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» Clarin
Fecha: 26/01/2026 06:16
Estando en Mar del Plata fuimos al casino a jugarnos diez mil pesos por noche. Fueron tres jornada de pérdida pero también de admiración por la belleza de ese complejo hotel casino que ejecutó a principios del siglo veinte el gran arquitecto argentino Alejandro Bustillo. Un complejo arquitectónico que evoca obras europeas de mucho caché (e incluso las sobrepasa) y que esconde la magnitud de su mole arquitectónica con ese color amable de piedra rosada que contribuye a quitarle peso. A uno le parece que la vida es ligera y afable, y eso hay que agradecérselo al arquitecto Bustillo, que si hubiera vivido en tiempos del renacimiento italiano no dudo que lo llamarían el divino Alejandro, evocando aquella manera de llamar a Miguel Ángel. La última de esas tres noches de ruleta, un poco cabizbajos, algo nos hizo detener ante las acristaladas puertas de uno de los salones del complejo. Un salón cuidado por un custodio cuyo uniforme evoca otras épocas, y que nos sonrió al vernos parados ahí. Atravesamos el umbral, vimos que las paredes -y hasta el techo- estaban adornadas con una serie de cuadros al óleo pintados con maestría en los que predominaban los colores ocres, grises y negros. El tema principal era la figura humana que aparecía en posiciones dinámicas, casi distorsionadas, y cuya constitución atlética nos hizo evocar los frescos de La Capilla Sixtina, pero también había algo muy autóctono, sudamericano en todo el conjunto de cuadros dedicados a Eolo, ese dios ventoso de la mitología greco romana, y en este caso sudamericana. Averiguamos y supimos que los cuadros fueron pintados por César Bustillo, hijo del arquitecto y gran pintor argentino, luego de un concurso para determinar quién decoraría las paredes del recién inaugurado salón. No sé si el padre arquitecto intervino a favor de la elección de su hijo pintor (entonces un jovenzuelo) pero los cuadros no desmerecen el lugar. Por desgracia, originalmente no fueron pintados así. Todos los personajes estaban desnudos y en uno de los murales se autorretrató el mismo pintor con sus atributos al aire libre. Fue un gran escándalo cuando ante las miradas atónitas de los personajes de la alta sociedad se develó dicha muestra artística. Supongo que abundaron los oh pudorosos y las caídas de ojos y brevísimos desvanecimientos de emperifolladas damas, así que las autoridades le ordenaron al joven pintor que le pusiera ropa interior a sus lienzos y él dedicó largas horas a pintar bombachas y calzones, y adiós desnudez. Estábamos en los años 30 del siglo veinte y aunque Rubens, Goya, Botticelli, Picasso y miles de pintores habían hecho de la desnudez artísticas un hecho habitual, en tierras argentas no era así al parecer, y el conjunto de cuadros fue sometido a proscripciones de los más diversos gobiernos, incluso a pesar de los calzones y bombachas. Por suerte si hoy llegás a La Feliz y te va mal en el juego, el mar y el arte estarán ahí para salvarte. Sobre la firma Newsletter Clarín
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