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Fecha: 29/01/2026 10:13
La postal del trigo argentino en la campaña 2025/26 ofrece una imagen ambivalente. Por un lado, el país celebra una cosecha récord de 27,8 millones de toneladas, un volumen que confirma el potencial productivo del cereal y su peso estratégico dentro del complejo agroindustrial. Leé también: El maíz tiene pérdidas irreversibles por falta de lluvias en el sur de Córdoba Por el otro, detrás de ese número histórico se esconde una dificultad que atraviesa a toda la cadena molinera: la escasez generalizada de trigo con aptitud para panificación. La advertencia llegó desde la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM), que nuclea a los principales molinos harineros del país. Su presidente, Diego Cifarelli, puso en palabras una preocupación que se repite en cada planta industrial: la imposibilidad de conseguir, en cantidad suficiente, trigo que cumpla con los parámetros mínimos de calidad necesarios para elaborar harinas panaderas. Leé también: Las lluvias se concentrarán sobre el NOA y parte de la Mesopotamia en el inicio de febrero En campañas anteriores, los problemas de calidad podían quedar circunscriptos a una región puntual y ser compensados con mercadería proveniente de otras zonas. La particularidad de este ciclo es que la dificultad se manifestó de manera transversal, sin distinción geográfica. No hubo provincia ni área productiva que pudiera actuar como respaldo frente a la caída general de los estándares panaderos. Un dato que alarma Los números respaldan esa percepción. Un relevamiento sobre 3170 muestras de trigo pan, correspondientes a casi 113 mil toneladas de la cosecha 2025/26 en la provincia de Buenos Aires, arrojó un nivel promedio de gluten del 20,7%. Se trata de un valor muy por debajo del umbral considerado adecuado para la panificación, que se ubica en torno al 26%. Los análisis realizados por las Cámaras Arbitrales de las Bolsas de Cereales de Buenos Aires (BdC) y de Bahía Blanca (BCBB) profundizan la señal de alerta: apenas el 3,5% de las partidas evaluadas superaron ese piso mínimo de calidad. En términos prácticos, esto implica que la gran mayoría del trigo disponible no responde a las exigencias que demanda la elaboración de pan y otros productos farináceos. Leé también:La campaña pinta muy bien, pero necesitamos menos presión fiscal, dijo un productor del norte bonaerense Ante este escenario, los molinos se vieron obligados a ajustar sus procesos productivos para sostener la elaboración de harinas. Lejos de tratarse de cambios menores, las modificaciones alcanzaron etapas centrales del trabajo industrial. Se implementaron amasados más cortos y cuidadosamente controlados, ya que las masas tienden a ligar con mayor rapidez y un sobre amasado puede debilitar aún más la estructura del gluten. También se redujo la cantidad de agua utilizada en las formulaciones, con el objetivo de lograr masas más firmes y manejables, y se acortaron los tiempos de fermentación. A esto se sumó una revisión exhaustiva en la dosificación de mejoradores, una herramienta clave para compensar, en parte, las deficiencias del cereal de origen. Leé también: Alivio para un sector de la zona núcleo, mientras el norte bonaerense sigue esperando agua Desde la industria destacaron que el sector cuenta con el conocimiento técnico y el personal especializado para adaptarse a contextos adversos. Sin embargo, subrayan que el trigo no es un insumo indiferenciado cuando ingresa al circuito industrial. Aunque pueda comercializarse como commodity en el mercado internacional, dentro del molino funciona como una materia prima específica, cuya calidad define el resultado final de alimentos que forman parte de la mesa diaria de los argentinos. La campaña 2025/26 deja así una enseñanza incómoda. El volumen, por sí solo, no alcanza para garantizar el normal funcionamiento de la cadena. La cosecha récord convive con una señal de alerta que interpela a productores, técnicos e industria sobre la necesidad de recuperar parámetros de calidad que permitan sostener, más allá de los números, la base del pan cotidiano.
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