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» Clarin
Fecha: 29/01/2026 06:51
En Pinamar, como en casi toda la Costa Atlántica, los próximos días el índice UV alcanzará el nivel 11, una categoría considerada muy alta según los organismos de salud. Traducido a la vida real: la piel puede dañarse en pocos minutos si no está protegida. Aun así, entre reposeras, mates y chapuzones, cada veraneante construye su propio ritual para convivir con el sol. En Rada Beach, un grupo de amigos arma su campamento temprano. Algunos se cubren con remeras, otros se ponen bajo el sol buscando color. Natalia, que llegó desde Zona Norte de Buenos Aires, no duda: Me cuido del sol, uso factor 50. Ahora empecé a comprarme protector para la cara y también 50. El precio no pasa desapercibido. Acá lo vi a 23 mil pesos, así que lo traje desde mi casa para evitar ese gasto, cuenta, mientras se lo vuelve a pasar en los hombros. A pocos metros, Constanza confiesa una lógica distinta, bastante extendida en la playa: Uso aceite bronceador. La verdad que no me hace mucha diferencia quemarme porque soy trigueña, pero lo uso igual porque me deja buen color. En la cara me pongo protección 50. El último verano me aparecieron muchos videos sobre la importancia de cuidarse la cara también, yo antes obviaba el rostro. La idea de que ciertos tonos de piel se bancan más el sol sigue circulando, aunque los dermatólogos insisten en que el daño solar es acumulativo y afecta a todos, más allá del color. Candela Espoal tiene 50 años y su testimonio corta el murmullo playero. Habla con la calma de quien aprendió tarde, pero aprendió. Desde los 13 hasta los 20 tomé mucho sol sin protección. En esa época usábamos aceite para cocinar. Y cuando iba a la montaña o a la nieve, cero protección también. El resultado apareció años después: Me salió un carcinoma en la piel, en la zona de la nariz. Hoy su vínculo con el sol es otro: No me expongo, uso mucha protección solar, gorro, factor 50 y voy a la playa recién a las cuatro de la tarde. El índice UV mide la intensidad de la radiación ultravioleta que llega a la superficie terrestre. Cuando supera el nivel 8, el riesgo es alto; en 11, el daño puede producirse en menos de 10 minutos sin protección. Por eso, la recomendación es clara: evitar el sol entre las 10 y las 16, usar protector de amplio espectro, reaplicarlo cada dos horas y sumar barreras físicas como gorras y anteojos. No todos siguen el manual al pie de la letra. Nicolás dice que se cuida siempre con protección 50, pero aclara: No me escondo del sol. Fernando, en cambio, admite cierta desprolijidad: Yo me quemo jugando al golf. Me pongo factor 30 antes de venir a la playa o ir a jugar, pero después no me pongo más durante el día. Ester se protege, aunque con olvidos: Uso protección 30. Cuando me meto al agua me lo repongo cuando me acuerdo. Para la cara uso 60, más que nada por las arrugas. Bárbara coincide en parte: Uso protección 50. No me lo repongo en el cuerpo, pero sí en la cara. En otra escena, una familia descansa en reposeras bajas. Bárbara Smith y Nicolás Rocha están con Mateo, su hijo, y el cuidado cambia de escala. A Mateo le ponemos protección factor 50 cada dos horas, sobre todo cuando sale del mar. Y todos hacemos lo mismo, cuenta Bárbara. También nota una diferencia con otros veranos: El precio este año lo vi mejor, me salió 15 mil pesos. Un poco más allá, Ana Laura y Diego Pirota buscan equilibrio entre cuidarse y broncearse. Uso factor 50 para la cara sin color y 40 para el cuerpo. Cero no, porque un poco me quiero broncear, dice ella. Diego suma: En la cara siempre 50, en el cuerpo 40. Nos reponemos una vez al día, ella más que yo. A los más chicos también se lo pasamos. Últimamente tomamos mucha más conciencia del sol. Esa mayor conciencia también se nota del otro lado del mostrador. En la Farmacia Osvaldini, explican que las ventas de protectores solares crecen año a año. Está dividido lo que más buscan: los que vienen muy blancos de la ciudad buscan aceleradores de bronceado con factor 30 o directamente 50. Esos son los dos extremos, cuentan. Los formatos también cambian: Se venden mucho más los sprays que las cremas. Los pediátricos salen muchísimo, en spray y en crema para bebés. Los números acompañan la tendencia: por día pueden vender hasta 30 protectores solares. Los importados rondan los 80 mil pesos; los nacionales, 26 mil; los familiares grandes, cerca de 40 mil. También se vende mucho post solar, bálsamos labiales con factor 50 y protectores faciales, muchos con color, que van de los 15 a los 30 mil pesos. En la playa, el sol sigue marcando el ritmo. Algunos se tapan, otros se doran, otros aprendieron a esquivarlo. AS Sobre la firma Mirá también Newsletter Clarín
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