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» Clarin
Fecha: 27/01/2026 06:48
En diciembre, Silvia Maggio cumplió su sueño de ser abogada. Y nada menos que a los 72 años, una edad que, para muchos, ya es demasiado tarde. Sin embargo, ella nunca bajó los brazos y se dio el gusto de seguir para adelante. Cursó en la Universidad Nacional de La Matanza (UNLAM), inicialmente por la mañana. Para entrar a las 8 tenía que salir a las 6 porque después el colectivo ya no paraba. Pasaba repleto. Luego se pasó a la noche, pero salía a las 23 y regresaba muy tarde a su casa. Así que el último año se anotó a la tarde: si bien entraba a las 14, iba más temprano y hasta almorzaba allí. Luego, al terminar las clases, se quedaba practicando en las computadoras de la universidad. Por supuesto que no fue fácil, pero Silvia no se dejó vencer por las complicaciones. Se me dificultaba llegar porque uso bastón y el colectivo me dejaba a una cuadra y media. Por suerte la universidad tiene unos carritos que usa la gente de seguridad, y a veces me llevaban hasta el aula. Suscribite a Buena Vida Al vivir de la jubilación, tampoco le jugaban a favor sus ingresos, aunque siempre le buscaba la vuelta. Sacaba libros de la biblioteca y compraba apuntes usados. Su paso hacia la abogacía Silvia tiene 6 hijos de entre 32 y 50 años, 13 nietos y 4 bisnietos. Desde que decidió estudiar abogacía, uno de sus hijos y una de sus nietas quisieron empezar el secundario. Y otra de sus hijas y una nieta se anotaron en la universidad. Les quise demostrar que, si quieren, pueden. Así que siento que logré algo, que de alguna manera puse mi granito de arena, confiesa emocionada. Sin embargo, esa no fue la única razón por la que volvió a estudiar. También tuvo que ver una necesidad interna. Cuando me jubilé no encontraba sentido a estar viendo televisión todo el día o haciendo viajes de jubilados, comenta Silvia. Por eso estuvo cinco años haciendo cursos de todo tipo: de belleza (como uñas, peluquería, y maquillaje), de cocina (oriental, panadería, repostería) y de construcción (plomería, gas electricidad). Cuando terminó con todos, se planteó "¿ahora qué hago?". Y abogacía era una cuenta pendiente. Sus estudios y trabajos Como si fuera poco, su historia con los libros no comenzó a los 60 años de la mano de su jubilación, sino mucho antes. De hecho, este es su segundo título universitario. Silvia es psicóloga recibida en la Universidad de Buenos Aires. Hice el CBC en un año y me recibí en cinco. Empecé a vender en el colectivo para poder estudiar porque no me daba el tiempo con un trabajo de 8 horas, cuenta la hoy bisabuela, quien en ese momento ya era madre y estaba separada. Nada la detuvo. Previo a eso, ejercía como enfermera en un geriátrico. Había empezado a cursas medicina también en la UBA al terminar el secundario, pero tuvo que dejar porque tenía una beba y volvió a quedar embarazada. Años más tarde, al querer retomar, no le reconocían las materias y tenía que empezar de cero. Por eso se inclinó por la enfermería. Lejos de querer buscar una salida laboral que le generara un buen ingreso, Silvia se brindó a los demás, sin pedir nada a cambio. Siempre sentí esa necesidad de devolver un poco lo que he aprendido. Cuando era enfermera trabajaba en hospitales y en el Centro de salud de una villa miseria que había en mi barrio. Como psicóloga también. Trabajé en centros de barrios humildes donde no cobraba. Y ahora, como no me siento con salud suficiente como para litigar o estar en grandes procesos o juicios, me gustaría hacer algo que tenga que ver con devolver lo que recibí, sostiene. Y agrega: Por eso me gustaría estar en la docencia, sobre todo para los chicos que están en la cárcel. Darles una educación es una salida, una oportunidad. Y abogacía es una de las carreras que más eligen cuando están mucho tiempo. Una abuela diferente Silvia afirma que, si bien les enseña a tejer a su nieta y a sus bisnietas, no se considera una abuela clásica. Nunca me vi muy abuelita típica. Viajé mucho. Viví en Las Vegas, donde trabajé de niñera y de mucama en hoteles. También viví en España. Ahí trabajé como enfermera con cama adentro de una señora mayor. Y en República Dominicana ejercí como psicóloga. En cuanto a su presente, señala que no se siente vieja ni acabada. Mientras tenga salud voy a seguir tirando para adelante, manifiesta la abogada, a quien le han llegado a decir la abuela loca, porque juega con los chicos de igual a igual. ¿Qué le dirías a una persona mayor de 70 años que le gustaría estudiar y no se anima? ¡Adelante! Si no te animás ahora, ¿cuándo? ¿Por qué no? ¿Qué te lo impide? Hace unos años me tuvieron que operar de urgencia. Me sacaron un tumor del estómago. Y así y todo estudié, me repuse y no abandoné. Si uno se lo propone, pasa por alto los obstáculos. Y hoy en día la edad no lo es. ¿Qué beneficios tiene estudiar a esa edad? Te da muchas herramientas para poder oponerte a que te cosifiquen. Correte, salí del medio, sentate allá. Mucha gente grande siente que en la casa molesta, que está ocupando un lugar que no debe. Cuando empezás a estudiar no te das una idea de lo que conseguís con la gente joven. ¿Cómo fue en tu caso? A mí me rodeaban para preguntarme cosas. Yo les decía que Política económica no la tenía que estudiar porque la viví. Y les contaba cosas, los ayudaba a estudiar. Me contagiaban su juventud. Ese era mi lugar en el mundo. Es un entusiasmo diferente a cualquier otro. ¿Qué te gustaría estudiar próximamente? Me queda la tesis para tener el título de Doctora en leyes, que son tres cuatrimestres. Eso me gustaría hacerlo. Y quiero ir a alguna escuela para practicar computación e inglés. Yo soy fan del estudio y sobre todo de mí misma. Apuesto a mí, a que voy a poder. Esa confianza en uno mismo es lo que hay que tener. Tengas la edad que tengas. El tema es seguir en carrera. *** ¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Escribinos tu consulta a buenavida@clarin.com Sobre la firma Newsletter Clarín
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