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  • El lugar del mundo que limitó por ley cuántos perros pueden vivir en una casa: por qué lo hizo

    » La Nacion

    Fecha: 23/01/2026 01:07

    Una nueva ordenanza limita cuántos perros adultos puede tener cada hogar y obliga a que todos estén licenciados, vacunados contra la rabia y con correa en espacios públicos. La medida, que busca reducir conflictos entre vecinos y mejorar el control animal, encendió el debate entre familias que ven a sus perros como parte de la familia y temen que estos topes cambien para siempre la forma en que conviven con sus mascotas. Esta nueva ley pone un tope claro a cuántos perros adultos se pueden tener por vivienda: hasta cuatro en casas unifamiliares y solo dos en departamentos o edificios multifamiliares, además de limitar a una sola hembra para cría por hogar. Esta regulación, que puede sonar exagerada para muchas familias latinas en Estados Unidos, abre un debate que atraviesa tanto el amor por los animales como el peso de las normas locales en la vida diaria. En un país donde millones de hispanos han convertido a sus perros en parte central de la dinámica familiar, cualquier intento de regular cuántos pueden vivir bajo el mismo techo se siente casi como meterse con la intimidad del hogar. Las autoridades insisten en que la medida busca prevenir el hacinamiento, los conflictos con vecinos y situaciones de negligencia, en un contexto de convivencia urbana cada vez más tensa, donde los gobiernos locales tratan de poner orden sin romper del todo ese lazo emocional entre la comunidad y sus mascotas. Esta discusión conecta con una realidad muy cotidiana para la comunidad hispana en Estados Unidos: el perro no es solo la mascota, es parte de la familia. Por eso, cuando una ciudad establece por ley cuántos perros pueden vivir en un hogar, el impacto se siente tanto en los trámites municipales como en la manera en que las familias organizan su día a día, sus gastos y hasta sus planes de seguir rescatando animales de la calle o de los shelters locales. ¿Cómo es la nueva ley en Oregón? La ordenanza rige en la ciudad de The Dalles y actualiza el código municipal sobre control de perros, con entrada en vigor el 7 de enero de 2026. En la práctica, introduce una diferencia clara entre tipos de vivienda: en casas unifamiliares se permiten hasta cuatro perros adultos, mientras que en duplex, edificios y otras viviendas multifamiliares el máximo baja a dos perros adultos por unidad, con solo una perra destinada a la cría en cada domicilio. ¿Qué pasa con quienes ya superan el límite? Uno de los puntos más delicados tiene que ver con los dueños que, antes de la entrada en vigor de la norma, ya convivían con más perros de los que ahora se permiten. La ciudad habilitó un régimen especial para estos casos, similar a lo que en Estados Unidos se conoce como grandfathering, que permite conservar a los animales actuales sin sanciones inmediatas, siempre que se cumplan plazos y condiciones específicos. Los propietarios deben informar formalmente su situación al servicio de control animal dentro de los 60 días posteriores al inicio de la ordenanza, con fecha límite fijada en el 8 de marzo de 2026, y luego obtener una licencia para cada perro a más tardar el 1 de julio de 2026. Hay un detalle clave: los perros registrados bajo este régimen no pueden ser reemplazados; a medida que fallezcan, sean dados en adopción u otra circunstancia los aleje del hogar, el número total deberá ir descendiendo hasta ajustarse al máximo fijado por la ley. Para las familias que han ido rescatando perros del barrio o de refugios, esta cláusula funciona como un freno, incluso si por ahora pueden conservar a toda su manada. Licencias, vacunas y obligaciones La normativa también refuerza el sistema de licencias obligatorias para perros dentro de la ciudad. Para obtenerla, los dueños deben presentar un comprobante de vacunación antirrábica vigente y pagar una tarifa que será definida en el esquema de tasas municipales, algo que se alinea con lo que ya ocurre en otros condados de Oregón. Una vez completado el proceso, cada perro recibe una placa identificatoria que debe llevar en el collar siempre que no esté bajo la supervisión directa de su dueño, sirviendo como prueba de registro y de vacunación. Para muchos hogares hispanos, este requisito se suma a la lista de gastos fijos del año. Sin embargo, también facilita demostrar que el animal está vacunado, registrado y bajo control. Quien tenga varios perros deberá organizarse bien con fechas, citas veterinarias y pagos, algo que puede resultar complicado para quienes sostienen más de un trabajo o dependen de horarios rotativos. Reglas más estrictas en la vía pública La ordenanza no solo se queda en lo que pasa dentro de la casa, sino que endurece las reglas para los perros en la calle y otros espacios públicos. A partir de ahora, los animales deberán estar con correa siempre que se encuentren fuera de la propiedad de su dueño, salvo en zonas específicas habilitadas para perros sueltos. Pueden ser considerados deambulando si están sin control, lo que abre la puerta a que sean retenidos por las autoridades. Además, la ley contempla la incautación de perros sin licencia o de aquellos que queden sin custodia. Este punto ha generado críticas entre defensores de los derechos animales, que temen que algunos perros terminen en refugios saturados o incluso sean eutanasiados si no encuentran adoptantes a tiempo. Tendencia en otras ciudades y debate cultural La actualización del código en The Dalles se inserta en una tendencia más amplia dentro de Estados Unidos: cada vez más ciudades regulan con mayor firmeza la tenencia responsable de mascotas, estableciendo límites de cantidad, exigencias de licencia y reglas estrictas sobre el uso de correa y la circulación en espacios públicos. Entre vecinos y organizaciones, las opiniones están divididas; hay quienes celebran que, por fin, se combata el hacinamiento, el maltrato y los perros que andan sueltos poniendo en riesgo a peatones y otros animales, y quienes consideran que se está metiendo en la vida privada de hogares que cuidan bien a varios perros pero no encajan en el nuevo modelo. En comunidades hispanas de todo el país el debate va más allá de lo jurídico. La pregunta de fondo es hasta qué punto las ciudades pueden imponer números rígidos sin desconocer el peso emocional y cultural que estos animales tienen en la vida cotidiana de las familias latinas en Estados Unidos, que muchas veces ven en sus perros un apoyo silencioso frente a la distancia, el estrés y los desafíos de la migración.

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