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  • El Gobierno le quita el sable corvo de San Martín al Museo Histórico Nacional y con una "teatralización" se lo entrega al Regimiento de Granaderos

    » Clarin

    Fecha: 28/01/2026 07:12

    Lo que comenzó como un desatino no mejoró con el transcurso de la tarde. Luego de que tres fuentes inobjetables, dos vinculadas a la Secretaría de Cultura de la Nación y una de la provincia de Santa Fe, confirmaran a Clarín que el intendente de San Lorenzo, localidad de esa provincia, solicitó el sable corvo del general San Martín, que se encuentra en custodia del Museo Histórico Nacional, para ser usado como "cotillón" en una ceremonia, el Gobierno planea que en realidad, esa actividad sea la formalización del cambio de destino de esa reliquia histórica: el arma dejará de estar en el museo, donde es visitada por miles de personas, para pasar a ser custodiada por el Regimiento de Granaderos. El sable del Liberador, adquirido en Gran Bretaña por él mismo, tuvo un trasiego agitado con dos robos por comandos peronistas de la sede del MHN en 1963 y 1965, hasta que finalmente volvió al Museo, tras permanecer bajo custodia del Regimiento de Granaderos a Caballo durante largo tiempo. El decreto de Milei apunta, según nos transmitieron fuentes irreprochables de Presidencia, a la correcta administración, la preservación y la seguridad de este bien histórico. Será devolverle a los suyos lo que es propio. No se entiende con claridad qué significa la correcta administración cuando, desde que en 2015 un decreto presidencial lo instaló en el MHN, allí ha permanecido el tesoro histórico y patrimonial hasta hoy, con custodia de tres granaderos en tres turnos. Según las fuentes, en el decreto el presidente Milei consignará que el destino de la donación no fija el lugar, fija una finalidad: que el Estado garantice su custodia y conservación. La interpretación es jurídica, razonable y de buena fe. Pues si Manuelita Rosas de Terrero resucitara diría que tal afirmación es falsa. Una teatralización La movida comenzó a revelarse temprano cuando trascendió que el intendente radical Leonardo Raimundo había pedido al secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, el sable corvo para una teatralización del Combate de San Lorenzo. Durante la tarde, se supo que el mandatario municipal no había hecho ese pedido sino que "ponía el lugar" para una ceremonia de otra naturaleza. Geográficamente, la batalla que recogen los libros de historia y que hemos estudiado en la escuela tuvo lugar junto al Convento de San Carlos Borromeo, en San Lorenzo, provincia de Santa Fe. Fue el único combate librado por el Regimiento de Granaderos a Caballo en territorio argentino, según nos cuentan las fuentes. Y nos aseguran que el sable corvo de San Martín no fue usado en esa batalla, pues nunca se blandió en suelo argentino. Los datos que obran en la Casa de la Independencia señalan que, a comienzos de 1813, la situación era preocupante para los revolucionarios en el litoral. Los españoles seguían ocupando Montevideo y realizando desde allí incursiones hostiles en el río Paraná. San Martín recibió órdenes de dirigir una compañía de los Granaderos a Caballo para proteger a la población y al ganado de los ataques del enemigo. El 31 de enero, San Martín supo que cerca de San Lorenzo habían anclado buques españoles. Hacia allí se dirigió. Quince minutos El Libertador apostó sus tropas detrás del monasterio que había sido desalojado y, en la madrugada del 3 de febrero, advirtió el desembarco realista, apostado en la torre del convento. Con lanzas y espadas, el Regimiento atacó al enemigo. En quince minutos, según cuenta la historia, los Granaderos vencieron a los realistas. San Martín fue herido y su caballo cayó a tierra. Fue el granadero correntino Juan Bautista Cabral quien salvó la vida del general San Martín. La batalla fue incompleta, pero exitosa por la captura de las armas enemigas. Fue el bautismo de fuego de los Granaderos y, años más tarde, en Chacabuco, San Martín planteó la misma estrategia militar, en un combate donde se ponía en juego el destino de la revolución. Aunque a media tarde no había llegado al Museo Histórico Nacional (MHN) ningún pedido formal del sable corvo que, expuesto en esa institución, tiene custodia permanente de tres granaderos en tres turnos, lo cierto es que el municipio de San Lorenzo ya estaba cursando invitaciones a un acto de traspaso. Según se lee en esa tarjeta, el sábado a las 19 se realizará la "entrega del sable corvo original en custodia al Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín". Hasta ahora, los custodios del arma histórica duermen en el mismo Museo para no separarse