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  • Útiles y uniformes: las estrategias para anticiparse al inicio de clases y gastar menos

    » La Nacion

    Fecha: 28/01/2026 09:15

    Útiles y uniformes: las estrategias para anticiparse al inicio de clases y gastar menos Compras adelantadas, pedidos por WhatsApp y recorridos distintos, según el barrio anticipan el comienzo de la temporada escolar - 8 minutos de lectura' En los últimos días de este enero, el calor sigue en la Ciudad de Buenos Aires, pero el modo vacaciones comienza a apagarse. Para las madres y los padres que terminaron diciembre exhaustos por el ciclo escolar, entre exámenes y actos de fin de año, en menos de un mes las clases están a la vuelta de la esquina, otra vez. En la corrida por las Fiestas y las vacaciones en la puerta, quedó en el tintero la lista de útiles escolares que pide cada año el colegio y el uniforme, que seguramente para marzo habrá quedado chico o faltará el buzo, que vaya a saberse dónde quedó. Las clases comienzan en la Ciudad de Buenos Aires el 25 de febrero y en la provincia de Buenos Aires, el 2 de marzo. Sin embargo, gran parte de los colegios de gestión privada, sobre todo los bilingües, reabrirán sus aulas el 11 de febrero. ¡Ya! En Belgrano, uno de los barrios porteños con mayor densidad de colegios privados, ante la inminencia del ciclo lectivo, las listas y uniformes son el tema recurrente en estos días. Sin embargo, el clima del barrio sigue en modo vacaciones; la avenida Cabildo comenzó a tener un tímido tráfico a partir de la segunda quincena, pero en las calles de Belgrano R, el desértico enero sigue presente. No hay un alma, ni autos ni gente en las veredas. Esta contradicción tiene explicación. Los padres han ido buscando estrategias para tener resuelto el problema de los útiles y uniformes antes de irse de vacaciones. Las compras arrancan en diciembre. A partir de las listas, los padres se contactan con nosotros por WhatsApp. Chateamos y preguntamos qué carpeta, qué color, si te gusta esta, si no. El cliente termina definiendo y mando el PDF con el monto, cuando venís, arreglas cómo querés pagar y te mando el día que te conviene venir por promos bancarias o lo que tengas, cuenta Paola, encargada de la tradicional Librería Ascorti, que atiende las listas de unos 15 colegios. Mandé la lista por WhatsApp y después paso a buscarla. La idea es resolver todo antes de irnos de vacaciones y no volver sobre el tema, dijo a LA NACION Lucía, madre de dos varones que concurren a una escuela primaria de la zona. Simplificar La clave parece estar en la simplificación. Habiendo tanta competencia, lo que le queda a la librería de barrio es que nos elijan por el servicio personalizado. A veces, por precio,no podemos competir; no es algo que nos quite el sueño porque ofrecemos servicio. El consumo mutó, entonces hay que acompañarlo porque si no te quedás afuera del sistema, explicó Paola. En cuanto a los precios, el escenario es bastante estable. Según explican en los comercios, los valores acompañan la inflación y se mantienen sin grandes sobresaltos desde diciembre. No hay margen para subas bruscas, pero tampoco para grandes liquidaciones de último momento: lo que se paga hoy es, en líneas generales, lo que se seguirá pagando hasta marzo. En cuanto a los uniformes, una gran parte lo resuelve en las tiendas que los propios colegios tienen en sus instalaciones. Los que no, suelen elegir comercios que los confeccionan y se los encargan con sus especificaciones. Ese es el caso de College, que se encarga de la venta de uniformes de unos 20 colegios del barrio de Belgrano. Como sucede con los útiles, los padres tratan de resolver el tema de la indumentaria escolar antes de irse de vacaciones. Generalmente, ya compran todo en diciembre porque todos los años hacemos una promoción y los padres la aprovechan. Si alguna prenda luego les queda chica o grande, se las cambiamos para que puedan comprar tranquilos, cuenta Sandra, encargada del lugar. Sobre la avenida Cabildo, donde el tránsito de autos y personas comienza a intensificarse, se encuentra la librería Improstock que, sin llegar a ser mayorista, funciona como un supermercado escolar: un local amplio, de autoservicio, con góndolas cargadas y una oferta pensada para abastecer a familias de colegios muy diversos, en un solo recorrido y sin necesidad de comprar por volumen. Trabajamos