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  • ¿Davos ya no será lo mismo? Este año, la irrupción de Trump convirtió el entusiasmo en fastidio

    » La Nacion

    Fecha: 24/01/2026 20:47

    ¿Davos ya no será lo mismo? Este año, la irrupción de Trump convirtió el entusiasmo en fastidio DAVOS, Suiza. Si no estamos sentados a la mesa, estaremos en el menú. Con esa advertencia, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, convocó a la resistencia contra la política de saqueo de Donald Trump y su voraz apetito por la riqueza y la tierra de otros países en el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) que acaba de cerrar sus puertas en Davos. El discurso del canadiense, ovacionado de pie por los asistentes, fue fiel reflejo de las turbulencias que agitaron este año al foro, cuya supervivencia es cuestionada por muchos. Hay que llamar a las cosas por su nombre: hay un sistema de rivalidad creciente entre grandes potencias, donde los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como coerción, agregó Carney, instando a las potencias medias a unirse o ser aplastadas. Con la asistencia de miles de líderes empresariales, políticos y académicos, la reunión anual en la célebre ciudad suiza de los Alpes suele centrarse en el estado de la economía global y sus desafíos más difíciles, desde la crisis climática hasta la desigualdad. Este año, sin embargo, la dramática amenaza de Trump de imponer aranceles a ocho países europeos incluidos Reino Unido, Francia y Alemania si no apoyaban su intento de apoderarse de Groenlandia, puso a la geopolítica del más fuerte en el centro del escenario. Y, mientras el año pasado el Foro de Davos estuvo marcado por el entusiasmo de un mundo desregulado gracias al retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, este año prevalecieron el hastío y la ansiedad. En la edición anterior, las élites económicas mundiales parecían admirar a un presidente estadounidense flamante, que prometía desregular sin límites. Los estadounidenses se enorgullecían. Alemanes, italianos o franceses bajaban la cabeza, casi celosos de un liderazgo considerado necesario para reformar la zona euro. Y el resto del mundo se frotaba las manos, esperando aprovechar una era de prosperidad. Bernard Arnault, de regreso de Estados Unidos, donde había asistido en buena posición a la investidura de Trump, había saludado el viento de optimismo que reinaba en Estados Unidos, durante la presentación de resultados de LVMH, en París, el 28 de enero de 2025, lamentando: Cuando se vuelve aquí, es un poco un balde de agua fría. Habrá que ver si los impuestos del 200% sobre vinos y champanes, mencionados el lunes por Trump para castigar al presidente francés, Emmanuel Macron, que se negó a participar en su Consejo de la Paz, hicieron cambiar de opinión al empresario. Porque, este año en Davos, los líderes europeos no ocultaron su fastidio. Y, como revés inesperado, fueron los estadounidenses quienes se preocuparon por las crecientes tensiones entre el Viejo Continente y la administración Trump. Señal fuerte del deterioro de las relaciones, el martes, durante la tradicional cena que reúne a la élite del WEF, Christine Lagarde, la presidenta del Banco Central Europeo, seguida por otros invitados, abandonó la sala tras declaraciones despectivas contra Europa del secretario de Estado estadounidense de Comercio, Howard Lutnick. En ese marco, la intervención de Carney reavivó, en todo caso, las esperanzas de los progresistas europeos de que por fin se estaba gestando una contraofensiva contra Trump. Carney, exgobernador del Banco de Inglaterra, no fue la única voz de resistencia en Davos. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dijo a los presentes que la nostalgia no traerá de vuelta el viejo orden. Y jugar a ganar tiempo, esperando que las cosas vuelvan pronto, no solucionará las dependencias estructurales que tenemos. Von der Leyen pidió a los gobiernos de la Unión Europea que aprovechen esta oportunidad y construyan una nueva Europa independiente, forjando nuevas relaciones comerciales e integrando aún más sus mercados financieros y energéticos. El presidente francés -luciendo unos anteojos de aviador, que se convirtieron en el comentario people del Foro, debido a una afección ocular- fue uno de los más combativos, asegurando a los presentes que no es momento para un nuevo imperialismo ni un nuevo