del sable. Tal es la importancia del objeto que San Martín le legó a Juan Manuel de Rosas y que, por voluntad de Manuelita Rosas de Terrero, fue donado al MHN en 1898, cuyo fundador fue Antonio Carranza en 1890. El sable corvo tiene una historia agitada. En agosto de 1963, un comando de la Juventud Peronista, que integraba Osvaldo Agosto (créase o no), lo robó en un intento de llevarle la reliquia a Juan Domingo Perón en el exilio. Fue recuperado un año después y nuevamente fue robado por otro comando peronista en agosto de 1965. Una vez recuperado, quedó bajo la custodia del Regimiento de Granaderos a Caballo durante largo tiempo, hasta que un decreto presidencial lo restituyó al MHN en 2015, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner. Un sable único Cuando San Martín se embarcó hacia el Río de la Plata desde España, pasó cuatro meses en Gran Bretaña, donde se relacionó con intelectuales y políticos, así como con la masonería. En Westminster adquirió el sable corvo que, según los historiadores, es un reflejo de su personalidad. Tiene una empuñadura de ébano, su largo total es de 95 centímetros y, según las investigaciones sobre su origen, habría sido forjado en el Lejano Oriente. Claro que no es su dimensión ni sus materiales los que lo hacen único, sino que su mayor valor es simbólico. Fue empuñado por el general San Martín en los combates por la Independencia. Eso lo convierte en un tesoro patrimonial e histórico. En la cláusula tercera de su testamento, redactado en enero de 1844, San Martín expresó su voluntad de que el sable que lo acompañó en toda la guerra de la independencia de la América del Sud le será entregado al General de la República Argentina D. Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tratan de humillarla. Exiliado en Southampton, Rosas recibió el sable corvo. A su muerte, lo heredó su yerno Máximo Terrero. En 1896, Manuelita Rosas de Terrero expuso su voluntad de que, a su muerte, el sable fuera donado al MHN, donde se encuentra actualmente. Las fuentes nos dicen que el sable corvo tiene condiciones de préstamo muy exhaustivas y que la pieza solo puede salir del Museo Histórico Nacional con un decreto presidencial. Así se prestó en 2016 el tintero de la Independencia al Museo de la Casa de Tucumán. Fue con custodia de personal del Museo y volvió al Museo. No será lo que suceda ahora. Un bien preciado para Granaderos Antes del pedido de Granaderos que viene sonando desde hace varios meses, fue el exministro de Defensa Luis Petri quien había dejado trascender que el bien histórico tendría que pasar a su órbita. Nunca quedó claro si Petri lo quería para Defensa o para Granaderos. El Regimiento fundado por San Martín custodió el sable desde 1967. Allí llegó el tesoro histórico por un decreto del general Juan Carlos Onganía, tras derrocar al gobierno legítimo del doctor Arturo Illia, en 1966. Para las fuentes, la medida de devolverlo a Granaderos, creado por el propio San Martín, restituye un criterio histórico que había sido modificado en 2015. El decreto de Milei recogerá este hecho, siempre según nuestras fuentes de Presidencia, aunque en la referencia histórica omiten decir que el verdadero criterio histórico, manifestado por Manuelita Rosas de Terrero, fue que el sable corvo estuviera en custodia en Museo Histórico Nacional, y que así se cumplió con un decreto de la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, en 2015. En todo caso la modificación fue resorte de Onganía. El cuartel de Granaderos es monumento histórico nacional. En Presidencia, justificando el nuevo destino del sable corvo, dicen que el Regimiento no es un ámbito ajeno al patrimonio cultural o sin valor histórico. El sable estará en un espacio que históricamente tuvo su custodia y que está directamente vinculado a su creador y a su función simbólica original. Tema abierto a debate en un país donde la seguridad jurídica, como concepto institucional, no parece tener arraigo permanente sino circunstancial, todo hace pensar que, si no hay vuelta de timón, el Regimiento de Granaderos se quedará con la custodia del sable corvo y el Museo Histórico se desprenderá de un tesoro de extraordinario valor republicano. Solo resta saber si, una vez concretado este nuevo traslado, la sociedad argentina tendrá oportunidad de visitar el Regimiento para ver el sable corvo del general San Martín o si éste permanecerá en custodia solo para la vista de pocos. Para que se comprenda, el sable corvo de San Martín saldrá del ámbito civil del Museo Histórico Nacional para pasar a un espacio militar como es el Regimiento de Granaderos a Caballo. Sobre la firma Mirá también Newsletter Clarín

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