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  • Cómo tratar el dolor crónico y cuándo hay que prestarle más atención de la habitual

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    Fecha: 28/01/2026 10:56

    Se estima que 3 de cada 10 personas experimenta en algún momento de su vida un dolor crónico, de intensidad moderada a severa, pero que no necesariamente indica que algo esté mal en el cuerpo. Puede tratarse, en cambio, una señal mal aprendida o una falsa alarma. El sistema nervioso -y en particular el cerebro- puede quedar acostumbrado a mandar mensajes de alerta aun cuando el peligro ya no existe. Así lo indicó la kinesióloga Daiana Azcona, que además indicó que, a diferencia del dolor agudo, que suele desaparecer cuando los tejidos se recuperan, el dolor crónico primario es más esquivo, porque aparece o permanece aun cuando no hay una lesión activa y se sostiene por más de tres meses. Podríamos graficarlo como si un sensor quedara hipersensible, disparando sirenas frente a estímulos que antes eran neutros. El dolor se siente, es real, pero no siempre responde a un daño actual, señaló. La experta dijo luego que el problema es que, ante ese malestar, el cuerpo se repliega. Cuando las personas llegan al consultorio, vemos que empezaron a moverse menos, a evitar gestos, a abandonar actividades, a no forzar y eso, lejos de ayudar, suele empeorar el cuadro, expresó. Además, dijo que hay que recordar algo clave: el cuerpo está diseñado para moverse en múltiples direcciones, con variedad, con carga y descarga. Cuando ese movimiento se pierde por sedentarismo, por rutinas repetidas o por temor, las estructuras empiezan a quejarse y no porque estén rotas, sino porque no están siendo usadas como necesitan. Entonces, después de horas sentados, siempre en la misma postura, aparece el dolor de espalda y no se va. No hubo golpe, no hubo lesión puntual. Hubo una acumulación de falta de movimiento diverso, aseveró. Los factores emocionales y psicosociales Azcona indicó que ese proceso no es solo físico, ya que, el dolor crónico está atravesado por factores emocionales y psicosociales y explicó que cambios vitales importantes, estrés sostenido, duelos, ansiedad, también influyen en cómo se percibe el dolor y en cómo se mantiene en el tiempo. Por eso, reducirlo a algo del cuerpo o, en el extremo opuesto, a algo psicológico, es una simplificación que no ayuda. El dolor es una experiencia sensorial y emocional siempre y debe ser tratado como tal, dijo. Para saber qué hacer entonces ante un dolor crónico, la especialista dijo que, desde la kinesiología actual, entienden que el abordaje debe ser multifactorial y que el tratamiento más recomendado hoy tiene un eje central: el movimiento, indicado y acompañado por profesionales. No cualquier ejercicio, no recetas genéricas. Movimiento adaptado a la historia de cada persona, a su rutina, a sus miedos, a su cuerpo real. El objetivo no es forzar, sino enseñarle al cerebro que ese gesto, ese esfuerzo, ese movimiento, no es peligroso. Es, de algún modo, reeducar al sistema nervioso, señaló. Lee también: Descubren un interruptor en el cerebro que podría frenar el dolor crónico Asimismo, añadió que, para prevenir, hay que hacer diferentes tipos de ejercicios que contemplen tanto la actividad aeróbica como el fortalecimiento muscular y la elongación, ya que, consideró que el movimiento es el gran salvavidas y dijo que, además, hay una idea cultural muy instalada que conviene desmontar: no es normal vivir con dolor, no es parte de la edad, ni una condena inevitable del paso del tiempo. Acostumbrarse al dolor es una forma silenciosa de resignación que empobrece la calidad de vida. El dolor no debería formar parte de la agenda cotidiana. Cuando aparece y se sostiene, merece atención, dijo la coordinadora de Kinesiología del Centro Hirsch, quien expresó que, podemos pensar en el dolor crónico como una falsa alarma, pero sin ignorarlo ni naturalizarlo, a la vez que indicó que hay que escuchar el mensaje, consultar con un profesional y juntos revisar los hábitos para recuperar el bienestar. Escuchar el dolor no es detenerse: es empezar a moverse mejor, culminó.

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