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  • Cambio climático, la secuencia que condiciona el futuro de la humanidad: 350 ppm 2 °C -5 % anual | Análisis

    Parana » AnalisisDigital

    Fecha: 25/01/2026 11:13

    Carlos Merenson El debate sobre el cambio climático suele presentarse como un entramado técnico de datos, escenarios y metas abstractas, lo que contribuye tanto a la confusión como a la distancia social frente al problema. Sin embargo, esa complejidad no proviene de una dificultad conceptual insalvable, sino de la magnitud del conflicto que esos datos revelan. Tres cifras aparentemente simples permiten ordenar el problema y, al mismo tiempo, exponer su profundidad: 350 ppm de CO, la meta de no superar los 2 °C y la necesidad de reducir las emisiones en torno al 5 % anual. Estos números no simplifican el dilema: lo vuelven visible. Funcionan como hitos que indican de dónde venimos, dónde estamos y por qué los caminos disponibles resultan tan estrechos. A partir de ellos, el cambio climático deja de ser una cuestión técnica y se manifiesta como lo que realmente es: un dilema civilizatorio. 1) El Límite de Seguridad Perdido: 350 Partes por Millón (ppm) El umbral de 350 ppm de dióxido de carbono (CO) en la atmósfera representa el límite de seguridad física para un clima estable. Formulado por el climatólogo James Hansen, este valor señala el nivel máximo compatible con las condiciones que permitieron el florecimiento de las sociedades humanas. El punto clave de este número es que no era un objetivo por alcanzar, sino un techo que nunca debimos haber superado. Sin embargo, la historia de este límite es la crónica de un fracaso que se desarrolló en un silencio casi absoluto. -El Límite Ignorado: en 1988 la humanidad sobrepasa el umbral de las 350 ppm, alcanzando 352 ppm, sin una respuesta política significativa que estuviera a la altura del evento. - La Formulación Científica: en 2008, la concentración atmosférica promedio de dióxido de carbono (CO) se situó en aproximadamente 385 ppm, valor que representaba un aumento sostenido respecto de la época preindustrial (cuando rondaba ~280 ppm). Fue en 2008 que el climatólogo James Hansen confirma que el límite de concentración máxima para un clima estable debía ser de 350 ppm, evidenciando que llevábamos 20 años operando en una zona de peligro climático. - Situación Actual: lejos de corregir el rumbo, la concentración ha seguido su ascenso imparable hasta las 427 ppm en diciembre de 2025, demostrando la incapacidad del sistema político y económico para responder a las advertencias de la física. El gráfico muestra la evolución de la concentración atmosférica de dióxido de carbono desde la década de 1950 (inicio de la sociedad de consumo) hasta la actualidad. Después de más de un siglo, en que el aumento fue gradual pero persistente; en la segunda mitad del siglo XX, la pendiente se acelera de manera marcada. La superación del umbral de 350 ppm propuesto en 2008 como límite de seguridad (línea negra) no detuvo la trayectoria, que continuó hasta alcanzar valores cercanos a 427 ppm en la actualidad. La curva no refleja un desvío puntual ni un accidente histórico, sino la expresión acumulada de un sistema energético y productivo incapaz de reconocer y respetar límites físicos. El fracaso en defender la frontera física de las 350 ppm obligó a la política a negociar una nueva línea de defensa, esta vez no en el territorio de la seguridad, sino en el del riesgo calculado: los 2 °C. 2) La Nueva Frontera del Riesgo: La Meta de los 2 °C Con el límite de 350 ppm rebasado de forma irreversible a corto plazo, el foco del debate global se desplazó hacia un nuevo objetivo: no superar un aumento de 2 °C en la temperatura media global respecto a los niveles preindustriales, una meta establecida políticamente en el Acuerdo de París de 2015. Es crucial entender que este cambio no representa un avance, sino una adaptación a un fracaso previo. Hemos pasado de hablar de un límite seguro a discutir sobre un umbral de riesgo que se asume como tolerable. La siguiente tabla aclara este cambio de paradigma resumiendo la transición fundamental desde una perspectiva de estabilidad climática hacia una de gestión de daños: La urgencia es palpable al observar la Evolución aproximada de la temperatura media global, cuya línea ascendente no solo ha cruzado ya de manera sostenida el umbral de 1,5 °C, sino que se acelera peligrosamente hacia los 2 °C. Si tomamos en serio esta nueva meta de contención de daños, la pregunta es inevitable: ¿qué exige la física del clima para lograrlo? 