26/01/2026 12:02
26/01/2026 12:02
26/01/2026 12:02
26/01/2026 12:01
26/01/2026 12:01
26/01/2026 12:01
26/01/2026 12:01
26/01/2026 12:01
26/01/2026 12:01
26/01/2026 12:01
Paraná » Confirmado.ar
Fecha: 26/01/2026 10:18
El peronismo es el único animal político capaz de mudarse de piel sin mudar de alma. Cuando el clima se pone áspero y el sello K deja de rendir, no discuten ideas: discuten máscaras. Y entonces aparece el camuflaje perfecto: MASSA Y PICHETTO, dos caras de la misma moneda, dos administradores del siempre lo mismo con lenguaje de ocasión. Uno se disfraza de pragmático moderno, el otro de estadista republicano. Pero el mecanismo es idéntico: rosca, Congreso, acuerdos por arriba, salvataje de aparato y cero autocrítica. La nota lo pinta con la brocha fina del federalismo y el nuevo objetivo arrancando por el Congreso. Suena lindo: peronismo sin K, agenda parlamentaria, mirada federal. Pero cuando mirás el elenco, entendés el truco: no es renovación, es reciclaje. Es el mismo peronismo que te gobernó, te ajustó, te prometió y te dejó pagando; ahora te lo quiere vender como si fuera otra cosa, porque cambió la marca en la vidriera. El camaleón no cambia para ser mejor: cambia para sobrevivir. Y en esa supervivencia el pueblo siempre queda afuera. Porque no se discute cómo producir, cómo ordenar el Estado, cómo reconstruir trabajo y salario. Se discute cómo volver. Cómo volver sin cargar con el peso del fracaso. Cómo volver sin Cristina, pero sin romper con nada. Cómo volver con moderación, con consenso, con gobernabilidad. Palabras prolijas para ocultar lo de siempre: que cuando llegan los costos, los paga la gente; y cuando llegan los beneficios, se los reparten los mismos. Por eso Massa y Pichetto son lo mismo: no por el tono, sino por la función. Son el puente entre el aparato y el poder real. El lubricante de un sistema que no se reforma, se acomoda. El centro que no construye futuro, administra la decadencia.Y el peronismo, en vez de preguntarse por qué perdió, prefiere preguntarse qué máscara le queda mejor. Pero las máscaras se notan. Porque el problema no era el nombre: era el método. Y si el método no cambia, lo único que cambia es el cuento con el que intentan volver a estafarte. Fuente La Caldera
Ver noticia original