colonialismo: Preferimos el respeto a los matones, afirmó. Igual de inspirado estuvo el presidente francés cuando, al criticar la presentación que hizo el yerno de Trump, Jared Kushner, sobre la Gaza del futuro ante el magro puñado de adherentes al Consejo de la Paz, advirtió: La paz no es una transacción inmobiliaria. No se puede construir estabilidad sobre la eliminación de la historia de un pueblo y la privatización de su tragedia. Sin embargo, al mediodía del miércoles, cuando el Marine One aterrizó en un helipuerto en las afueras de Davos y crecía la expectativa antes del discurso de Trump, la preocupación principal entre los asistentes era cómo abrirse paso en el salón de congresos con capacidad para 5000 personas. A medida que aumentaba la tensión, el CEO de BlackRock y copresidente interino del Foro, Larry Fink, dio la bienvenida a Trump en el escenario, antes de que éste se lanzara en un discurso delirante, interminable, cargado de invectivas, racismo, mentiras y amenazas. Un suspiro de alivio se escuchó, por fin, cuando el mandatario estadounidense reveló que no usaría la fuerza militar para tomar Groenlandia. Sin embargo, la consternación llegó a su paroxismo cuando el presidente de la primera democracia del planeta afirmó que a veces es necesario un dictador y, sobre todo, cuando derivó hacia el racismo explícito, describiendo a los somalíes como gente de bajo coeficiente intelectual. A pesar de todo, sería falso afirmar que, desde el momento en que Trump aceptó asistir a la reunión anual del Foro, la atención de los miles de presentes no se centró en el 47º presidente de Estados Unidos. Las empresas estadounidenses obtuvieron los espacios más codiciados a lo largo de la Promenade, la calle de 2 kilómetros que atraviesa la ciudad hasta el centro de congresos. Google, Uber, Pinterest, LinkedIn, Bank of America, Amazon, IBM, Cisco y Qualcomm fueron algunas de las compañías que pagaron grandes sumas para convertir tiendas de Davos en salas de exposición temporales. Demostrando que Dios y el dinero sí se mezclan, una pequeña iglesia frente al centro de congresos fue convertida en USA House, proporcionando una base para que políticos estadounidenses ofrecieran conferencias de prensa. McKinsey, Microsoft y la empresa de criptomonedas Ripple habrían pagado hasta 1 millón de dólares cada una para patrocinar ese lugar. Miles de policías armados patrullaban las calles. Se instaló armamento pesado en el helipuerto y a algunos ministros viajeros se les dijo que llevaran su propia seguridad en lugar de depender de la policía suiza, que estaría ocupada protegiendo al presidente norteamericano. Las caras conocidas de siempre se unieron a la caravana de Trump para rechazar el viejo orden mundial. El primero de ellos fue el iconoclasta presidente argentino, Javier Milei, quien dio un discurso calificado de divagante por el Financial Times, describiendo a Estados Unidos como un faro de luz para Occidente. En todo caso, el miedo a represalias, aranceles o a que sus mensajes privados fueran expuestos mantuvo a la mayoría de los políticos de alto nivel exceptuados Macron, Von der Leyen y Carney bajo control. La crítica también estuvo ausente en la mayoría de los CEO, salvo a puertas cerradas. Eso fue Davos este año. Son numerosos los que afirman que, en este nuevo mundo, el Foro Económico Mundial ya no tiene razón de existir. Para otros, es todo lo contrario. Davos existe dentro del contexto más amplio del sistema internacional; no lo define. Eso hace que la adaptación sea un imperativo existencial para el foro. Por esa razón, Davos podría desempeñar un papel útil explorando cómo debería evolucionar el sistema comercial basado en reglas en un mundo en el que las dos economías más grandes, Estados Unidos y China, juegan según sus propias reglas, analiza Michael B.G. Froman en The New York Times. Para el representante comercial de Estados Unidos y asesor adjunto de seguridad nacional para asuntos económicos internacionales durante la presidencia de Barack Obama, Davos podría servir como foro para abordar la adopción de la inteligencia artificial, reformar la asistencia al desarrollo y reconciliar actitudes hacia la migración global. En otras palabras, Davos sobrevivirá y prosperará si demuestra ser lo suficientemente ágil para moldear y liderar los debates más críticos del planeta.

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