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  • La confrontación geoeconómica y geopolítica, los mayores riesgos globales

    » Clarin

    Fecha: 28/01/2026 06:32

    En el Foro de Davos de este año, donde se reunieron las élites globalizadas a nivel mundial, se presentó el 21° Informe sobre Riesgos Globales. En realidad se trata de una encuesta en la cual se pregunta sobre los riesgos más probables de ocurrir globalmente tanto en los próximos dos años como en la siguiente década. Para ello se encuesta a más de 1.300 expertos de los ámbitos académico, empresarial, gubernamental, de organizaciones internacionales y de la sociedad civil. Las respuestas para este informe se recopilaron entre el 12 de agosto y el 22 de septiembre de 2025. En la década pasada, tanto los temas vinculados al medio ambiente, como los desastres y desequilibrios que podría generar y el escepticismo sobre la eficacia de las políticas para prevenirlos y controlarlos, ocupaban un lugar central. En cambio al comienzo de la presente, el tema de la salud pasó a ser dominante por los efectos que generó en 2020 y los dos años subsiguientes la pandemia. En la conferencia realizada en enero de 2022, un mes antes de la invasión de Rusia a Ucrania, el tema de los conflictos geopolíticos estaba incorporado, pero con baja prioridad en cuanto a riesgo, el que sería central en los cuatro años siguientes. Un balance del escenario esperado en estos veintiún años de informes muestra que, en general, la realidad no termina coincidiendo demasiado con las expectativas que había en ellos. La posibilidad de guerras y conflictos militares es mencionada con un término eufemístico: conflictos geopolíticos. Términos como guerra o militar no están en el lenguaje de los pronósticos del Foro. Ello quizás porque se busca alejar un riesgo creciente. Los pronósticos que se presentan en el Foro son ubicados en riesgos de corto plazo, entendiendo por este dos años, y también los de largo plazo, es decir, la expectativa respecto a 2036, es decir, en diez años. El primer riesgo mencionado es la confrontación geoeconómica. Es visualizado como el uso de de herramientas económicas (sanciones, aranceles, controles a la inversión, restricciones tecnológicas, subsidios estratégicos) como instrumentos de poder entre Estados. Afecta comercio, cadenas de suministro, estabilidad financiera y aumenta el riesgo de fragmentación del sistema económico global. El segundo riesgo es el de la desinformación y manipulación informativa, entendida como la difusión masiva de información falsa o engañosa, potenciada por inteligencia artificial y redes sociales, que erosiona la confianza pública, distorsiona procesos electorales y dificulta la gestión de crisis sanitarias, climáticas o de seguridad. Es lo que en términos militares, desde ya más de un lustro, se asume como guerra híbrida, en la cual tiene un rol central la llamada ciberguerra. El tercer riesgo de corto plazo es el de polarización social. Lo caracteriza como la profundización de divisiones políticas, culturales e identitarias dentro de las sociedades, debilitando la cohesión social, la gobernabilidad y la capacidad de construir consensos en políticas públicas. En realidad es un riesgo más político que social, del cual el ejemplo más claro es el retorno de Donald Trump al poder. No sólo en Estados Unidos, sino también en Europa y América Latina (es decir, en todo Occidente), la política se ha polarizado y la moderación parece haber pasado de moda. Cuando más extremista es una política electoral, más votos saca. El nacionalismo se ha revitalizado y tiene múltiples manifestaciones, en especial la política anti-inmigratoria impulsada por la administración Trump, que tiene diversas manifestaciones en el mundo. Lo que el estudio del Foro llama polarización social es en realidad una confrontación político-ideológica que se desarrolla con intensidad también sobre las relaciones internacionales. Los eventos climáticos extremos, que era el tema dominante la década pasada, ahora ocupa recién el cuarto lugar. Entiende por estos las olas de calor, inundaciones, sequías, tormentas e incendios de gran escala que generan impactos inmediatos sobre infraestructura, producción de alimentos, salud y sistemas energéticos. La última reunión de la conferencia anual que busca impulsar las políticas para preservar el medio ambiente y evitar sus desajustes y catástrofes (la COP25), reconoció la falta de resultados y el escepticismo reinante para cambiarlos, pese a que se confirmaron datos como el aumento de las temperaturas, el deshielo y el daño a la naturaleza. Pero hoy este tema pierde prioridad frente a la confrontación geoeconómica y geopolítica. Los conflictos armados entre Estados ocupan el quinto riesgo. Los define como las guerras o enfrentamientos militares con capacidad de escalar regional o globalmente, afectando mercados energéticos, comercio internacional, flujos migratorios y estabilidad política. Parecería un tema subestimado frente a lo que está teniendo lugar en este momento: es el máximo riesgo de guerras desde el final de la Segunda Guerra Mundial y el mayor incremento del gasto militar desde entonces. Cabe señalar que las respuestas se recopilaron entre el 12 de agosto y el 22 de septiembre de 2025, cuando no había tenido lugar la captura de Nicolás Maduro ni el conflicto con Groenlandia o la crisis en Irán habían adquirido todavía la dimensión que tienen ahora. Pero llamativamente, el riesgo que puede significar hoy la transformación que está generando Donald Trump -que presentó en la misma reunión de Davos su proyecto Consejo para la Paz- en las relaciones internacionales y su institucionalidad no es considerado un riesgo en las respuesta de la élite globalizada. 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