3) La Exigencia de la Física: Reducir las Emisiones un 5 % Anual Para tener una oportunidad razonable de cumplir el objetivo de los 2 °C, la ciencia impone una condición no negociable: las emisiones globales de CO deben empezar a reducirse de inmediato a un ritmo sostenido del -5 % anual. Es fundamental subrayar que esta cifra no es una consigna ambientalista ni una estimación arbitraria, sino una consecuencia directa del presupuesto de carbono que nos queda y del carácter acumulativo del CO. Sin embargo, alcanzar este objetivo, que es un requisito físico, enfrenta obstáculos materiales monumentales: I) Históricamente Excepcional: según el analista Jean-Marc Jancovici, descensos de emisiones de esta magnitud solo se han registrado en contextos de colapso, como guerras mundiales o la parálisis provocada por la pandemia de COVID-19. II) Conflicto con la Economía: una reducción tan drástica y continuada choca frontalmente con el funcionamiento normal de las economías industriales, basadas en un crecimiento constante del consumo de energía. III) Un Obstáculo Aritmético: el objetivo es matemáticamente imposible sin reducciones inmediatas y sostenidas por parte de China y Estados Unidos, que juntos concentran casi la mitad de las emisiones globales. Mientras China posterga el descenso y Estados Unidos despliega un negacionismo climático explícito y expande la extracción de fósiles, la meta se vuelve inalcanzable por definición. El gráfico Emisiones globales de CO: historia, inercia y reducción requerida visualiza este desafío. Contrasta la Tendencia esperable (línea naranja ascendente), que representa la inercia del sistema, con la Trayectoria requerida (línea verde en fuerte descenso), que ilustra la drástica corrección que la física exige. Nos encontramos, por tanto, ante una bifurcación histórica. 4) La bifurcación inevitable: ¿Transición planificada o colapso impuesto? El análisis de estos números nos lleva a una conclusión ineludible: la reducción de emisiones ya no es una opción, sino un proceso inevitable impuesto por los límites físicos del planeta. La única elección que nos queda es cómo se producirá ese descenso. Elaboración propia. Trayectorias ilustrativas a partir de datos climáticos consolidados (Copernicus/IPCC). El gráfico Dos trayectorias climáticas posibles a partir del presente lo ilustra con claridad: - Trayectoria 1 (Continuidad de la tendencia actual): nos lleva a sobrepasar el umbral de 2 °C en pocas décadas. Este camino no evita el ajuste, simplemente lo deja en manos de la física a través de una desestabilización climática mayor. Es un ajuste forzado. - Trayectoria 2 (Reducción del 5 % anual): aunque no revierte el calentamiento, modifica su ritmo y mantiene abierta la posibilidad de evitar los escenarios más disruptivos a través de una reducción deliberada y asumida políticamente. La elección no es entre reducir emisiones o no; es entre una reducción planificada y una impuesta por el colapso. La cuestión decisiva ya no es si habrá descenso de emisiones, sino cómo y bajo qué forma social se producirá. Esta realidad traslada el problema del ámbito puramente físico al social y político. Conclusión El principal obstáculo para una acción climática decidida no es la ausencia de soluciones técnicas ni la falta de conocimiento científico, sino una relación de poder profundamente desigual. La inacción no surge de una incapacidad colectiva difusa, sino de un orden social en el que una minoría que se beneficia del estado actual de las cosas trabaja activamente para preservarlo, aun sabiendo que es ecológicamente inviable. Ese 1 % de élites económicas y políticas no solo concentra poder material, sino que produce y difunde un sentido común que naturaliza la continuidad del modelo fósil, minimiza los límites físicos y desplaza permanentemente las decisiones incómodas hacia el futuro. Frente a ese bloque de poder, existe otro 1 % científicos, investigadores y ecologistas críticos que comprende la magnitud del problema y advierte sobre la urgencia del giro necesario, pero que carece de capacidad estructural para imponerlo en un sistema organizado en torno a intereses opuestos. Entre ambos queda atrapado el 98 % de la población, integrado a un modo de vida presentado como normal, deseable y permanente, aun cuando sus bases materiales ya están en proceso de descomposición. No se trata de ignorancia voluntaria ni de apatía social, sino del efecto de una construcción política y cultural que oculta los límites, promete soluciones futuras y desalienta cualquier cuestionamiento de fondo. La tarea central del ecologismo, entonces, no es moralizar ni administrar culpas individuales, sino romper esa ilusión de normalidad. Hacer visible que no puede haber bienestar, empleo ni estabilidad social duraderos en un sistema que choca frontalmente con los límites físicos del planeta. Despertar a ese 98 % no es una consigna retórica ni un gesto pedagógico abstracto. Es la condición indispensable para que la reducción inevitable de emisiones se transforme en una transición ecosocial deliberada y democrática, y no en un ajuste caótico impuesto por el colapso o en una gestión autoritaria de la escasez al servicio de las élites. Si esa conciencia social no emerge, la reducción llegará de todos modos, pero lo hará por las peores vías. (*) Este artículo de Opinión de Carlos Merenson fue publicado originalmente en el portal de La (Re) Verde.

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