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  • San Charbel, el santo libanés con seguidores en Paraná

    Concordia » Entre Rios Ahora

    Fecha: 25/01/2026 00:21

    Cada mes, en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en barrio La Floresta, de Paraná, se realiza la misa «de sanación por los enfermos y aflijidos». La última fue este martes 20, y como en cada ocasión, el templo ubicado en calle República de Siria al 400 se llenó por completo de fieles. El párroco Miguel García introdujo la devoción a un santo extraño para estas tierras, proveniente de la Iglesia Católica de Oriente, de origen libanés, que falleció con fama de sanador. Se trata de San Charbel Makhlouf, cuya festividad se celebra cada 24 de julio en todo el mundo católico. El cura García ha conseguido unas reliquias del santo que se veneran en la parroquia de barrio La Floresta. Las misas para «enfermos y aflijidos» se replican en distintos templos de la ciudad y tienen buena acogida entre los fieles. Miguel Velazco, de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, admite que va mucha gente. «Mi parroquia se llena todos los meses. Se percibe un estado de mucha angustia en la gente, y estas misas ayudan a canalizar esas angustias», dice. En Guadalupe adquiere una peculiar devoción el santo libanés San Charbel. El cura dice que la devoción tiene mucho que ver también con su historia personal. «Cuando nací, en el año 1978, no me daban muchas horas de vida. Cuando fui creciendo, mi abuela me contaba que ella veía, en la incubadora en la que yo estaba, la imagen de San Charbel. Esa historia me la contaba mi abuela cuando yo era chico. Cuando ingreso al Seminario, en el año 1999, mi abuelo paterno me regala un libro sobre la vida del santo. Pero nunca lo leí a ese libro. Pero lo tenía siempre conmigo. Hasta ahí, era lo único que tenía del santo», cuenta García. Las sucesivas mudanzas hicieron que extraviara aquel libro que le regalara su abuelo. Pero sorpresivamente lo encontró hace una semana. Hasta ahi, la relación personal del cura con el santo. Cómo llegó la devoción a Guadalupe. En el año 2024, Fabricio Cepelotti viajaba por cuestiones de salud a Buenos Aires y allá conoce la Catedral de San Marón: ahí se veneran las reliquias de San Charbel. Y los sacerdotes celebran la misa según el rito maronita. «Después, viene con esta inquietud a Paraná. Ofrecer traer la devoción, pero en un primer momento no encontró eco en algunas parroquias. En una oportunidad, me invita a que yo vaya a bendecir su casa, y esa ahí cuando encuentro en su casa un cuadro de San Charbel, y ahí se me despertó a mí la imagen del libro que me había regalado mi abuelo. Empezamos a hablar del santo y cómo lo había ayudado a sobreponerse al problema de salud. Empecé a tener contacto con los sacerdotes de la Catedral de San Maron. Se creó un vínculo. En el año 2024, en marzo, comenzamos con la devoción a San Charbel acá en la parroquia. Todos los meses rezamos la Novena y en la misa hacemos la bendición con el aceite del santo. Ese aceite lo exuda el cuerpo del santo. Es un líquido rojizo que los sacerdotes maronitas del Líbano colocan en recipientes y la envían a iglesias donde se rinde el culto a San Charbel», relata. Ese aceite del santo llega a Paraná a través de los sacerdotes de la catedral de Buenos Aires. «Cuando viajan al Líbano, traen ese aceite bendito. Y por un vínculo con ellos, el año pasado viajabamos a la Catedral de San Maron, se fortaleció el vínculo. Ellos nos hacen llegar el aceite. Y una reliquia de tercer grado del santo. Es una prenda que utilziaba San Charbel. Un pedacito de tela. Tanto el aceite como la gasa son sacramentales. En las misas por enfermos y aflijidos, la gente toque y pidan por la salud. En la Arquidiócesis, Guadalupe es la única parroquia que tiene la devoción a San Charbel. No sé si hay otra parroquia que tiene la devoción». detalla. Este santo libanés perteneció a la Iglesia Católica maronita y fue el primer oriental en ser canonizado (1977) desde el siglo XIII. San Charbel nació como Youssef Antoun Makhlouf el 8 de mayo de 1828 en Beqakafra, Líbano. Su infancia estuvo marcada por el temprano fallecimiento de su padre, lo que lo dejó al cuidado de su madre. Esta, tiempo después, contrajo matrimonio con un sacerdote maronita (que tienen permitido el matrimonio) que se convirtió en una influencia que acompañaría a Youssef en la espiritualidad. A los 23 años, Youssef ingresó al monasterio de Nuestra Señora de Mayfouq como candidato, y fue allí donde adoptó el nombre de Charbel, en honor a un mártir sirio. En 1853 realizó sus votos solemnes y en 1859 fue ordenado sacerdote bajo el patriarcado de Paulo I Pedro Masad. Luego de su ordenación, fue destinado al monasterio de San Marón en Annaya, en la montaña, a más de mil metros de altitud. Allí vivió durante quince años, destacándose por su vida centrada en la oración, el apostolado y el estudio espiritual. Fue en ese lugar donde San Charbel sintió el llamado a una vida aún más austera: la vida de ermitaño. Tras recibir el permiso eclesiástico correspondiente el 13 de febrero de 1875, se retiró a un lugar cercano y vivió en aislamiento voluntario hasta su muerte en 1898. Su rutina diaria estaba regida por la Liturgia de las Horas en sus siete momentos, el silencio riguroso, la penitencia, el trabajo manual y la Eucaristía. Comía una vez al día y solo rompía su soledad para recibir a quienes buscaban guía espiritual, consuelo o curación. Con el tiempo, Charbel fue ganando fama porque se le atribuían curaciones milagrosas y dones especiales. Personas de todas partes llegaban a su refugio montañoso en busca de alivio o respuestas. Su entrega radical a la vida contemplativa y su apertura a quienes sufrían lo convirtieron en un referente de santidad para su tiempo y los que vendrían. San Charbel murió el 24 de diciembre de 1898. Fue beatificado en 1965 y canonizado en 1977 por el Papa San Pablo VI. De la Redacción de Entre Ríos Ahora

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