

    Fecha: 29/01/2026 16:48

    El cohete Space Launch System (SLS), que la NASA ya tiene listo en la plataforma de lanzamiento de Cabo Cañaveral en Florida, llama la atención no solo por su gran altura, sino por un curioso color naranja. Elemento fundamental de Artemis II, la misión que enviará astronautas alrededor de la Luna y de regreso a la Tierra por primera vez en más de 50 años, el SLS tiene una tonalidad que lo hace distinguible incluso a cientos de metros de distancia. Leé también: Un viaje histórico a la Luna y un satélite argentino a bordo: así será Artemis II, la nueva misión de la NASA Sin embargo, ese color no corresponde a una elección estética ni funcional. Y tampoco es un guiño a diseños de naves antiguos: la explicación es un proceso químico que se produce cuando el material aislante que recubre el cohete queda expuesto a la radiación solar. Ese material es una espuma de aislamiento térmico aplicada sobre el cuerpo central del cohete, conocido como core stage. Su función es proteger los tanques que almacenan hidrógeno líquido y oxígeno líquido, dos propelentes que deben mantenerse a temperaturas extremadamente bajas en las horas previas al despegue. La espuma actúa como una barrera que reduce el intercambio de calor con el ambiente y evita la formación de hielo en la superficie. Al momento de su aplicación, ese aislante tiene un tono amarillo claro. Pero con el paso del tiempo, y tras permanecer expuesto a la luz solar en la plataforma de lanzamiento, la radiación ultravioleta provoca una reacción fotoquímica que oscurece el material. Ese cambio, gradual y visible, es el que termina dándole al SLS el color naranja que hoy lo distingue. Por qué la NASA no pinta el cohete SLS de blanco La NASA decidió no cubrir esta espuma con pintura por una razón clave en la ingeniería espacial: el peso. Agregar una capa adicional implicaría sumar masa que no aporta empuje ni mejora el desempeño del vehículo. En un lanzador diseñado para misiones en el espacio profundo, cada kilogramo innecesario reduce el margen operativo y la capacidad total del sistema. Leé también: Así es ATENEA, el satélite argentino que formará parte de la próxima misión de la NASA a la Luna Esta elección tiene antecedentes. Durante el programa del transbordador espacial, los primeros tanques externos fueron pintados de blanco, pero la experiencia demostró que la pintura no ofrecía ventajas térmicas reales e implicaba un costo en términos de peso. A partir de entonces, se optó por dejar el aislante expuesto, una decisión que hoy podemos ver en el cohete que llevará a la tripulación de Artemis II a dar una vuelta a la Luna. Así, el aspecto exterior del cohete refleja la lógica de un proceso químico y de eficiencia, más que una intención visual.

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