mucho con colegios privados de la zona, nos traen las listas y las preparamos. Hay bastantes pedidos grupales y eso implica un menor precio. Cuando es más cantidad, hacemos una lista especial con un descuento bastante importante. Hay muchos que siguen optando por la buena calidad y otros que se siguen fijando en el precio, pero la prioridad es conseguir la lista completa, explica Matías, encargado de la librería. La gente busca más calidad y variedad que precio. Muchas personas reconocen que prefieren venir aquí aunque esté $100 más caro por la buena atención que brindamos, dice Matías. Coincide Federico, padre de Juan de 15 años: Compramos la lista completa de una vez. Buscamos buena atención y no tener que andar recorriendo. En la misma sintonía Carolina, madre de dos niñas de escuela primaria, dijo: Queremos resolverlo rápido y cerca de casa. Cumplimos con lo que pide el colegio y listo. Este año, además, miramos un poco los precios, pero no es lo principal. Pero no todos los recorridos empiezan ni terminan en el barrio. El circuito porteño obligado, cuando de precios se trata, es por la zona de Once. Allí siempre se encuentran las mejores ofertas, sobre todo cuando la compra es cuantiosa en su volumen. Las interminables listas de útiles escolares que entregan los colegios a fin de año ameritan la excursión por las calles de la zona, donde se percibe que el movimiento febril no se detuvo por las vacaciones. A lo largo de la avenida Corrientes, se observa que el circuito se adaptó al momento; muchos negocios que venden habitualmente ropa agregaron uniformes escolares, los de bijouterie ofrecen mochilas y cartucheras y así Once es la meca para las compras escolares, con precios muy inferiores a los de otros barrios y siempre con la opción de venta por menor y mayor. La brecha se vuelve más clara al revisar productos concretos. Un cuaderno de tapa dura puede conseguirse en Once por alrededor de $6.590, mientras que en librerías de barrio ronda los $7.900. En el caso del repuesto de hojas, la diferencia es más marcada: $28.500 en el circuito de Once frente a valores cercanos a los $43.900 en zonas residenciales. Algo similar ocurre con las carpetas plásticas, que se ofrecen desde $2.863 en el área mayorista y alcanzan los $4.500 fuera de ese circuito. Las filas para comprar aún no se ven. En la Librería del Once, de las más concurridas tradicionalmente, tienen una cadena en la puerta para no permitir el paso a más de unos 10 clientes, pero nadie espera afuera. Martín, encargado del lugar, dice que tienen mucho trabajo, pero que no puede distraerse porque hay muchos pungas. El único que espera es Pablo, padre de un niño de 6 años, que explica: Vengo en enero porque después aumenta o no, pero va a estar todo lleno de gente que viene a último momento. Vengo con la lista del colegio, que nos la dieron los primeros días de enero. A pocas cuadras de allí se encuentra la Librería Malí, mayorista. Aquí hay fila, pero corta, y como en el resto de las librerías, hay cadenas en la puerta para dejar entrar de a poco. Susana, su encargada, señala que tienen mucho trabajo, que dejan pasar de a poca gente por los pungas, y que esperan más ventas a medida que la gente vuelva de vacaciones. Sofía viene desde San Martín, es madre de 3 chicos, y cuenta: Algunas cosas las compramos en grupo y otras por separado, pero siempre mirando el precio. Venimos porque acá hay opciones. Cerca suyo Juan Carlos, padre de una adolescente de 13 años, llega desde Flores. Yo vengo solo con la lista de mi hija, pero comparo todo. Si hay algo más barato, voy por eso. Acá se puede elegir según lo que uno puede pagar. Al lado, la librería mayorista Casabe, también tiene cadena, y no hay fila. Aquí se pueden armar listas, hay un cartel con un QR, donde se pueden armar los pedidos y retirar la compra. Claudia, una empleada que cuida la puerta, cuenta que la gente empezó a comprar en diciembre, pero usualmente viene más cerca del inicio de las clases. En enero, con la ciudad todavía en modo vacaciones, la compra de útiles y uniformes ya empezó. Hay listas que se mandan por WhatsApp, pedidos que se arman y se retiran sin demora, recorridos que se hacen antes de tiempo. Mientras febrero se acerca y el ritmo empieza a cambiar, el objetivo es simple: que el primer día de clases no llegue con la lista pendiente.

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