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Fecha: 25/01/2026 09:11
Como todo discurso en ese ámbito, el discurso de Trump constó de dos partes, una dirigida al público estadounidense y otra a los mandatarios presentes. Para consumo interno, se enfocó en los beneficios que su exitosa política económica ha tenido para los ciudadanos estadounidenses, con una relación de cifras de crecimiento e inflación difíciles de encontrar en las estadísticas oficiales y con acusaciones al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, a quien achaca que las cifras no sean aún mejores. Cuando los líderes hablan de estas cosas no le están hablando a la audiencia, sino a sus propios ciudadanos: están en campaña. Para el resto del mundo, fue muy crítico de la agenda ambientalista y del wokismo, a los que acusa de gran parte del estancamiento relativo de Europa, a la que dijo que ya no se la reconoce. Y también habló de Groenlandia, sin ambivalencias. Dijo, entre otras cosas, que Groenlandia es parte de América del Norte, y que fue un error devolvérselo a Dinamarca luego de haberla defendido durante la Segunda Guerra Mundial. NO parece muy dispuesto a retroceder en su presión para alzarse con ese pedazo de hielo", como lo llamó. Ni tierras raras, ni petróleo, dijo: lo reclama como enclave en el que, según Trump, se va a pelear la próxima guerra, con el argumento de que sólo los EE.UU. lo van a poder defender y así defender a Occidente. Los medios de comunicación y gran parte de los líderes occidentales se espantan cuando habla Trump. Pero Xi Jinping y Vladimir Putin, entre otros, se deben sentir bastante reflejados. Es un mundo diferente el que se nos viene. El discurso de Trump hizo muchas referencias a millones, billones y trillones de dólares. Así es como ve el asunto: como un negocio. Quiere, o necesita, el activo (Groenlandia) y está dispuesto a negociar su compra, e incluso a ejercer una extorsión con el poderío militar estadounidense y su capacidad de imponer aranceles, para llegar a una transacción. Trump y los europeos hablan dos lenguajes diferentes: el de los negocios y la fuerza vs. el de la diplomacia, una profesión que parece en decadencia y que solo con la perspectiva que da el paso del tiempo sabremos si está viviendo sus postrimerías o apenas una depreciación transitoria. Las relaciones internacionales se tornan relaciones de dominación. En el mundo hacia el que parece que vamos, los líderes europeos lucen débiles e incapaces de torcer la decadencia del continente. Irán y Venezuela son muestras de que hablar es, hoy al menos, una señal de debilidad frente a los que actúan. Es duro admitirlo, pero si esta guerra es militar o económica, el ganador será EE.UU. Para Argentina y otros países de América Latina, el impacto final de las tensiones entre las grandes potencias es difícil de predecir, pero en la forma en que se plantean las cosas, no queda mucho más que no pelearse con la potencia de nuestro continente. En lo económico, dos fuerzas contrarias se encuentran: el riesgo de mayor inflación y mayores tasas de interés en los EE.UU., que afectará de manera negativa a nuestros países, y el mayor precio de las materias primas en consonancia con la inflación en EE.UU., que nos afectará de manera positiva. Será cuestión de aprovechar con inteligencia los huecos que se abran para refinanciar la deuda externa y no trabar el crecimiento de las exportaciones con retenciones, si los precios de los bienes exportables suben.
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