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  • Apuesta: la terapia experimental con resultados alentadores que se estudia como arma contra un cáncer de los más letales

    » La Nacion

    Fecha: 25/01/2026 14:02

    Apuesta: la terapia experimental con resultados alentadores que se estudia como arma contra un cáncer de los más letales NUEVA YORK. ¿Se podrá usar la forma en que el cuerpo lucha contra el cáncer para convertirlo en una nueva droga contra la enfermedad? Tal vez sí, según los estudios preliminares de una investigación. La idea es explotar lo que ya se sabe sobre el crecimiento de los cánceres. Mientras que algunos crecen, se diseminan y son mortales sin tratamiento, otros se van por sí solos o simplemente no avanzan. Se quedan en el cuerpo, sin causar daño ni síntomas, en contra de lo que cualquiera podría pensar. Pero el médico Edward Patz, que dedicó gran parte de su carrera profesional a la investigación del cáncer en la Universidad Duke, siempre sintió curiosidad por esos cánceres inofensivos, con la convicción de que podrían ofrecer pistas importantes para el desarrollo de fármacos contra la enfermedad. El producto, tras años de investigación, es un fármaco experimental solo probado hasta ahora en un pequeño número de pacientes con cáncer de pulmón, responsable de una de las tasas de mortalidad más altas entre los diferentes tipos de cáncer. Los resultados son alentadores, pero también es cierto que la mayoría de las drogas experimentales más prometedoras fracasan en estudios más amplios y rigurosos. Pero eso no impidió que Patz fundara recientemente la empresa Grid Therapeutics con la esperanza de que ese fármaco experimental se convierta en un nuevo tipo de tratamiento contra el cáncer. Y los investigadores ajenos a esa iniciativa afirman estar intrigados por el concepto de Patz. Es muy pronto para sacar conclusiones, apunta Roy Herbst, experto en cáncer de pulmón y jefe de oncología médica de la Universidad de Yale. Pero me interesa, agrega. Lo mismo dice David Barbie, jefe de oncología torácica del Instituto de Cáncer Dana-Farber, aunque advierte que hay un largo camino por recorrer desde el concepto hasta la demostración de que el fármaco hace que los tumores dejen de crecer o desaparezcan. En esta etapa tan inicial, sostiene Barbie, su eficacia sigue siendo una asociación libre. La búsqueda de Patz ya lleva décadas. En su rol de investigador del cáncer en Duke, se propuso entender por qué hay cánceres que en las exploraciones, las revisiones de los patólogos y los análisis genéticos se ven tan similares pero después reaccionan de manera tan diferente: algunos eran perezosos y otros sumamente agresivos. Así que decidió buscar pistas en muestras de pacientes con cáncer de pulmón. Veníamos recolectando muestras de pacientes recién diagnosticados desde hace 25 años, detalla Patz. Tenía tejido tumoral y muestras de sangre, y registros que mostraban qué pacientes habían sucumbido rápidamente a sus cánceres y cuáles no. ¿Los tumores de los pacientes cuyos cánceres no avanzaron tenían algún gen distintivo?, se preguntó Patz. ¿O sería que esos tumores desprendían alguna proteína sanguínea específica? Su equipo no encontró nada. Entonces, en el suero que tenían almacenado de los pacientes la parte amarilla y transparente de la sangre, sin glóbulos rojos, empezaron a buscar una señal de algo que pudiera haber atacado las células cancerosas. Y encontraron la clave en el anticuerpo GT103. Tras estudiar los sueros de varios cientos de pacientes, Patz propuso que la presencia de GT103 era señal de que si se encontraba en una etapa temprana de la enfermedad, el pronóstico de ese paciente con cáncer de pulmón podía ser mucho mejor. Parecía que el anticuerpo era capaz de impedir que las células cancerosas utilizaran un escudo molecular el CFH, o factor H del complemento contra el sistema inmunitario. El GT103 bloquea ese escudo: cuando ese anticuerpo está disponible, una rama del sistema inmunitario destruye las células cancerosas. El siguiente paso fue producir grandes cantidades de GT103 para su uso como posible tratamiento. Barton Haynes, del Instituto de Vacunas Humanas de Duke, les suministró el anticuerpo. Posteriormente, las investigaciones demostraron que el anticuerpo funcionaba en animales. En ese momento, Patz dejó la Universidad Duke para fundar su empresa. Comenzó la primera etapa de pruebas farmacológicas, centradas exclusivamente en la seguridad del fármaco, en pacientes con cáncer de pulmón. El estudio fue desarrollado por Hirva Mamdani, de la Universidad Estatal de Wayne en Detroit; George Simon, de OhioHealth; y sus colegas de Duke y del Centro Oncológico Moffitt de Florida. Participaron 31 pacientes cuyos tratamientos estándar contra el cáncer de pulmón habían fracasado. Los tumores no se redujeron, pero dejaron de crecer, al menos temporalmente, en un tercio de los pacientes, señala Mamdani. Simon se sintió esperanzado. Se lo administré a un paciente cuyo tumor había seguido creciendo tras múltiples rondas de tratamiento. Ya no nos quedaba mucho que ofrecerle, relata, pero agrega que con el fármaco experimental el cáncer dejó de crecer durante nueve o diez meses. El siguiente paso fue combinar el anticuerpo con pembrolizumab, un fármaco de inmunoterapia fabricado por Merck bajo el nombre comercial Keytruda. La esperanza de los investigadores era que ambos fármacos se complementaran. El anticuerpo aislado por Patz activa una rama del sistema inmunitario, y el fármaco de Merck activa otra. Nuestro anticuerpo destruye específicamente las células tumorales, pero tal vez no las destruía a todas, comenta Patz. Al combinarlo con el fármaco desarrollado por Merck, explica, estamos intentando entrenar al sistema inmunitario para que se ocupe de hacer el trabajo. ¿Funcionó? Es difícil saberlo. Si un porcentaje significativo de los pacientes se hubiera curado, sería obvio. Pero no fue así. Los tumores parecieron estabilizarse en la mayoría de los casos, pero algunos volvieron a crecer. El problema, advierte Patz, es que los tumores podrían estar llenos de células inmunitarias que causan inflamación, con pocas células cancerosas, tal como lo observó en el tumor que parecía estar creciendo en uno de los pacientes. Pero en realidad, la causa de ese tamaño era la inflamación. Lo que detectamos y medimos en las imágenes no son todas células cancerosas, apunta Patz. Sin embargo, uno de los pacientes de Mamdani tuvo un resultado sorprendente. Su tumor, indica la especialista, desapareció por completo, y desde hace dos años las tomografías no encuentran ninguna evidencia de enfermedad. Ya no recibe ningún tratamiento, añade. Ahora, dicen los investigadores, lo que hace falta es un estudio mucho más amplio y con un grupo de control que no haya recibido el anticuerpo. Tenemos que estudiar a cientos de pacientes más, concluye Simon. (Traducción de Jaime Arrambide)

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